¿Benedicto XVI contra César Vidal?

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de julio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

La Congregación para la Doctrina de la Fe nos ha regalado, para entretenernos el verano, unas “Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia”. ¿Largo, verdad? El resumen es muy sencillo (http://www.cope.es/ver_noticia.php?id_noticia=226212): ya era hora de corregir algunos “errores y ambigüedades” sobre lo que el Concilio Vaticano II dijo o dejó de decir. Pese a la diferente expresión y al uso redoblado del ecumenismo, el Vaticano II no cambió ni pudo cambiar la doctrina sobre la Iglesia que los católicos ha profesado siempre; para un católico la Iglesia de Cristo sólo “subsiste en” la Iglesia “una, santa, católica y apostólica” y en las Iglesias particulares de hecho que siendo parte de ella y comparten la fe de Roma aunque tengan matices disciplinares (en suma: algunos cismáticos). Los protestantes no son parte de la Iglesia, son herejes, no comparten ni la fe, ni los sacramentos ni la sucesión apostólica. O sea, tras cuatro décadas dejando hablar a demasiados progres eclesiales, lo de siempre.

Si echamos la vista atrás, y sean cuales sean hoy las convicciones de cada uno, los españoles somos como somos porque España ha creído comunitariamente esto, y ha hecho de esto su razón de ser. Sin esa fe (esa, y no otra) sería imposible entender la monarquía visigoda, la Reconquista, la unidad política y el Imperio español; y por esa fe España ha sacrificado durante siglos toda su riqueza y la sangre de sus hombres. No es broma, y es bueno que alguien nos recuerde ahora que no era broma, sino que era la fe de la Iglesia.

Hombre, me van a permitir ustedes una salvedad. Bien está recordarlo, pero no para disparar hacia el propio campo. Bien, todos sabemos que César Vidal es evangélico o una cosa de esas (“sola fe, sola gracia, sola Escritura”, qué gris y aburrido (http://www.protestantedigital.com/new/leernoticiaEsp.php?6467), ¿no es cierto?), y desde luego que en siglos pasados hemos mandado muchos Tercios para convertir a esa gente en el norte de Europa o alternativamente mandarlos al Infierno junto a Isabel Tudor, Calvino y Lutero. Pero es de una cara dura importante (http://www.elsemanaldigital.com/arts/70236.asp?tt=) remover la cuestión de las creencias del periodista de la COPE por una cuestión de competencia entre medios. No, el primer enemigo de España y de la Iglesia (que se divorciaron por cierto porque la Iglesia quiso, o más bien porque los curas no sabían qué querían) no es César Vidal (http://www.vegamediapress.com/noticias/index.php?option=com_content&task=view&id=5454) .

Estoy convencido de que Benedicto XVI no pensaba en Vidal cuando recordó estas cosas que para los católicos nunca han dejado de ser ciertas. Es más, estoy completamente seguro de que pensaba en los católicos, en quienes comparten la fe aún desde fuera de la perfecta comunión con Roma, en los herejes, en los paganos y hasta en los pérfidos librepensadores: uno sólo se puede convertir a una Iglesia que tenga muy claro que posee la verdad, y cuál es esa verdad; del mismo modo que la única manera de que los hermanos separados en 1054 se unan a Roma es comprobar que Roma sigue creyendo lo mismo que ellos creen.

Por lo demás, pretender una separación quirúrgica entre la historia y la identidad de Europa, por una parte, y la fe de la Iglesia, por otro, se ha demostrado un experimento soez y fracasado. Los grupos cristianos protestantes han perdido el rumbo y la razón de ser, y en este siglo XXI muchos de ellos viven las últimas consecuencias de la rebelión del siglo XVI: si se da un paso hacia el relativismo todos vienen después. Además, basta ya de necedades: Cristo nació bajo el poder de Roma, padeció injustamente porque había un Derecho romano que Pilatos violó y su fe floreció en un Imperio del que Europa, Este y Oeste, es hija. Por eso, para todos, católicos o no católicos, creyentes o no creyentes, si amamos la belleza, el orden y la tradición, la culminación perfecta de este regalo doctrinal ha llegado el pasado 7 de julio, cuando el motu proprio Summorum Pontificum ha recordado la vigencia permanente del rito romano (http://www.elsemanaldigital.com/arts/70154.asp?tt=) definido para toda la Iglesia latina en el concilio de Trento. De esto, seguro que Vidal se alegra, y no creo que nadie se lo eche en cara, aunque las caras largas abundan. Que se fastidien y repasen el latín.

UNA FE, VARIOS RITOS

Europa es cristiana y el eje principal de la cristiandad es la Iglesia de Roma. No se sólo trata de fe, sino de la constatación de un hecho histórico que poco tiene que ver con las convicciones de unos u otros. No hace falta creer para verlo, ni para admirar dos mil años de belleza.

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de julio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.