Leo Messi, metáfora de un deporte cada vez menos olímpico

Por Pascual Tamburri, 7 de agosto de 2008.

Leo Messi juega con la selección argentina aunque Joan Laporta consiguió imponer un principio mercantil totalmente incompatible con el espíritu olímpico.

El Comité Olímpico Internacional vaciló ante la Asociación de Fútbol Argentino, pero Leo Messi ya está jugando las Olimpiadas chinas. El camino recorrido hasta llegar a su primer partido (en Shangai, ante Costa de Marfil) es un buen retrato del fútbol y del deporte en general que el mercado quiere imponer.

Cuando Europa inventó y reinventó el espíritu olímpico, tanto en su versión clásica como en la renovación de Coubertin, e incluso en los momentos intermedios caballerescos o deportivos, se daba por supuesta una cierta elegancia. El atleta, el caballero, el luchador y el gimnasta han sido en la tradición occidental figuras ajenas por definición al mercado y a la venalidad. Altius, citius, fortius: sucesivas expresiones de la grandeza de lo humano, de búsqueda de la perfección moral y física, de la competición entre hombres, entre ciudades y luego entre naciones, con fin en sí misma y en una dignidad superior por todos aceptada. No había empresa ni beneficio de por medio.

Curiosamente en la gris Europa manchesteriana del XIX resurgió con fuerza el deseo de un renovado olimpismo, y de ahí nace la era moderna de las Olimpiadas, integrando dos milenios intermedios de nuevos deportes. Quizás como saludable reacción frente a la mercantilización de lo humano, como podría haber escrito Montherlant. Y nuevamente con competición, incluso dura, pero nunca por dinero.

No es problema (sólo) del Barça

El Barça será «más que un club», no digo yo que no, pero la verdad es que en este caso ha actuado con una lógica estrictamente no deportiva, sino puramente mercantil. Pedir a un atleta que no compita con los colores de su país puede ser legal si se considera que ese jugador es «patrimonio del club» (aunque habrá que revisar si un hombre puede ser propiedad de una empresa, o si la empresa prevalece sobre la patria). Será legal, pero no es compatible con el espíritu olímpico, ni en general con la idea tradicional de deporte.

No es un error sólo del Barça, sino de un sistema que ha convertido en bienes mercantiles a los atletas, devaluando el afán de superación en mera búsqueda de beneficios. El Madrid, mucho me temo, habría hecho lo mismo, y a la misma lógica antideportiva responden los vaivenes de Cristiano Ronaldo y la contratación de Rafael Van der Vaart quién sabe si por sus virtudes deportivas o por los previsibles beneficios mediáticos de la espectacular Sylvie.

El deporte en general y las Olimpiadas en general son otra cosa, Sergio. Hay una jerarquía implícita en el olimpismo, que coloca lo espiritual por encima de lo físico y lo físico muy por encima de lo venal. Alterar ese orden tradicional de las cosas puede ser lo moderno, como Laporta ha conseguido probar en los tribunales; puede ser atractivo, como demuestran las masas en los estadios y ante las pantallas cada domingo; pero no es deportivo, y diga lo que diga el Barça si esto sigue así avanzaremos hacia un nuevo eclipse olímpico. El lugar de Messi es el que el mismo jugador ha querido: el lugar que ocupan los hombres de nuestra estirpe hace tres milenios, y no un vulgar epígrafe en una contabilidad.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 7 de agosto de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/messi-metafora-deporte-cada-menos-olimpico-86135.html