Zapatero vuelve a estar en un dilema de política internacional

Por Pascual Tamburri, 12 de agosto de 2008.

La guerra en Georgia ha sorprendido a los políticos europeos. En España ya hay división de opiniones. En Moscú importa poco, pero los intereses de Zapatero coinciden con los de Bush.

Vladimir Putin ha intervenido con las armas en Osetia del Sur y en Abjasia. Es una guerra en toda regla y sin disimulos, que afecta a una Georgia en proceso de occidentalización y a una Rusia que defiende tanto a sus ciudadanos y amigos como sus antes descuidados intereses imperiales. Una guerra en la que se enfrentan George Bush y el presidente ruso, Dimitri Medvedev. Pero en la que también se dirimen cuestiones que afectan a España.

Abjasios, adigueos, georgianos (como refundición parcial y tardía de svanos, mingrelianos y lazes, entre otros), circasianos, kabardos, ingusetes, chechenios y daguestaníes (incluyendo ávaros, lesguianos y darguas) forman la gran familia caucasiana. Familia grande y mal avenida, que comparte cordillera con otros pueblos, indoeuropeos como armenios, rusos y osetas (es decir, alanos), uraloaltaicos como turcos y azeríes o mongoles como los calmucos. Eso en cuanto a la variedad étnica, porque las cosas se complican aún más con las variantes religiosas, históricas y lingüísticas. Basta recordar que en georgiano moderno hay 740 posibles grupos consonánticos al comienzo de una palabra, y que en ubijis sólo hay dos vocales pero, eso sí, ochenta consonantes.

¿Un escenario de pesadilla? Sólo si se tienen pretensiones cartesianas o iluministas, horresco referens. Más bien estamos viendo este mes de agosto una gestión buenista en los medios de comunicación del mismo escenario caucasiano de siempre: grandes imperios con intereses contrapuestos, pueblos y caudillos menores más cercanos a unos y a otros, además de enfrentados entre sí. Y por encima la sombra de más de un siglo de sovietización y de imposición del modelo de Estado nacional, que en nada ayuda a pensar en la paz.

La hipocresía, una vez más

Una guerra con todo tipo de armas, con miles de muertos y de desplazados, sin el apoyo de la ONU y con evidentes intereses energéticos y estratégicos. ¿Dónde está la izquierda de Irak, y en general todos los llorones de 2003 y 2004? Una guerra dirigida por un caudillo populista de dudosa fiabilidad democrática, como Mikhail Saakashvili, compatriota de Stalin y opresor de las minorías étnicas de su país. ¿Dónde está el centro reformista intervencionista de 2003 y 2004? Todos están de vacaciones.

En Georgia hay, sencillamente, una guerra de las de toda la vida. Putin defiende el orgullo nacional ruso como no se había defendido en décadas. Bush ha llevado el poder americano donde jamás antes había llegado. Nada más, nada menos. Sólo en Europa parecemos no enterarnos de que las cosas funcionan así, tanto en Irak como en Georgia. Pero en medio de tanta hipocresía apolillada probablemente quién mas se juega en el asunto es Zapatero.

En qué afecta esto a España

Algunos afirman como principio internacional, en ese nuevo orden ético del que tanto hablaron unos y otros en 2003, el derecho a la secesión de las regiones. Putin, invirtiendo la maniobra que desintegró el imperio soviético, apoya a osetas y abjasios de Georgia y protege una autodeterminación que debilitaría a Saakashvili. Y que haría mucho menos interesante a la Georgia residual como aliado de Bush y de la OTAN. Así que, curiosamente, los nacionalistas vascos y catalanes no saben a qué carta quedarse, si con la georgiana (por su reciente independencia) o la prorrusa (por el principio soberanista regional). Tienden más bien a la novedad oseta (novedad relativa, porque los alanos llegaron a Hispania en 409), y por eso el Tripartito catalán tiene ahora mismo una tentación moscovita (que tampoco es novedad) .

Zapatero, en cambio, se ha terminado por encontrar (moralmente) del mismo lado que Bush. Lo que le faltaba al presidente ahora es una nueva oleada de independencias en Europa, con la consiguiente siembra de embajadas vascas y catalanas en las laderas del Cáucaso. Si nacionalistas vascos y catalanes se identifican con los separatistas abjasios y osetas, que han conseguido un poderoso padrino exterior, Zapatero, con el estatut entre manos, no puede ser sino georgiano. Georgiano como George Bush, el antes malvado imperialista y ahora defensor de la unidad de Georgia.

Al final, por supuesto, todo es más sencillo. A nadie le importa la opinión del presidente español y van a dirimir sus cosas como siempre, en el campo de batalla. Y al final -esto lo aprendí hace 19 años, cuando un hombre excepcional me dijo dónde está Abjasia-, lo natural es que no triunfe ningún proyecto mini-nacional, sino que retorne el sentido común imperial. Con él, además, el orden y la paz posibles.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 12 de agosto de 2008, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/zapatero-vuelve-estar-dilema-politica-internacional-86236.html