Polémica por los tres debates no europeos de las elecciones europeas

Por Pascual Tamburri, 23 de mayo de 2009.

Las elecciones del 7 de junio no son sólo europeas. Zapatero ha querido un plebiscito presidencialista. ETA volverá a participar. Y en Navarra la derecha vive confundida.

Podrían ser unas elecciones parlamentarias europeas, y nada más. Quizás deberían serlo. Pero de hecho son muchas más cosas, en medio de una confusión política que no sólo enfrenta unos partidos con otros, sino que crea fracturas internas dentro de ellos. Un escenario complicado que en Navarra lo es más por lo sucedido en el último año, y que multiplica el enorme esfuerzo que el PP tiene que hacer con Pablo Zalba, número 8 en la lista de Jaime Mayor Oreja.

Los retos nacionales importan más que los europeos

Guste o no, Bruselas está muy lejos. Esta Europa sí que tiene, por la lamentable provisionalidad de la UE, una identidad “discutida y discutible”. Y quien mejor lo está aprovechando es José Luis Rodríguez Zapatero: ya que los temas europeos no movilizan a la gente para votar a Juan Fernando López Aguilar, adelante con los temas españoles. Al fin y al cabo la cuestión es conseguir que los votantes de izquierdas vayan a las urnas y elijan al PSOE. Unos lo harán por miedo al dóberman del PP, otros por adhesión a los “nuevos derechos” y muchos por cree de verdad que la crisis es culpa de Aznar, de la extrema derecha, como si es de Ramón Narváez, de Viriato o de la guerra de Irak. Como si fuese de la de los Cien Años: con una buena propaganda –y éstos la tienen- los asuntos nacionales se pueden usar para conseguir un buen resultado electoral.

Frente a esto el PP podría caer en algunos errores que parecen evitados: encerrarse en querellas internas, retraerse ante el acoso Gürtel, hablar de la crisis en términos macroeconómicos que la gente normal no entiende o teme o renunciar al debate de principios contra los “nuevos derechos” escudándose en tecnicismos estúpidos que a nadie satisfarían. Mayor Oreja parece decidido a hacer su propia campaña, con los medios y las circunstancias que hay, y eso no es poco.

La legalización indirecta de ETA-Batasuna, al aceptarse la candidatura de Iniciativa Internacionalista, cambia también las reglas del juego. Al fin y el cabo el Constitucional no ha hecho más que aplicar los criterios garantistas de los que se sirvió Zapatero durante su “proceso de paz”. ¿Por qué lo que valía entonces no ha de valer ahora? Pagamos con esto los pecados de un PSOE que, de todos modos, sigue siendo la gran esperanza de victoria del mundo abertzale, porque conocen (al menos los más maduros y los más inteligentes) la naturaleza voluble y esencialmente antinacional de la izquierda española hoy mayoritaria.

En Navarra, taza y media

Son unas elecciones curiosas, en las que por primera vez en décadas UPN no participa. Navarra está perpleja, toda ella y por diferentes razones. El PSOE no se cree aún capaz de ganar, no quieren ni mencionar esa posibilidad. UPN duda, sabiendo que no participar es la única manera segura de perder. Los abertzales van divididos en tres candidaturas, y no pueden pensar en un sorpasso del PSOE. Y el PP de Navarra se estrena en solitario, con un candidato en puestos de salida. Toda una esperanza.

Lo complicado es, ante todo, saber qué harán los votantes habituales del centroderecha. ¿Abstenerse o votar al PP, a seis meses del divorcio? Para Ollarra, UPN y PP comparten “los mismos principios morales y sociales” y Zalba “llegará al Parlamento de Bruselas” de manera que cree que “los votantes regionalistas no tendrán duda”. Según el siempre sabio Uranga “votar al otro lado es reforzar en Europa el aborto libre, los ataques a la Iglesia y a su doctrina, los matrimonios homosexuales y una economía que nos ha llevado a la cola del continente”. Eso es tanto como indicar al PP navarro el camino de los principios y de la firmeza –sin concesiones a miedos, complejos, resabios pijoprogres o dietas light- para ganar sus primeras y decisivas elecciones.

La cuestión es cómo puede el PP relacionarse con los dirigentes de UPN por un lado y con sus bases por otro sin dejar de señalar los peligros que implica la cercanía del PSN-PSOE. Es, sin duda, complicado. Es por lo demás una tarea necesaria. Pablo Zalba hace dos semanas dijo de Miguel Sanz que es “un presidente de Gobierno que no ha sabido acabar con la altura de miras que se merece Navarra”. Ese es un camino, quizás acertado, aunque no el único posible.

Rajoy se la juega también en Navarra, no lo olvidemos

Fernando Vaquero ha señalado que la cuestión de Navarra tiene importancia nacional, porque las elecciones pueden decidirse por unos pocos miles de votos, que podrían ser los forales. Además, “en UPN los ánimos no están calmados. Y no están por ponerles al PPN las cosas muy fáciles. Las secuelas del divorcio siguen quemando y algunos comportamientos de ciertos dirigentes del renacido Partido Popular de Navarra no han gustado nada allí. Todo lo contrario. Hasta tal punto ha sido así que, pese a la aparente inclinación de la nueva presidenta de UPN, la alcaldesa de Pamplona Yolanda Barcina, en propiciar futuras fórmulas de entendimiento entre ambas formaciones, de momento ha prevalecido el criterio retributivo de un todopoderoso Miguel Sanz: no definirse de manera expresa. De este modo, además de salvar el orgullo propio propinando una sonora bofetada en público a los ´desagradecidos´, la formación regionalista no se indispondría particularmente con sus ´nuevos´ amigos del PSN-PSOE; a quienes en el pacífico transcurrir de su hermosa amistad debe, nada más y nada menos, el mismísimo Gobierno Foral”. Muchos peligros, como se ve.

“¿Podrá Pablo Zalba movilizar al entristecido electorado del centro-derecha navarro y arrastrarlo en las elecciones europeas del 7 de junio? No parece empresa fácil”. Aparte del factor ideológico –para nada menor-, Vaquero está preocupado por “la red capilar que UPN mantiene en casi cada pueblo y que a la pregunta de ´¿a quien vamos a votar?, ¿qué vamos a hacer?´, puede no responder; desmotivando a no pocos supuestos afines”. Es una cuestión grave en la que el equipo de asesores y jefes de prensa de Zalba se la juega, y todos con ellos, claro.

“El Partido Popular no lo tiene fácil. Tampoco imposible. Debe alcanzar el 7 de junio unos resultados dignos que no le cortocircuiten su implantación en la Comunidad Foral. No puede desairar más a las gentes de UPN. Deberá trabajar con decisión y voluntad de permanencia… con la mirada en el futuro reencuentro –el que sea- del centro-derecha navarro. Un verdadero laberinto”. Y desde Bruselas (donde ahora más que nunca los ciudadanos sabrán qué hacen, qué dicen, qué cobran y a qué se dedican) Mayor y Zalba tendrán que contribuir desde el 7 de junio a enderezar el PP que surja de las elecciones. Unas elecciones en las que, ciertamente, como navarros y como españoles nos jugamos algo más que otras veces. Aunque no todos sean igualmente conscientes.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 23 de mayo de 2009, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/polemica-tres-debates-europeos-elecciones-europeas-96766.html