Tony Blair, la retirada de una izquierda moderna

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de junio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Tony Blair deja el liderazgo del Partido Laborista y el cargo de posición de primer ministro del Reino Unido. Será sucedido por su compañero de partido Gordon Brown, y abandonará la política británica. Sin embargo, su gestión será recordada -no sólo en su propio país- y su intento de refundar una izquierda moderna, moderada y diferente merecerá, con el tiempo, un juicio ampliamente positivo.

Cierto es que, en los años de su presencia al frente del gobierno británico, Blair ha tenido que hacer frente a situaciones muy difíciles. Pero no es menos cierto que su proyecto de fondo -unir al país, modernizarlo y hacer de él un lugar mejor para vivir, y conseguir un “nuevo laborismo”- ha tenido grandes éxitos que deben mucho a su talante personal.

Blair ha roto esquemas. Aunque hombre de izquierdas y miembro de la Internacional Socialista, ha sido un firme defensor del vínculo atlántico, un cristiano practicante y militante y un político implicado en causas altruistas. Sus posturas personales, por ejemplo en política educativa y en bioética, han ido contra el progresismo habitual en la izquierda europea durante los últimos cuarenta años, de manera que puede decirse que ha creado una nueva izquierda, capaz de conjugar las libertades y la solidaridad. Una izquierda que por cierto con él sí vence en las urnas, en la opinión pública y en las cifras de bienestar y de crecimiento, mientras que en el continente europeo la izquierda convencional -la de Ségolène Royal, Gerhard Schröder y José Luis Rodríguez Zapatero- está en pleno retroceso.

Blair heredó de Margaret Thatcher y de John Major un Reino Unido que, aunque recuperado como potencia económica media y como socio díscolo de la Unión Europea, aún no había superado la predicción del secretario de Estado norteamericano Dean Acheson, en el sentido de que “Gran Bretaña había sabido perder un Imperio pero no había encontrado un papel en el mundo”. Blair ha dedicado su gestión, además de a superar las grandes crisis de nuestro tiempo, a buscar ese papel.

En cuanto a los acontecimientos más relevantes, Blair será recordado tal vez por el proceso de paz en el Ulster y por la alianza con George Bush contra el terrorismo mundial tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. En los buenos y en los malos momentos, el reino unido ha sido leal con Estados Unidos, y su posición en el mundo es hoy más fuerte y prestigiosa que hace una o dos décadas. Blair no ha roto la continuidad de la política exterior británica, pero le ha añadido su actitud comprensiva y dialogante.

Blair se va, pero deja detrás una herencia. Aparte de la que afecta a su propio país, en España importa la que afecta a su manera de ver la izquierda. Una izquierda sin nostalgias, sin adherencias totalitarias, sin laicismo exacerbado, sin revanchismo y sin odio de clases, patriótica a su estilo, respetuosa con la nación, con su historia, con sus creencias, con la Corona y con las Fuerzas Armadas. No deja de ser curioso que, siendo Blair socialista, su relación humana y política haya sido mucho mejor con José María Aznar que con Zapatero. Es algo más que una casualidad: es un signo de las capacidades y estilo de este hombre que, aún joven, volverá a aparecer por otras razones en las páginas de los periódicos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de junio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.