498 razones para la reconciliación ignoradas por el Gobierno

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de octubre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Ayer domingo, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, presidió en Roma la mayor ceremonia de beatificación en la historia de la Iglesia Católica. 498 mártires, víctimas de la persecución religiosa en España durante el siglo XX, fueron elevados a los altares. Con ellos son ya 11 santos y 977 beatos proclamados entre las víctimas del odio a la fe católica en nuestro país, aunque en los próximos años se podrían alcanzar los diez millares. Pese al escrupuloso cuidado de las autoridades eclesiásticas, la ceremonia ha dado lugar a interpretaciones políticas.

El cardenal Saraiva reiteró en su homilía el valor del perdón y de la reconciliación, e insistió en que los mártires “antes de morir perdonaron a quienes les persiguieron y rezaron por ellos”. En ningún momento de los actos ha habido referencias políticas directas, a pesar de que los beatos murieron a manos de siglas políticas perfectamente conocidas, que no se mencionaron en ningún punto. Ha habido una atención exquisita por parte de Roma para no interferir en la vida pública española, una consideración que ya en su momento llevó a Pablo VI a retrasar estos procesos de beatificación hasta que las heridas de la Guerra Civil hubiesen cicatrizado más.

Pero la actual legislatura española ha contemplado una involución en el tratamiento del pasado, con heridas que se reabren por decisión política. Observaciones básicas de doctrina católica hechas por el cardenal Saraiva en su homilía fueron especialmente aplaudidas por los asistentes, al referirse a asuntos como el matrimonio y la educación que han sido tratados por el actual Gobierno de manera opuesta a la ordenada por la Iglesia. No se trataba de temas políticos ni polémicos, ni lo son en otros países, pero sí en la España de José Luis Rodríguez Zapatero.

Precisamente llamó la atención en Roma el bajo nivel institucional de la delegación española, encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en compañía del embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, del subsecretario de Asuntos Exteriores y Cooperación, nuevo embajador en Roma, Luis Calvo, y de la directora de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico. Numerosos políticos pero más numerosos y de más alto nivel los representantes de las Comunidades y Ayuntamientos gobernados por el PP, además de delegaciones parlamentarias más consistentes. Para el Gobierno la de ayer fue una obligación incómoda, mientras que para los católicos y para la mayoría de los españoles fue una ocasión festiva y de regocijo.

Todas las previsiones de asistencia al acto de Roma se superaron ayer, pese a que la ceremonia no estuvo presidida con el Papa, ya que Benedicto XVI sólo apareció a la hora del Ángelus. Moratinos quedó sorprendido por el éxito masivo de la convocatoria, quizás porque haya creído la interpretación política que de la misma han hecho los medios afines a la izquierda. Pese a ellos, no se trataba de una respuesta al intento de “Memoria Histórica” de Zapatero, sino una reiteración de lo que la Iglesia siempre ha dicho y de una celebración gozosa para la Iglesia universal. Como recordó ayer el Papa, los mártires se distinguen por “sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores”, algo totalmente distinto de cualquier ansia de revancha guerracivilista, relacionada o no con la Ley de Memoria Histórica. El acto de Roma, por definición, no fue político, pero el Gobierno ha entrado por su propia voluntad en una dinámica de enfrentamiento difícilmente comprensible siete décadas después de aquellas muertes terribles.

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de octubre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.