Sin Rajoy no se habría salvado Navarra

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de agosto de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Miguel Sanz ya es, otra vez, presidente de Navarra. Dos meses y pico desde las elecciones, dos años de amenazas abiertas y muchas idas y venidas, no todas públicas: todo eso ha sido necesario para que un sistema representativo evidentemente deficiente dé el poder al candidato preferido por los navarros y al programa más votado por la gente. Ahora llega la hora de hacer cuentas.

Las cuentas de José Blanco y de Diego López Garrido son falsas, y durante esta legislatura habrá que recordarlo todos los días. Miguel Sanz no es presidente gracias a Blanco, ni al PSOE, aunque desde Ferraz siembren cizaña hablando de «una actitud constructiva, que contrasta con la destructiva del PP de Ángel Acebes y Mariano Rajoy» o pidiendo al nuevo gobierno foral que no escuche «los efluvios de Génova para dividir y crispar». Basura intelectual, pero basura que puede ser eficaz si se maneja mal.

Miguel Sanz no es presidente por las abstenciones de los socialistas, sino por la movilización popular (que le ha dado más votos que los que tenía, ante el peligro abertzale) y por el apoyo del PP, que ha dejado claro a Zapatero y a Blanco qué precio político tendrían que pagar en el conjunto de España por la alianza abertzale en Navarra.

Blanco, como otros políticos provincianos de uno y otro lado, listos pero no inteligentes, hábiles pero no formados, astutos pero no clarividentes, juega a corto plazo. Su corto plazo pasa por plantar una cuña entre UPN y PP, por hacer que UPN pague al PSOE nacional un tributo de talante y por hacer que UPN gobierne en Pamplona con amplias concesiones al programa izquierdista del PSN, que los ciudadanos rechazaron en las urnas.

No es mal negocio para el PSOE, ni para algunas personas concretas. Navarra no se ha salvado del todo -porque sin nuevas elecciones todo es posible aún- y desde luego no se ha salvado ni en Ferraz, ni en Gobelas, ni en ninguna reunión en la que Blanco haya dado lo que no podía dar.

Si hay que elegir un momento, yo creo que Navarra se salvó cuando Miguel Sanz, ante Mariano Rajoy y decenas de miles de navarros, para espanto de asesores y gabinetes, gritó en la tarde del 17 de marzo de 2007 «¡Viva Navarra foral y española!» No lo busquen ustedes en las actas oficiales u oficiosa de la jornada, pero allí se quebraron muchos planes del PSOE.

Tal vez la docta opinión empresarial de Fermín Elizalde, curiosamente presente en el Parlamento en la última votación, no coincidirá con la del maestro Uranga, que este domingo recuerda con todas las letras que «formamos parte de una comunidad más grande, que se llama España», y que existe el riesgo de «nos coja el carrico de las trampas». Hasta ahora las cosas han ido bien, pero están sobrando aduladores, manifestantes, úrices, trepas, ambiguos y miopes. No es Rajoy santo absoluto de mi devoción, pero en este caso está claro que la postura más generosa, clara, firme y eficaz ha sido la suya, y de bien nacidos es ser agradecidos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de agosto de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.