Caos en las aulas y en las calles: porque nadie sabe nada de Bolonia

Por Pascual Tamburri, 26 de noviembre de 2008.

Sin completarse aún la reforma LOE de la enseñanza media, Zapatero se lanza a la reforma universitaria. Otra más, que unos apoyan y otros rechazan, pero que nadie conoce.

Voy a ser sincero, para evitar confusiones. Es inevitable que desde esta ventanita analicemos los tumultos escolares y universitarios en curso, el llamado plan de Bolonia, lo que dicen y lo que callan los sindicatos y en definitiva el futuro inmediato de nuestra enseñanza superior. Tengo sobre la mesa casi veinte folios de notas sobre el asunto (cada uno padece sus vicios, y este de la enseñanza es el más indecoroso de los que me adornan). No sería justo agredir a los lectores con un análisis académico de la nueva locura colectiva que se acerca a las aulas. Me limitaré por tanto a contestar algunas preguntas y comentarios que se me han hecho, con especial atención a las ideas de alumnos y exalumnos.

Qué es “el plan este de los cojones de Bolonia”

La expresión no es mía, sino de un brillante estudiante de Derecho, alumno de bachillerato hace pocos años y no obstante amigo. Carlos, ni lo sabes tú, ni lo se yo, ni lo saben los políticos, ni lo saben los que están a favor ni lo saben los que protestan. En resumen, la idea original tenía su sentido (crear un espacio educativo europeo homologable), pero en manos de burócratas y de latisueldistas políticos se ha convertido en un engendro informe que nadie termina de explicar.

Que hace falta un nuevo orden es evidente: nuestra Universidad no cumple ninguna de sus funciones propias, España tiene un exceso de centros, una inflación de titulaciones y demasiados titulados sin vocación y sin la debida formación. Bolonia, sea lo que sea, podría ser la ocasión de hacer limpieza. Dudo que se haga, pero el nombre invita a la esperanza. Manifiéstate, pero mi consejo es que en este asunto no lo hagas para ser conservador: la actual situación no merece ser conservada.

“De verdad, nada es como lo contaban”

“¿Te acuerdas de aquella frase, que los profesores en general sois muy propensos a pronunciar, del estilo de: ´aquí los exámenes van a pasar a valer X% (siempre a más, claro) porque tenéis que acostumbraros a que en la Universidad todo será el examen´?” Sí, me acuerdo. “Pues resulta que yo he pasado de tener asignaturas en bachiller donde el examen vale un 90% de la nota, a que aquí en la carrera, donde más valgan sea con un 60%. ¿El resto? Trabajos y asistencia… ¡Asistencia! Que por mí lo de ir a clase bien, porque me pierdo si no, pero ¿no se supone que cuando uno llega aquí ya es lo suficientemente mayorcito para saber si debe ir a clase o no, o si le compensa?” Maite, hija mía, ya lo sé. No, no se supone nada, porque la Universidad no es lo que era. Y no diré que no sea lo que debería ser, sino sencillamente que la han cambiado a su gusto los políticos y los prebostes.

Empezando por el final, digamos que tus profesores que fueron universitarios (que no fueron todos en el Instituto, porque ni todos fueron a la Universidad ni todos los que fueron entendieron de qué iba el asunto) os hablaron de una Universidad que ya no existe. La Universidad se ha masificado, adocenado e infantilizado. Evidentemente nada puede ser hoy, con un 50% de cada generación en las Facultades después de ser víctimas de la ESO, como cuando en España había 12 Universidades a las que acudía un 10% de los bachilleres, y después de un serio bachillerato que murió asesinado por el tardofranquismo. Así que estás en la Universidad de la LOGSE, y no es culpa tuya ni debes pagar las culpas. No es malo que te des cuenta, yo también me doy, de hasta qué punto es absurdo que los profesores se manifiesten para pedir que sus futuros colegas sean más mediocres, en oposiciones y concursos “aliñados”. Del mismo modo que es absurdo hacer huelga en un Instituto para pedir más laxitud (es decir, aún peor enseñanza), o que lo es protestar como estudiante en la Universidad. ¡Lo que tendría sentido es protestar para pedir más exigencia, más calidad y mejor formación, no más títulos-basura!

Descontento general con culpables conocidos

Hace poco, un estudio sobre “La situación de los profesores noveles” reconocía que “más de la mitad de los profesores españoles considera que los alumnos actuales son peores que los de hace unos años”. En la presentación, Álvaro Marchesi, gran responsable técnico del caos imperante en las aulas españolas y ahora secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), ha señalado que una de las principales conclusiones es que “los profesores están satisfechos de su docencia aunque preocupados por las dificultades que tienen para enseñar”.

Bien, bien: y si usted no hubiese creado muchas de esas dificultades (con la comprensividad uniforme e imposible de cumplir, con la integración ideológica, con la supresión de jerarquías y con la universalización de la mediocridad bajuna) estaríamos mejor Carlos, Maite y yo mismo. Marchesi basó la LOGSE en tres ideas revolucionarias y no las ocultó en absoluto: la enseñanza como camino hacia la igualdad total, forzosa y necesaria, asumida como dogma; la enseñanza como potestad del Estado antes que de la familia, y la enseñanza como instrumento de «modernidad», de «progreso», es decir, de revolución social y cultural.

¿Marchesi es culpable? Sí, pero sus culpas las comparten muchos políticos por acción, omisión o gestión. Las comparten los manifestantes ovejunos en defensa de los privilegios ajenos. Y por supuesto las comparten todos mis colegas docentes, que hoy se quejan de los estudiantes y del “nivel”, pero que siguen votando a quien impuso y mantiene esta mediocridad de la que os han hecho ellos víctimas. Desechos de seminario, relamidos de sacristía sesentayochista, pedantes de ateneo, horteras todos: callad ahora, porque si los jóvenes despiertan y os escuchan os arrasarán.

La batalla más dura será por la Universidad

Mariastella Gelmini, ministra italiana de educación, tiene ideas opuestas a las de Marchesi y a la legislación vigente en España. Acaba de restablecer en la escuela italiana la idea del maestro único para primaria, la calificación de conducta, las notas en lugar de unas “observaciones” insulsas, la obligación de que los libros de texto sean revisados por el Ministerio (que garantice su calidad y su veracidad, especialmente importante en determinadas materias), que esos libros sean válidos para al menos cinco cursos, que haya oposiciones basadas en los conocimientos de los futuros profesores y no en los años de interinidad o similares, y que se cree una asignatura de educación cívica y patriótica muy distinta de la de Zapatero. Todo ello sazonado con más libertad de elección para los padres, más autonomía real para los centros que funcionen bien y más formación de calidad en el sentido tradicional. Y la izquierda se ha echado a la calle.

Pero en Italia la escuela primaria y secundaria sirve sólo de excusa y anticipo para la verdadera batalla para la verdadera batalla, que va a ser como en España la de la enseñanza superior. La Universidad.

Hay demasiadas Universidades y demasiados universitarios. La izquierda ha tendido a universalizar lo que por su esencia es minoritario; y el productivismo ha tratado de convertir los ateneos en centros de formación profesional, cosa que sólo han sido tardía, parcial y secundariamente a lo largo de su historia. Hemos llenado los cuerpos docentes de funcionarios en oposiciones dudosas (hay ahora en Italia revelaciones escalofriantes, porque se ha empezado a hablar y a contar: ya veremos si se extiende la moda) .

Lo interesante del caso es en Italia y empieza a ser en España que los grandes privilegiados de un sistema fétido (oligarquía burocrática, izquierda doctrinaria, sindicatos del rebaño, casta de profesores que no profesan) están sirviéndose de las protestas para sus fines. Así que, Carlos, Maite, sed libres, pero no salgáis a la calle para defender la conservación de este fracaso que ni enseña, ni educa, ni forma, ni transmite el saber superior ni es eficiente en la investigación y ni siquiera prepara profesionalmente (algo que dudo que deba hacer como misión principal), sino para que los cambios –”Bolonia”- sean a mejor.

Cuando queráis poner un rostro a la situación actual pensad en nuestro glorioso y oxoniense campus de Milagro. O pensad en Irnerio, en Abelardo, en santo Tomás, en Newton o en Copérnico enseñando en Tudela. Y después sed exigentes, porque tenéis capacidad y derecho.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 26 de noviembre de 2008, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/caos-aulas-calles-porque-nadie-sabe-nada-90132.html