Rajoy: el partido de las libertades contra los prejuicios ideológicos

Por Pascual Tamburri, 12 de abril de 2009.

País Vasco y Galicia han definido el rumbo del Partido Popular: con la gente y sus necesidades. Si la España real se enfrenta a la rigidez de una ideología, no hay duda de qué lado elegir.

El profesor Luis Miguez ha explicado en estas mismas páginas cómo la victoria de Alberto Núñez Feijoo en las elecciones gallegas supone una lección para el futuro del Partido Popular. Para Miguez, “el PP debe cumplir sus promesas electorales y convertirse en el partido de las libertades“, lo que significa colocar a Mariano Rajoy del lado de la gente, de su libertad, de su seguridad y en definitiva de sus necesidades. Propuestas políticas concretas y cercanas, fáciles de comparar favorablemente con una izquierda atrofiada en sus prejuicios ideológicos. En el horizonte, las elecciones europeas del 7 de junio y más allá las autonómicas, municipales y generales (veremos en qué orden) que deben echar del poder a un PSOE contrario a la libertad de las personas.

Zapatero y los suyos hablan de una “ampliación de libertades”, pero se mueven directamente contra las libertades reales: esa ampliación incluye menos libertad lingüística, más aborto, más eutanasia, menos libertad de enseñanza y por supuesto continuas invocaciones a la “derechona”, el Opus Dei, la Guerra Civil y lo que se tercie. Para la izquierda la libertad sólo puede equivaler a la imposición de sus ideas: el comunismo marxista ayer, el progresismo socialdemócrata y buenista hoy. Y si los ciudadanos o la realidad se oponen a tales soluciones prefabricadas, tanto peor para unos y otra.

Cómo vencer al PSOE

Es evidente que frente a una izquierda monolítica, monoideologizada y ciega a la realidad el centroderecha tiene la oportunidad de cultivar su propio pluralismo y realismo: un espacio político amplio en el que quepan muchas personas y muchas ideas unidas por la defensa de la Patria y de la libertad. Un espacio variado, pero coherente y organizado. Y, naturalmente, un espacio que evite fosilizarse como el PSOE en un solo recetario ideológico. Por razones de pura coherencia, y también, por qué no decirlo, por un claro interés electoral. Si se consigue llevar a la gente esa diferencia radical entre unos y otros Rajoy podrá seguir creciendo.

A día de hoy lo que más preocupa a los españoles es la crisis económica. Habrá que ver en consecuencia cómo los prejuicios ideológicos del PSOE, llevados a la práctica del Gobierno, han agravado la crisis y han dañado a la gente. Zapatero no ha consolidado la posición internacional de España, y eso tiene grandes consecuencias en las finanzas y el empleo de España. Zapatero ha heredado un modelo económico que sirvió para sacar a España del pozo de Felipe González pero que no servía ya en una economía que había de pasar a ser contribuyente neta de la U.E. si efectivamente quería confirmarse como octava potencia del mundo; y no lo reformó. Zapatero multiplicó el gasto público y el volumen de funcionarios, y lo hizo sin aumentar estructuralmente la competitividad del país. Se cometieron errores tanto por acción como por omisión que hacen que, en definitiva, España sea el país que más empleo destruye y que peor horizonte tiene de su entorno.

Hay que ser sin embargo cuidadosos en las críticas a Zapatero. No se trata de enfrentar una ideología a otra, ni de despreciar el socialismo sin más: no sería más que repetir, invertido, su error. El error de Zapatero es precisamente haber cerrado los ojos a la realidad y haber aplicado un solucionario ideológico. Probablemente el problema no sea el volumen de gasto público, sino la calidad del mismo, como por otra parte ha coincidido en señalar incluso el premio Nobel Joseph Stiglitz: no es lo mismo derrochar en sueldos inútiles a amigos políticos que invertir en el futuro cuando el capital privado no puede hacerlo. Quizás no estemos ante un problema de excesiva intervención, sino de intervención torpe, ineficaz, sectaria, a destiempo y sólo al servicio de ciertos prejuicios. Y así sucesivamente.

No repetir errores conocidos

Los que desprecian todas las soluciones que no entran en su ideología me recuerdan a los blogueros que desde el anonimato nos piden que “demos más caña”. Al mismo género de razonamiento corresponde clasificar por definición como “tonterías” o “bobadas” todas las medidas económicas que no coincidan con el recetario liberal manchesteriano o austríaco, por ejemplo. No tiene sentido que nos enfrentemos a un socialismo que sólo acepta la libertad dentro del menú socialista con un panel que sólo admita la libertad para las medidas que se llaman a sí mismas liberales. Precisamente el valor añadido del PP es que puede ser liberal, intervencionista o mediopensionista según lo demande la realidad, mirando antes ésta que los polvorientos volúmenes de uno u otro estante. Y así lo hacen nuestros socios en Europa, al menos los que ganan elecciones y no se colocan en la marginalidad dogmática. Dicho sea esto sin recurrir a argumentos ligados a la doctrina social de la Iglesia y a la idea de subsidiariedad que no puede separarse de la de deber social.

No quiero unirme al coro de los que manosean valores y principios estos días. Con un ejemplo es más sencillo de explicar: si el padre de un antiguo alumno, única fuente de ingresos de la familia, queda en paro a los 56 años tras cuatro décadas de trabajo, ¿qué tenemos que decirle? ¿Qué confíe en el pensamiento mágico de Zapatero y que espere vivir de la sopa boba durante los próximos cuarenta años mientras Dios sabe quién cotiza por él? Seguramente sería la respuesta socialista, pero sería una respuesta engañosa y peligrosa.

Pero decirle que un especulador tiene derecho a despedirle sin más, que la propiedad privada no tiene límites ni genera obligaciones sociales, que el interés individual de un usurero vale más que él y que su familia, que se busque la vida, que deje que el libre mercado solucione su problema y que acepte trabajar en condiciones extremas, emigrar, cambiar radicalmente su vida y la de su familia, hacerlo en beneficio exclusivo de la multinacional de turno, y decirle que eso es la libertad, sería un error de las mismas dimensiones. Para bien o para mal, España es un Estado social y democrático de Derecho, fundado en el trabajo (aunque esto último sea explícito en Italia y sólo implícito aquí); tenemos y seguiremos teniendo una economía mixta, en la que el Estado tiene no sólo una amplia potestad reguladora sino incluso la posibilidad de convertirse en agente económico.

Nuestra derecha ha sido y debe seguir siendo, entre otras cosas, una derecha social. Denunciaremos la torpeza, la corrupción y los prejuicios cuando los veamos, pero a nuestra gente le diremos que se usarán todos los medios disponibles, sin anteojeras, para solucionar los problemas. El medio más adecuado en cada momento y para problema, sin que el Estado anule a la persona y sin que el individualismo destruya el bien común de la nación y de su instrumento soberano, el Estado. Y si no lo hacemos quizás seamos más perfectamente liberales, pero seremos también enemigos de la verdadera libertad.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 12 de abril de 2009, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/rajoy-partido-libertades-contra-prejuicios-ideologicos-95139.html