Zapatero mete la pata y Moratinos no la saca en Francia

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de agosto de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder en 2004 con la voluntad declarada de cambiar la política exterior española. De su «volvemos a Europa» ha quedado más bien poco después de que Francia y Alemania hayan cambiado el signo de sus Gobiernos y de sus diplomacias en dirección opuesta a la de España. Ahora, con Francia, ha surgido además un desencuentro que nace sólo de estilo personal de ZP de llevar adelante las conversaciones entre mandatarios.

En el curso de una reunión con el primer ministro francés François Fillon, a finales de julio, el presidente del Gobierno español mantuvo un encuentro oficioso, sin prensa y fuera de los documentos oficiales. En ese momento, Zapatero habría confesado a su interlocutor que «lamenta amargamente» el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes ilegales que su Gobierno llevó a cabo en España en 2005 y se habría «comprometido a no hacerlo de nuevo» .

No sería, en realidad, una noticia excesivamente escandalosa, porque el compromiso de no repetir la regularización ya lo contrajeron en público Zapatero y su ministro de Trabajo Jesús Caldera. Eso no es novedad, y que se lamente el proceso en sí mismo tampoco sería una sorpresa ya que, además de ser rechazado por la mayoría de los españoles según las encuestas, se ha comprobado que no ha solucionado el problema de la inmigración ilegal sino que lo ha terminado agravando porque sí se ha producido el «efecto llamada» que oficialmente el Gobierno niega pero que hasta el INE recoge.

Fillon ha generado a Zapatero, sin embargo, un grave problema político, al hacer públicas sus declaraciones en una entrevista en el informativo de la cadena francesa de televisión TF1. Fillon empleó las ideas de zapatero para defender sus propios proyectos políticos, que forman parte del programa de gobierno del presidente Nicolas Sarkozy. Para ellos Francia, como España «no puede acoger a toda la gente que quiere entrar» .

Sin embargo, enmendando directamente al primer ministro francés e indirectamente al presidente español, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha calificado de modélica la regularización, a su juicio «un gran éxito reconocido por muchos países». En las relaciones entre países es habitual que haya desencuentros y diferencias de opiniones, pero lo absolutamente inusual es que un gobernante niegue en público lo que ha reconocido a uno de sus homólogos, y tanto más que la diplomacia española en pleno se dedique en estos últimos días a desmentir, aclarar o matizar un cruce de declaraciones que, en sí mismo, deja lugar a pocas dudas.

España se enfrenta a dos problemas de fondo. Un problema político, que es la torpeza de sus representantes, que han llevado a nuestro país a uno de sus puntos más agudos de aislamiento y falta de influencia en los tiempos modernos; de anteayer mismo es el proyecto de Sarkozy de ampliar el G-8 a G-13, sin contar con España pese a nuestra teórica cercanía y a nuestra condición de décima potencia industrial del mundo. Y a esto se añade el problema social que, pese a los desmentidos oficiales, subsiste: los remedios de Zapatero, como dijo Fillon, no han arreglado la inmigración ilegal. Estos problemas sólo pueden solucionarse con un cambio de gobernantes.

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de agosto de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.