El centro de Fraga y Gallardón contra el de Pedrojota y Esperanza

Por Pascual Tamburri, 25 de mayo de 2008.

Hay etiquetas políticas que se ponen de moda y todos anhelan poseer. Hay otras de las que la mayoría huye de repente, e incluso algunas que parecen condenadas al olvido durante generaciones. Curiosamente no tienen casi nada que ver ni con las ideas de los personajes que las encarnan, ni con su imagen social, ni con lo que en el fondo piensan, quieren y viven los que en democracia les votan. En España, además, lo llevamos muy mal de unos años a esta parte.

España ha tenido mala suerte con sus derechas políticas. La de Antonio Maura fue machacada por el abuelo de don Juan Carlos, empeñado en destruir a los más fieles partidarios de la institución (se trata de una curiosa tradición familiar). Miguel Primo de Rivera careció de constancia y de apoyo para sus intuiciones. La derecha en época republicana se consumió en debates estériles sobre el accidentalismo y después no fue capaz ni de hacer respetar su triunfo electoral ni de contener el rupturismo antidemocrático de la izquierda. Y la derecha de Franco ganó la guerra y perdió la paz porque encontró una precaria unidad en el rechazo de la modernidad.

¿Qué pasa si Fraga y Gallardón son el centro?

Por eso no es de extrañar que Manuel Fraga, al diseñar un futuro postfranquista, y previo paso por el Gobierno, incensadas luchas internas en él y embajada en Londres, elaborase una “Teoría del centro”. Fraga siempre quiso ser de centro, dejando la izquierda para los herederos de la República y la derecha para los herederos del franquismo. Eso sí, esperando quedarse él con la base social y los cuadros dirigentes de éste, y suponiendo que la gente “de derechas” aceptaría ser “de centro” para hacerse perdonar la vida (política) por una izquierda a la que se suponía mayor legitimidad en todo menos en la gestión económica. Fraga es sincero ahora cuando habla de centro reformista porque tanto él como Alberto Ruiz Gallardón vienen de un modo u otro del régimen de Franco pero creen que los votos de la derecha deben separarse de esa palabra maldita. Y de los principios ya hablaremos, o mejor no por si acaso.

Fraga pudo ser presidente del Gobierno tanto con Franco como con la monarquía del 18 de Julio. Pero no lo fue, porque en su camino (hacia el centro) se cruzó un proyecto inesperado. Gentes y corrientes tan ligadas al franquismo como el mismo Fraga, mucho menos precoces en darse cuenta de que aquello era insostenible y seguramente menos capaces con las probables excepciones de Fernando Herrero Tejedor y Torcuato Fernández Miranda, de repente emplearon todos los recursos de la Secretaría General del Movimiento Nacional en crear algo que terminó llamándose “Unión de Centro Democrático”. Y muy a pesar de Fraga Adolfo Suárez (que jamás estuvo al nivel intelectual de su mentor Herrero ni al de su espolón Torcuato) consiguió la preciada etiqueta, y relegó al gallego a representar algo que en el fondo no quería encarnar.

No fue Fraga el único descontento con el éxito huero de la UCD –sí, huero porque su difunta vaciedad ideológica no puede ser (en)cubierta por unos miles de páginas impresas: un programa electoral no es una definición doctrinal. Los liberales rabiaron de principio a fin, porque se creían no sólo en posesión absoluta de la verdad (algo muy propio de quienes presumen de tolerancia, ya que no necesitan ejercerla) sino sobre todo con derecho a ser EL centro. Personas como Esperanza Aguirre (que fue la menor y menos mala, por lo demás) estuvieron primero en UCD y luego con AP, y más tarde en el PP, con una cierta e indefinible sensación de superioridad: por ser liberales, a pesar de no tener ni los votos populares ni las soluciones para el país, tenía el marchamo de centrismo en medio de gentes que, como Fraga, Suárez y Gallardón, daban por supuesto que no había nada mejor.

Entre centristas anda el juego, pero no los votos

Tampoco quedó satisfecho un cierto centrismo intelectual, que estableció en España la corrección política, cultural y mediática del 68 pero que siempre quiso “otro” centrismo político. El actual director de “El Mundo”, por ejemplo, siempre ha estado incómodo con unos partidos y líderes “de centro” pero que por su origen y formación obviamente venían de alguna de las distintas derechas, no eran laicistas y demás. Con algo peor: tenían que contar con los votos de esos millones de personas que insistían en ser, irracionalmente, “de derechas”, a pesar de que la clase política ya había interiorizado su suposición de que la derecha murió con Franco y se momificó con Blas Piñar.

El pequeño problema en esa pelea entre centristas es que, al final, han recorrido treinta años de historia de España a lomos de una derecha social abnegada y ejemplar, que vale mucho más en su honestidad que las no-ideas de “centro” y que, curiosamente a instancias de Pedrojota Ramírez, salió hace cuatro años a la calle. Adquiriendo una conciencia de su fuerza que, si encuentra una encarnación honesta y no más centristas rapaces, será la noticia de la presente legislatura.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 25 de mayo de 2008, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/centro-fraga-gallardon-contra-pedrojota-esperanza-83489.html