11-M y zonas grises del Estado: parecidos razonables que nadie explora

Por Pascual Tamburri, 15 de agosto de 2008.

Aún hay muchas cosas que no se han contado sobre el 11-M. Varias de ellas tienen un extraño parecido con los grandes atentados sin resolver en Italia entre 1960 y 1985.

El 11-M ya tiene sentencia, y aunque está recurrida ha dejado de ser motivo de debate político. Formalmente PP y PSOE dan por buena una explicación, la judicial, que ahora mismo conviene a los políticos profesionales de ambos partidos. Y que tiene sólo el defecto de no explicar por completo qué pasó en marzo de 2004, es decir, que no sabemos más que (en el mejor de los casos) parcialmente quién hizo qué, cómo y por qué. Esto no es remover las heces de la política, sino sólo repetir lo que la misma sentencia afirma.

En España, pese a nuestra propia autopercepción, no estamos acostumbrados a estas cosas. A lo largo del siglo XX, bien o mal, de la mayor parte de las cosas se nos ha dado una explicación completa o que aspiraba a ser completa. Por supuesto que hay una larga serie de asuntos (el fin de la Dictadura y de la Monarquía, el golpe socialista de 1934, los cambios de Gobierno de Franco, el asesinato de Carrero Blanco o el 23-F, por ejemplo) de los que no sabemos cosas esenciales. Pero raramente nos hemos enfrentado como país a un acontecimiento decisivo, que cambia el rumbo de la nación y que se da por oficialmente explicado para siempre con una versión manifiestamente insuficiente.

En Italia, en cambio, hay una larga serie de actos de violencia terrorista y política, desde hace más de sesenta años, que oficialmente siguen sin explicación, o para los que las explicaciones impuestas desde el poder se han demostrado falsas sin que hasta ahora se den otras. Hay un parecido razonable entre algunos aspectos del 11-M y esa serie de masacres italianas que, por cierto, contribuyeron mucho en su momento a determinar un cierto rumbo político. La reacción popular frente a los enigmas del 11-M tiene entre nosotros la peculiaridad de ser única y de ser novedosa, mientras que en Italia hay ya una tradición consolidada en ese sentido en la derecha social. Un texto breve de alguien que sabe mucho y con fundamento de estas cosas me hace pensar en un asunto que merecería, desde luego, un estudio serio, amplio y completo. Quizás un libro. Lancemos de momento las preguntas.

¿Qué pasa si el Estado tiene zonas grises?

Entre 1947 y 1985 una serie de masacres sacudieron Italia. Atentados, en general con bombas y en general en servicios públicos especialmente trenes. Bombas por las que se acusó y a menudo se condenó a militantes de la derecha (no había islamistas entonces). Militantes que con el tiempo (sin desmentir otros errores y otros delitos) se han ido demostrando inocentes de tales masacres. Masacres que han sido conocidas sólo por una maraña de servicios secretos nacionales y extranjeros, que los organizaron, o no los impidieron, o los provocaron, o los encubrieron, y que en casi todo caso desviaron las investigaciones. Investigaciones que una Magistratura ampliamente politizada hacia la izquierda y contra la derecha terminó llevando donde quiso. Hasta que, décadas después, la perseverancia de la sociedad y el muy posterior cambio de la política, van aclarando asuntos. Aunque aún quedan muchos pendientes. ¿Les suena a ustedes de algo?

Se han cumplido 28 años de la bomba en la estación de Bolonia y lo único seguro es que no fue puesta por los que fueron condenados, y que habría que retirar la inscripción falaz puesta en el lugar. También es cierto que, aunque se llegue a conocer una parte mayor de la verdad, las consecuencias políticas de 1980 (aislamiento de la derecha, predominio social y cultural de la izquierda, sumisión del centro) no son reversibles, sino como mucho superables.

Los servicios secretos son una cosa muy viscosa. Son los intestinos del Estado, una parte necesaria pero no especialmente agradable, que además tiene la rara costumbre de oler siempre mal. Los servicios secretos tienen su propio ámbito de poder, se relacionan entre sí sin control político efectivo (al menos sin control real desde los Ejecutivos democráticos), y tiene sus propios modos de hacer. En Italia hay, y sigue habiendo, una serie casi infinita de servicios en mutua competencia, la mayor parte de ellos sin control parlamentario y desconocidos para los ciudadanos, que han jugado durante décadas en las alcantarillas del país. Ahora se empieza a saber algo.

¿Tenemos derecho a pensar que España es mejor? Como en Italia, el 11-M ha tenido una serie de pistas falsas creadas para complicar las cosas. Tenemos informadores, agentes provocadores, camellos de poca monta que no saben nada y una organización que aparece para un acto y desaparece después para siempre.. sin que nada se sepa de su origen. ¡Un clásico en su género! En caso de duda, los culpables oficiales que sí tenían información están muertos.

Digamos, como mínimo, que sin entrar en elucubraciones conspiranoicas sería bueno disponer de un organigrama real (real, por favor) de todos los servicios de información y acción españoles activos en 2004, y del grado del control que tenía el PP (y qué PP sobre ellos). Después, alguien con autoridad (difícil concepto) tendría que hacer unas preguntas a Jorge Dezcallar. ¿Porqué a él? Porque al responsable del mayor servicio oficial, evidentemente fracasado en sus tareas con el PP, desde entonces se le ha ascendido sin tregua, hasta llegar a Washington. Y me apuesto una cena con ustedes: nuestro aún embajador sabe del 11-M más que el pobre Ángel Acebes, que como ministro del interior superó el umbral de fracaso fijado por Francesco Cossiga en su tiempo. Cosas de las zonas grises.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 15 de agosto de 2008, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/zonas-grises-estado-parecidos-razonables-nadie-explora-86320.html