Socialdemocracia y liberalismo, la batalla de los muertos vivientes

Por Pascual Tamburri, 20 de abril de 2008.

Dilectos A., M. y L.:

Supongo que la Ley de Protección de Datos, aunque no impide a los abertzales difamar, pondría dificultades a que se usasen vuestros nombres aquí. Da lo mismo. Os escribo porque, como buenos alumnos de historia en primero de Bachillerato, sabéis unas cuantas cosas que nuestros políticos ignoran. No es tanto mérito vuestro como vergüenza suya, y creo que podríais hacerles mucho bien informándoles de varios hechos ya no demasiado recientes.

Lo sabe un alumno de primero, pero no los políticos de primera

Es un hecho que la doctrina económica imperante en el mundo occidental en el primer cuarto del siglo XX fue el liberalismo, articulado como librecambismo. Doctrina muy sencilla, basada en la superioridad del libre mercado sobre cualquier otra forma de asignación de recursos, y en definitiva hostil a toda intervención pública en economía. Doctrina de raíces materialistas –que presuponía la superioridad de la economía sobre el resto de los aspectos de lo humano-, gestada en el siglo XVIII y afirmada en el siglo XIX. Doctrina ligada a las primeras revoluciones industriales y con una serie de dogmas colaterales como la maldad intrínseca de la inflación, la limitación rígida de la masa monetaria, el egoísmo individual inherente a toda decisión económica libre y bastante literatura sobre la «mano invisible», aquello del laissez faire, laissez passer y demás. Ya os he examinado de esto, así que lo sabéis.

Es un hecho, que también conocéis, que entre 1929 y 1939 el mundo capitalista afrontó una crisis económica de una gravedad insólita. Una crisis de superproducción, o de subconsumo, con deflación pero sobre todo con hundimiento de la renta de los trabajadores y de su capacidad de compra, generando un círculo vicioso de apariencia insoluble. Cuanto menores eran los precios menos dinero tenían disponibles las empresas y trabajadores, menos consumían y por tanto más paro aparecía, más quiebras llegaban y menos demanda había.

Y sabéis cómo las soluciones liberales no sólo fracasaron al afrontar aquello, sino que al ser aplicadas lo agravaron: mantener tipos de interés altos, defender un valor elevado de la moneda, reducir el dinero disponible, gastar poco o nada desde el Estado para defender el equilibrio presupuestario y todas esas cosas, muy bonitas sobre el papel de los catedráticos más conservadores, llevaron nuestra economías al abismo. Algunas de ellas, como la española o la alemana, mucho más allá del precipicio.

Es un hecho que, para salir de aquel atolladero, se experimentaron y luego teorizaron formas de economía mixta, algunas de las cuales se cobijaron después bajo el nombre de la socialdemocracia. Intervención pública expansiva, proteccionismo en grandes áreas económicas, más gasto social, obras públicas, dirección pública de la economía, control de las actividades empresariales con vistas a una racionalización nacional de las grandes decisiones: todo eso y mucho más cupo en lo que después se llamó «socialdemocracia» en algunos lugares. No era ortodoxamente liberal, pero funcionó entonces.

Es un hecho que, en torno a 1973, ante una nueva crisis económica, las soluciones keynesianas o socialdemócratas fracasaron, ya que nuevamente había cambiado el tipo de problemas. Entonces los menos sagaces se limitaron a pensar que el viejo liberalismo había tenido razón y otros pensaron, sin más, que lo de menos eran las etiquetas y lo importante era solucionar los problemas de la gente con las medidas más adecuadas en cada caso. Y el mundo económico quedó dividido, teóricamente, entre liberales dogmáticos, intervencionistas dogmáticos y simples pragmáticos.

Lo que Rajoy, Aguirre, García-Escudero, Güemes y González deben recordar del Bachillerato

Anda la derecha revuelta. Dicen que en un debate de ideas, pero lo primero que deberíais explicarles, queridos alumnos, es que están hablando de economía, no de principios políticos, salvo que confundan la economía con los valores, lo que en sí mismo ya es una toma de postura (compartida por Adam Smith y Karl Marx, pero dudo que por las bases del PP).

La segunda cosa que no han tenido en cuenta es que están manejando conceptos fósiles, antediluvianos, en pleno siglo XXI. Si en 1929 fue un prejuicio carca aplicar medidas liberalistas, si en 1973 fue una obcecación socialdemócrata recurrir al intervencionismo puro y duro, hoy es igualmente estéril recurrir a ropajes anticuados sin mirar la realidad de nuestros problemas.

Y la tercera cosa, queridos A., M. y L., es que no se debe confundir la derecha con el liberalismo o la izquierda con el intervencionismo. Ante todo porque izquierda y derecha, si tienen algún sentido aún, no es precisamente el económico, ya que más de diez millones de personas no han votado a Rajoy para defender los privilegios de clase de nadie, del mismo modo que más de once no han votado a Zapatero para estatalizar los bienes de nadie. Hablar de etiquetas económicas en el PP es una manera de no hablar de nada y de confundir a todos, porque la política es otra cosa. De hecho, yo suspendo a gente por mucho menos. No a vosotros, y por eso os escribo este desahogo. A vosotros, ya que estoy seguro de que lo entenderéis mejor que políticos a los que muchos españoles hemos votado para que hagan lo que no hacen.

Esperanzadamente, P.T.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 20 de abril de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/socialdemocracia-liberalismo-batalla-muertos-vivientes-82136.html