Zapatero es responsable de los errores de Moratinos

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de noviembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Lo sucedido en Santiago de Chile no ha terminado de marcar la agenda política española. El Partido Popular, al tiempo que agradece la actitud del Rey y del presidente del Gobierno frente a los intolerables insultos vertidos contra España y contra José María Aznar, ha solicitado que el actual Gobierno asuma sus responsabilidades. La medida puede parecer excesiva, pero no lo es si se atiende a los datos que el PSOE trata de ocultar.

Miguel Ángel Moratinos es el ministro de Asuntos Exteriores de España, pero en los casi cuatro años de legislatura se ha comportado más a menudo como portavoz internacional del PSOE y de sus intereses y resentimientos de partido. Toda la política exterior de la nación, dirigida por Moratinos en nombre de José Luis Rodríguez Zapatero, se ha hecho pensando en deshacer lo que hizo en su momento el PP. Por cálculo y a destiempo España salió de Irak, por cálculo y sin meditar las consecuencias se lanzaron una política contraria a Estados Unidos y una inconsistente Alianza de Civilizaciones. España pesa hoy en el mundo menos que hace un lustro. Pero sobre todo Moratinos no ha sabido actuar en público como representante del país, y el venezolano Hugo Chávez ha puesto de manifiesto las peores consecuencias.

Reiteradamente, y desde hace años, Moratinos viene acusando a Aznar de los peores males; entre ellos, la colaboración en el fallido golpe de Estado contra Chávez en 2002, que según nuestro propio ministro habría sido apoyado por nuestros diplomáticos. Difícilmente Zapatero puede protestar ahora por las palabras de Chávez, que ha llegado a acusar de golpista al Rey, cuando su ministro Moratinos ha dicho lo mismo de Aznar y jamás se ha retractado.

La credibilidad internacional de Chávez, fuera de Cuba, Nicaragua y Bolivia, es cuando menos escasa. Al fin y al cabo, él sí entiende y mucho de golpes de Estado, porque su carrera militar terminó organizando uno, con lo cual su fiabilidad democrática tiene un recorrido más que breve. Lo que diga Chávez no es importante, al menos porque no será creído por la comunidad internacional, pero un país como el nuestro no puede tolerar ese tipo de insultos, y mucho menos en el seno de nuestra comunidad de naciones hermanas. Y es que en Chile sólo se han empezado a hacer palpables las consecuencias de una determinada política.

Aznar debe ser, sin duda, defendido de a los intolerables insultos y exabruptos de Chávez y del ex dictador nicaragüense Daniel Ortega. No es, realmente, tarea del Rey sino del Gobierno. Pero no debe olvidarse lo esencial: los ataques falaces contra Aznar a cuenta del golpe venezolano de 2002 no han nacido del caudillo caribeño, sino de Miguel Ángel Moratinos.

En el curso de su política partidista Moratinos lanzó la infamia contra el ex presidente del Gobierno español, unida ahora al manido elenco de complejos y recelos antiespañoles. Chávez debe una disculpa a España y a Aznar, y ciertamente el embajador en Venezuela, Dámaso de Lario, debe exigirla y obtenerla, o ser llamado a consultas como ha solicitado el PP. Pero a la vez debe llegar una dimisión de Moratinos, previa explicación ante el Pleno del Congreso, porque Chávez sólo ha repetido algo que, de modo insólito, salió de la misma España.

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de noviembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.