La guerra del dos de mayo, entre Aguirre y Gallardón

Por Pascual Tamburri, 27 de abril de 2008.

Se comportan como si Madrid fuese suyo y su memoria también. Este viernes se conmemoran los dos siglos del alzamiento popular del dos de mayo y la barahúnda ya ha empezado. Historiadores y presuntos tales metiendo todos la cuchara en el cocido. Políticos y políticas haciéndose sólo la foto. Pero por separado.

El sentimiento patrio (no) hace milagros

Intentos de convertir el dos de mayo en lo que no fue los ha habido desde el mismo 1808. José Manuel Cuenca ha intentado que no lo olvidemos, pero me temo que, colectivamente, nos hemos lanzado a regodearnos de nuevo en nuestros lugares comunes favoritos. En fin, no es la primera vez: es lo que tiene vivir en un país donde la (des)memoria prevalece sobre la historia. Así fue en 1908, cuando el abuelo de don Juan Carlos celebró la fecha en Móstoles, y así va a ser ahora.

Sinceramente, creo que Comunidad y Ayuntamiento de Madrid –puesto que del Gobierno nacional cabía esperar poco- han desaprovechado una ocasión de hacer las cosas mejor. No basta conmemorar lo que sucedió. No sería ni siquiera suficiente recordar que allí nadie luchó por constituciones inexistentes, libertades desconocidas y en el fondo tampoco por reyes ya huidos ni por tradiciones apolilladas: la gente sudorosa de la calle mató y murió por España y por su honor mientras una clase dirigente despreciable, aunque eso sí muy culta, muy rica, muy perfumada y muy a la última moda de París, miraba con horror a la chusma o aplaudía a los coraceros. Dividida entre sí, además.

Quizás ahí este el truco. La desorganización de la celebración forma parte de la celebración, para demostrar al mundo que seguimos siendo los mismos: un gran pueblo muy mal gobernado, en opinión de Napoleón que recogió en su tiempo Benito Pérez Galdós y ahora Arturo Pérez Reverte.

El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional

«Durante nuestra conversación advertí que la multitud aumentaba, apretándose más. Componíanla personas de ambos sexos y de todas las clases de la sociedad, espontáneamente venidas por uno de esos llamamientos morales, íntimos, misteriosos, informulados, que no parten de ninguna voz oficial, y resuenan de improviso en los oídos de un pueblo entero, hablándole el balbuciente lenguaje de la inspiración. La campana de ese arrebato glorioso no suena sino cuando son muchos los corazones dispuestos a palpitar en concordancia con su anhelante ritmo, y raras veces presenta la historia ejemplos como aquel, porque el sentimiento patrio no hace milagros sino cuando es una condensación colosal, una unidad sin discrepancias de ningún género, y por lo tanto una fuerza irresistible y superior a cuantos obstáculos pueden oponerle los recursos materiales, el genio militar y la muchedumbre de enemigos. El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional, y la disciplina que da más cohesión el patriotismo».

«La ira estalló en boca del pueblo de un modo tan formidable, que causaba tanto espanto como la artillería enemiga. Ataque tan imprevisto y tan rudo había aterrado a muchos que huían con pavor, y al mismo tiempo acaloraba la ira de otros, que parecían dispuestos a arrojarse sobre los artilleros; mas en aquel choque entre los fugitivos y los sorprendidos, entre los que rugían como fieras y los que se lamentaban heridos o moribundos bajo las pisadas de la multitud, predominó al fin el movimiento de dispersión, y corrieron todos hacia la calle Mayor. No se oían más voces que ´armas, armas, armas´».

«El resultado era asombroso. Yo no sé de dónde salía tanta gente armada. Cualquiera habría creído en la existencia de una conjuración silenciosamente preparada; pero el arsenal de aquella guerra imprevista y sin plan, movida por la inspiración de cada uno, estaba en las cocinas, en los bodegones, en los almacenes al por menor, en las salas y tiendas de armas, en las posadas y en las herrerías».

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 27 de abril de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/guerra-mayo-entre-aguirre-gallardon-82426.html