«Demanda social», políticos a la carta

Por Pascual Tamburri Bariain, 20 de diciembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los partidos políticos eran el centro de la vida pública. Y no fue ni rápido ni fácil conseguir que lo fuesen de verdad, porque el franquismo no los quería. La Transición fue posible porque hubo unos partidos decididos a hacerla, y porque hubo líderes dispuestos a construir partidos para participar en política. A estas alturas de nuestra democracia debería ser como descubrir el Mediterráneo, pero ahora resulta que hay problemas nuevos.

Un partido es un conjunto organizado de personas decidido a participar en política. Juntos ofrecen a los ciudadanos unos principios, un programa y unos hombres y mujeres para desempeñar los cargos si se les da el voto. Pero ¿qué pasa cuando esos políticos olvidan las reglas del juego y se extravían en el laberinto de las «demandas sociales»?

La característica propia de las democracias modernas es la intermediación de los partidos: los ciudadanos eligen qué principios, qué programa y qué candidatos se corresponden mejor con sus preferencias; y si no hay ninguno pueden formar otro partido. Tan sencillo como eso. Pero cuando se invierten las tornas y los grandes partidos políticos olvidan a sus hombres y mujeres, olvidan sus programas elaborados y olvidan incluso sus principios tenemos un problema. La democracia -gobierno del pueblo- cede el paso ante las «demandas sociales» -gobierno de las encuestas- … ¿estamos seguros de quererlo?

Cuando los políticos se dejan llevar sólo por las encuestas sus convicciones dejan de importar, y deja de tener sentido su lealtad hacia los ciudadanos que los eligieron. Si las decisiones políticas se toman a golpe de encuesta deja de haber planes a medio y largo plazo, y no cabe pedir a los políticos ni coherencia ni altura de miras. Cuando sólo importan las «demandas sociales» (cuyo nombre de pila es y será «encuestas») el mismo político que hoy dice una cosa mañana hará la contraria.

Esto siempre ha existido y es inevitable que exista en cierto grado. Pero teorizar sobre ello y convertirlo en un modelo político es un error con consecuencias graves. Lo estamos viendo en España, donde el mismo Gobierno dialoga con ETA o encarcela a los batasunos, cierra clínicas abortistas y propone la ampliación del aborto, retira tropas de Irak y las manda con más riesgo a Afganistán y Líbano. Mirar sólo a las encuestas es peor para el país y para la democracia que el partido más lejano de nuestros propios principios: alguien con principios, por equivocados que nos parezcan, es un interlocutor para debatir, rebatir, pactar y convencer. Alguien que sólo mira a las «demandas sociales» y está dispuesto a cambiar las leyes del Estado y los principios del partido por un percentil en una encuesta es alguien muy peligroso. Sobre todo, no hay que imitarle aunque suene tentador.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 20 de diciembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.