De los pactos de La Moncloa a las comedias de Zapatero

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de octubre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Nuestra Transición -la que algunos ahora rechazan y quieren olvidar- tuvo un momento de brillante gestión política en los Pactos de la Moncloa. En ellos los principales líderes políticos del país acordaron un marco y un ritmo para los objetivos que la inmensa mayoría de los españoles compartían: construir una democracia moderna para un país unido, dejando atrás traumas y divisiones, mirando con ilusión al futuro sin renunciar a las naturales diferencias políticas. Adolfo Suárez, con sus virtudes y sus defectos, sentó a una mesa a todos y de todos consiguió lo que entonces hacía falta: unidad, concordia y lealtad. Otros puntos de su gestión podrán ser más discutibles pero éste fue una auténtica obra de arte, una encomiable filigrana política. Hoy José Luis Rodríguez Zapatero gobierna desde La Moncloa con intenciones bien diferentes.

Algunos han querido ver en la visita de Juan José Ibarretxe al palacio presidencial una tragedia, el anuncio de un nuevo drama nacional. No faltan las razones para creerlo así, porque el nacionalismo vasco quiere algo que Zapatero no puede dar sin romper la unidad constitucional de España. El referéndum que los abertzales quieren celebrar, el soberanismo, la independencia o la anexión de Navarra son concesiones imposibles para el presidente del Gobierno, y un enfrentamiento abierto con el Gobierno autonómico vasco podría quizás haber terminado en tragedia, en otros tiempos.

Sin embargo, en la España de 2007 no habrá tragedia, y el encuentro tan temido entre Ibarretxe y Zapatero será recordado en tono de comedia. Y si no, al tiempo.

¿Por qué comedia? Quizás porque, como en la vieja ópera bufa, ninguno de los dos espadachines quiere que la sangre llegue al río, aunque diga lo contrario. Cada uno de los dos tiene, como en una mala comedia, su propio público al que enardecer con sus bravatas, pero su interés está más en mantener la atención de ese público que en enfrentarse de verdad.

Comedia, pues, pagada eso sí por todos los españoles. Comedia para Zapatero, que quiere representar el papel de solemne defensor de la España constitucional -tampoco podría hacer otra cosa desde su posición- aunque no está dispuesto a ir más allá de las palabras y su meta son esos votos indecisos que Rajoy puede arrebatarle si la gente ve la unidad nacional en peligro de verdad. Comedia para Ibarretxe también, que quiere ganar posiciones hacia los sectores abertzales más radicales, y no perderlas frente a Eusko Alkartasuna, sin que su enfrentamiento con el poder llegue más allá de los gestos.

En treinta años de democracia hemos cambiado los pactos de Suárez por las comedias de Ibarretxe y Zapatero, manteniendo eso sí el mismo escenario. Ahora, en las elecciones en las que los dos actores piensan constantemente, habrá que contar sus aplausos. Y los de Rajoy, claro es.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de octubre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.