Para Esperanza Aguirre los ciudadanos son lo primero, y lo demuestra

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

El Metro de Madrid ha estado diez días sin servicio de limpiezas, como consecuencia de una huelga de los trabajadores de las empresas que subcontratan esa tarea. Valoriza, Clece, Ferroser y Eulimp no han prestado el servicio por el que son pagadas con dinero público, y además de no cumplir las condiciones de su propio contrato tampoco han logrado de sus empleados que al menos cumplan unos servicios mínimos razonables. Pero esas situaciones, por reiteradas en los últimos años en España, ya no son casi noticia: la novedad es que este jueves Esperanza Aguirre les paró los pies.

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha rescindido unilateralmente los contratos de la Administración con las cuatro empresas adjudicatarias, por incumplimiento de sus obligaciones «de manera ostensible, grave y reiterada». Efectivamente, la imagen de Madrid durante esta campaña navideña ha estado marcada por la suciedad y la basura acumuladas en el Metro, que podrían incluso afectar a la salud de los usuarios. Se ha tratado de elegir entre el derecho de algunos ciudadanos -los trabajadores- a la huelga y el derecho de todos a recibir un servicio público eficiente y de calidad. Aguirre no ha tenido dudas, y ha aplicado a un caso de emergencia sus poderes extraordinarios.

Algunos sindicalistas argumentan, como crítica a la presidenta Aguirre, que se trata de una violación del derecho a la huelga; pero ese derecho, como todas las libertades constitucionales, tiene sus límites y su regulación, de manera que el interés general del país y de los ciudadanos debe prevalecer en último extremo sobre los intereses privados. Los huelguistas, además de ejercer su derecho a la huelga sin atenerse a los servicios mínimos, han realizado a través de sus piquetes acciones de sabotaje, derramando aceite en el pavimento y aumentando la suciedad, como se ha comprobado a través de las cámaras de seguridad del Metro. Para Aguirre, la situación era inadmisible, y ha actuado en consecuencia.

En las últimas horas se ha mencionado varias veces el ejemplo de la primera ministra británica Margaret Thatcher, y su firmeza frente a la huelga de la minería del carbón en 1984 y 1985. El momento histórico y las circunstancias son muy diferentes, pero indudablemente Aguirre ha actuado en el caso del Metro de Madrid con la misma convicción: que el usuario de los servicios públicos esenciales tiene unos derechos que hay que defender, del mismo modo que los intereses colectivos, regulando con justicia pero sin rendiciones incluso el derecho a la huelga. Tras Thatcher y Nicolas Sarkozy, Aguirre ha aplicado en Madrid una receta de firmeza en la que se reconoce el centroderecha europeo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de diciembre de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.