Una huelga parte la campaña como desafío sindical a los partidos

Por Pascual Tamburri, 3 de marzo de 2008.

El 28 de febrero y el 4 y el 6 de marzo los profesores de los Institutos navarros estamos llamados a una huelga. La convocatoria sindical es casi unánime y merece al menos que pensemos en sus razones. Las fechas no se han elegido al azar: tres días de huelga, que si triunfa va a afectar a las vidas cotidianas de muchas familias navarras, son algo muy serio en plena campaña electoral. Si no es una huelga política tampoco se ha hecho ningún esfuerzo para que no lo parezca. A ningún político le hace gracia que le presionen, pero menos aún que lo hagan ahora.

¿Qué piden estos sindicatos? Que tras las próximas oposiciones no se den especiales facilidades a las personas que obtengan un aprobado pero se queden sin plaza. Para que nos entendamos coloquialmente, se da por supuesto que va a haber licenciados, con capacidades adecuadas para dar clase, que no consigan un puesto de profesor porque otros candidatos tengan en cambio más antigüedad. Ante esa contradicción, el Gobierno de Navarra decidió crear una lista preferente de contratación para que nuestro sistema docente no se empobreciese perdiendo a esos docentes con méritos indudables. Todos los sindicatos menos uno están contra tal lista, porque prefieren como criterio de contratación el número de años trabajados sin aprobar.

Sin embargo, se supone que a todos nos preocupa la calidad de la enseñanza. Una calidad en la que, según el famoso informe PISA, no tenemos mucho de qué presumir. Creo que estaremos de acuerdo con Mona Mourshed en que «la calidad de un sistema educativo no puede existir sin profesores de calidad», y Javier Ansorena ha explicado que el país europeo con mejores resultados es Finlandia, que no es el que más gasta pero sí donde «hay que estar entre el 10% de los mejores alumnos» para poder luego impartir clases. Así que calidad, exámenes y notas terminan uniéndose, cosa tampoco tan sorprendente porque en la historia de la educación nacieron justo para eso, para seleccionar y ordenar a los mejores sin considerar la edad, la riqueza ni la afinidad personal, sino sólo sus conocimientos y capacidades. No es coherente hablar de calidad y después no preferir en las aulas a quienes tuvieron mejores notas.

¿Interesa más la calidad que ofrecemos a los alumnos y sus familias o la comodidad de un colectivo de compañeros por otro lado queridísimos? Al decidir si apoyamos esta huelga debemos pensar qué contestar a un padre que nos pregunte si debe preferir para sus hijos profesores que demuestren objetivamente sus conocimientos u otros que, a lo largo de años, nunca lo hayan hecho.

Hay que preguntar a los alumnos interesados en formarse si desean hacerlo con personas que han superado un nivel reconocido o con otras que no lo hayan hecho. Puestos a pedir, en ciertas especialidades y ámbitos habría que reconocer los méritos de quien llega a las aulas con una verdadera experiencia laboral externa que nos enriquece, cosa que beneficiaría a los alumnos pero que nadie plantea en serio. Conviene que los estudiantes de las licenciaturas piensen si sería justo que se les postergase, por brillantes que sean en sus exámenes, sólo porque otras personas con menores notas, suspendidas o que incluso ni se han presentado lleven unos cuantos lustros ocupando un puesto y afiliadas a un sindicato determinado.

Trabajar para la Administración no debe ser un privilegio, sino una posición de servicio a la gente. Si implica una estabilidad y unas retribuciones, que se pagan con dinero público, hay que garantizar de alguna manera que ese dinero se gaste de la mejor manera posible. Nombrar profesores a todos los aspirantes en simple orden de llegada es la mejor manera de evitarse problemas con los sindicatos, pero también de devaluar más la reputación de los Institutos públicos. No estaría mal incluso una oposición o examen periódicamente, para controlar la calidad, conocimientos y actualización de todo personal no sólo a su entrada sino a lo largo de la vida docente. No parece que las cosas vayan por ahí, pero ya que se ha modificado el sistema de oposiciones hasta hacerlo irreconocible creo que establecer una lista preferente para los «aprobados sin plaza» es un mal menor perfectamente defendible.

Me entristece esta situación, tanto la degradación del acceso a la docencia como el reiterado espectáculo de los docentes de distintos tipos enfrentados públicamente por un puñado de euros. Estamos en el mismo barco y si alguien consigue algo no trabajando estos días me alegraré por él. Pero no creo en las razones de esta huelga, como tampoco creí en las de la huelga de signo distinto de 2006, y me parece más que legítimo, en nombre de la calidad de la enseñanza, seguir trabajando.

El pasado jueves Diario de Navarra tuvo la amabilidad de reproducir esta opinión mía. Este martes y este jueves la convocatoria continúa que ya fracasó hace una semana: los sindicatos «de clase» y los abertzales intentan defender ciertos intereses en plena campaña electoral, oh coincidencia. Podría haberse hecho una huelga contra la nueva Ley de Educación que recoge algunos de los peores aspectos de la LOGSE, los más fracasados, los más ideologizados, pero no se ha hecho. Podría convocarse una huelga contra el vergonzoso sistema de oposiciones, pensado para crear un gran coladero y destinado a ser en el futuro nuestra vergüenza ante la sociedad (¿podremos seguir exigiendo disciplina y estudio y asignando suspensos cuando tengamos compañeros hechos funcionarios así?), pero no se ha hecho.

Hemos tenido, en cambio, huelgas masoquistas de unos Cuerpos docentes contra otros, tenemos rencillas miserables por unos cuantos euros o unos cuantos minutos de lo que se supone es nuestra vocación, y ahora tenemos una huelga egoísta contra nuestra propia dignidad. Sinceramente, unos y otros incluyendo gestores políticos y sindicales, que se vayan a casa si les gusta más la nómina que el oficio.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 3 de marzo de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/huelga-parte-campana-como-desafio-sindical-partidos-80325.html