Aguirre y Gallardón no han atendido o entendido a los jesuitas

Por Pascual Tamburri, 20 de enero de 2008.

Estamos en época de cambios, y manda Marte en vez de Venus; pero no, no estoy hablando aún de Gallardón y Aguirre, sino de cosas realmente importantes. Cambios de personas que significan verdaderos cambios de rumbo y no simples intercambios de cromos entre niños malcriados. Cambios, además, en el núcleo de los grandes debates de nuestro siglo.

Gente que sabe lo que se hace

Pasó inadvertido el nombramiento del padre Federico Lombardi, que acumula las tareas de portavoz de la Santa Sede a las de director de Radio Vaticano y del Osservatore Romano. Muy normal, me dirán, pero no lo es tanto: con el desplazamiento de Navarro Valls la Compañía de Jesús, en la medida en la que haya recuperado el equilibrio interno, ha vuelto a gozar de la confianza de Benedicto XVI, mientras que otros la ven disminuir. No es una casualidad ni un caso aislado, y ahí tenemos a monseñor Martínez Camino, otro jesuita, desde este sábado obispo auxiliar de Madrid y portavoz de la Conferencia Episcopal.

Nombrar un lugarteniente y hallar un sucesor son pasos decisivos en cualquier institución, tanto en la Iglesia como en un partido político; la diferencia está en la durabilidad de la Iglesia frente a la liviandad de los partidillos, que demasiado a menudo se enzarzan en luchas intestinas por cuestiones míseras. Sencillamente, a veces no piensan en nada que esté más allá de las siguientes elecciones y de los beneficios personales de sus líderes.

Tras cuarenta años de crisis y de cambios, los jesuitas vuelven a estar donde siempre estuvieron: a la vez en las fronteras del mundo –físicas, intelectuales y sociales- y en el centro de la Iglesia; y en ambos sitios con lealtad al Papa pero con la osadía de plantear problemas y experimentar soluciones. A veces errando, y la llamada teología de la liberación lo hizo hasta el punto de parecer suicida para la Compañía. Entre el atrevimiento y la enajenación, entre el valor y el suicidio, hay una frontera imperceptible. Creo que la generación del padre Llanos y del padre Arrupe se movió ahí con buena fe y dudosos resultados, llegando a una situación aparentemente agónica, aunque Lamet aún no se haya enterado. Si Adolfo Nicolás ha heredado una Compañía más fuerte que lo que puede deducirse de los grandes números aún veremos grandes cosas, porque resucitará, o mejor dicho se extenderá, una manera de vivir la Iglesia que nadie ha logrado imitar con éxito.

El padre Nicolás, sucesor del padre Kolvenbach y nuevo general del frustrado cadáver, ha dicho que «la sensación de inquietud en la Iglesia y en el mundo no ha desaparecido»: he ahí la frontera de 2008, participar con autoridad en los debates del mundo, no contentarse con un formalismo sectario y autosatisfactorio y a la vez no perder la fe. Padre, ustedes pueden. De hecho, sólo ustedes pueden, y ya era hora, porque la reunión de fieles en el Angelus de este domingo, en respuesta al sectarismo de una minoría de universitarios romanos contra Joseph Ratzinger recuerda que hay tareas que, si no las hacen ustedes, nadie más parece hacerlas bien.

Aguirre, en su línea; Gallardón, no

Un partido político es diferente de una congregación religiosa, en la medida en que no es de inspiración sobrenatural. Pero también lo forman hombres, con sus limitaciones y sus bajezas, y a fe mía que nada más deprimente, a 50 días de unas elecciones generales, que comparar los modos de hacer de los jesuitas con los del PP. Se puede discrepar en ideas, disentir en decisiones y concurrir por un puesto, y de hecho los padres lo hacen con dureza rayana en la crueldad. Pero nunca dándolo a entender fuera de casa, para regocijo de ajenos. La pelea pública entre Aguirre y Gallardón demuestra que la derecha española tiene una base social excelente, pero abandonada a su suerte, y que en cambio tiene unos dirigentes maleducados, que no sólo desprecian a sus militantes y votantes, sino que además son absurdamente torpes incluso para lo que les interesa a ellos, que es ganar las elecciones.

Suicidas y necios: mal está que le pase a la condesa –es lo que tiene- pero a ti, Alberto, por Dios, que estudiaste en el colegio de Chamartín, que fuiste de la escolanía: esto no es lo que te enseñaron los padres, así que repasa la lección para cuando toque.

Alguien diría que parecen gentuza, y es posible. Pero sin ir tan lejos, digamos que han demostrado que no son dignos de gobernar. ¿Sucesores? Se salvan porque lo que tienen debajo es mucho mejor que ellos y porque lo que tienen enfrente ofrece un horizonte horrendo. Ahora bien, en marzo hablaremos –y sí, sí, hablaremos también de Navarra-, y seguramente tengamos que recomendarles una vieja práctica de siglos pasados: contraten un asesor (y en su caso confesor) jesuita.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 20 de enero de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/aguirre-gallardon-atendido-entendido-jesuitas-78464.html