Los profesores tienen manía y los progres hipocresía

Por Pascual Tamburri, 15 de diciembre de 2007.

Desde que el mundo es mundo y gira en esta dirección, o al menos desde que hay alumnos y maestros, éstos han sido acusados por aquellos de tratarlos injustamente, de calificarlos mal, de preferir unos a otros, de tenerles manía en definitiva. Y también desde entonces los maestros lo han negado, respaldados obviamente por los padres cuando había orden y respeto y no menos obviamente agredidos por los mismos ahora con la legislación progre. Pero, en definitiva, en esta semana de notas y evaluaciones para media España, ¿existe eso que llamamos “manía”?

El lugar común de la manía entre profesor y alumno es habitual en películas y series de ficción: docente varón, maduro, de derechas, católico y quizás sacerdote, ignorante, mal profesor y mal conocedor de su materia, que discrimina injustamente a jóvenes y meritorios alumnos “políticamente correctos” por razones de sexo, ideología, opción sexual, capricho, raza o vaya usted a saber qué. El gran problema de ese tipo de manía es que no existe, o al menos si sobrevive es residual y no he tenido el disgusto de verla, aunque sí, en su momento y de otra manera, de vivirla. Descanse en paz.

Pero una manía injusta de ciertos docentes por cierta parte del cuerpo discente sí existe, aunque no se suele hablar de ella. Hay docentes progres, muy progres y muy modernos/as/es, muy lectores de El País y muy tolerantes cuando se trata de opinar; pero cuando se cierra la puerta del aula algunos/as/es desahogan en ella todo el caudal de sus propias miserias, frustraciones y complejos. Docentes progres, pero que abiertamente y con los hechos, aunque no con las palabras, desprecian el tipo de alumno que les cabe en suerte, y favorecen con criterio clasista y elitista a unos frente a otros. Defenderán hasta la muerte (retórica) la enseñanza pública, pero huyen como de la peste de los centros, cursos y grupos que les desagradan. Y dentro de ellos trabajan (perdón por usar una palabra a veces tan inadecuada y desagradable) con un criterio selectivo, y no pocas veces esa selección más que a criterios objetivos responde a los prejuicios progres de quien empuña la tiza.

¿Manía? ¿Existe algo así? Por suerte o por desgracia no conservamos grabaciones de lo que nuestros profesores dijeron de nosotros en las reuniones de evaluación de hace unas décadas. Quizás debamos pensar si nuestros alumnos podrían escuchar dentro de unos años una grabación de las reuniones de evaluación de 2007. Es bellísimo ponernos exigentes, pero lo sería más si lo fuésemos con criterio; es entrañable preocuparnos por el alumnado, pero también debemos juzgar con equidad a los que no hacen huelgas, los que no opinan de modo políticamente correcto, los que no van con el rebaño o se niegan a pasar por ciertos aros ideológicos, estéticos o culturales. Claro, hay manías, pero en algunos centros, especialmente de la España urbana, las víctimas tienden a ser demasiado a menudo católicos, hijos de militares y de guardias civiles, chavales más o menos de derechas de manera más o menos consciente, por ejemplo. Y es que en la España progre no hay, no, ni discriminaciones ni manías, pero sí bastante hipocresía. Permítanme que vomite este fin de semana en los lugares comunes horteras de los que continúan ustedes alimentando su corta y rancia vocación docente.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 15 de diciembre de 2007, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/profesores-tienen-mania-progres-hipocresia-77091.html