Tres tipos de políticos: corruptos, trepas y… ¡honrados!

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de noviembre de 2009.

Ser político suponía antes sacrificarse por el bien de la comunidad. En la España de Gürtel y de Faisán, de Zapatero y de Pepiño Blanco, es un negocio y un lujo. Salvo para los honestos.

Daniel Montero Bejerano, La casta. El increíble chollo de ser político en España. Derroches, comilonas, regalos y privilegios inconfesables. La Esfera de los Libros, Madrid, 2009. 286 pp. 22 €


José Andrés Burguete, El centro político en Navarra. Artículos, análisis y reflexiones. Prólogo de Juan Cruz Alli Aranguren. Sahats, Pamplona, 2009. 280 pp. 15 €

Decir gentuza es quedarse muy corto. Cuando nuestros biznietos lean el libro de Daniel Montero tendrán de nuestra época –de los políticos de nuestra España- una imagen casi degenerada, peor que la que hoy tenemos de los años de don Antonio Cánovas del Castillo y de mi admirado don Álvaro de Figueroa y Torres. El conde de Romanones, al fin y al cabo, no entró en política para medrar, porque ni necesitaba un cargo público para vivir, ni paliaba con su escaño la falta de títulos académicos, ni ocultaba con dispendios de dinero público inexistentes complejos de clase y relumbrón, ni necesitaba un ministerio para hacer favores, para tener coche, para disponer de criados y de escolta. Cojo y descreído, bolonio y conde, escéptico y desprendido, Romanones creía imposible una regeneración rápida y milagrosa de España y actuó en consecuencia. Se llevó la mala fama pero no fue un corrupto, al menos no como los que han venido a ocupar su lugar.

Gentuza he dicho, sí. Sé que es generalizar injustamente, pero Daniel Montero dibuja un panorama en el que lo difícil es no dejarse llevar por el ambiente de dinero y comodidades fáciles, y en el que los políticos honestos –que los hay y muchos, y no repartidos por igual- son progresivamente expulsados por los que viven de lo público como nunca soñaron con vivir de lo suyo, casi siempre no ilegalmente pero sí inmoralmente para quienes creemos que hay unos principios de conducta. Los lujos, las comodidades, los enriquecimientos son lo de menos: lean el libro de Montero y se sonrojarán de ser españoles.

Lo de más es el ambiente general de alcantarilla en el que vivimos: por una puerta de la casta de 80.000 cargos electos y sus vasallos salen los políticos honestos, que militaron por principios y se han hartado de luchar contra los trepas que los sustituyen; por otra entran las jóvenes promesas, raramente ya llamadas por los principios o los ideales, sean los que sean: entran a usar la política para ascender, brillar, cobrar, gozar, hozar… y se nos descuidamos poner cara de virginal doncella asustada cuando sean pillados en una mentira, un enredo, una difamación o, ay, un mal uso de los dineros de todos.

Quien quiera nombres y casos tiene una mina en el libro de Montero. No quiero estropearles la lectura ni el día contándoselo. Citaré sólo uno, y para bien, como lo hace Montero. El 22 de abril de 2008 el eurodiputado navarro del PPE Javier Pomés puso a votación una norma para controlar los gastos fraudulentos de sus colegas, incluyendo el enchufe puro y duro de asistentes y otras bicocas. Lo consiguió, pero fue sin el voto de cientos de esos mismos colegas. La Casta, sin distinción de siglas, defiende sus prebendas y se considera más allá de toda norma moral. Una nueva aristocracia, pero, eso sí, basada en el pasilleo, el peloteo, la puñalada cobarde y, ni que decir tiene, el demérito antes que el mérito. Triste pero aleccionador.

Quedan políticos honrados o educados, y nada tiene que ver con siglas y partidos.

Sabemos que hay corruptos. Sabemos que unos son ladrones, otros simplemente usuarios inmorales, pero lo necesariamente ilegales, de los beneficios dorados del poder. Sabemos también, y Montero lo deja muy claro, que no es siempre sólo cuestión de dinero y de gasto. Hay quien queda deslumbrado por el prestigio social fácil, que quizás nunca tuvo o que habría tenido que trabajar duramente para conseguir. Y las comodidades. Y el sexo, por qué no. Bien, hay corruptos pero ¿quiénes son? Y ¿quiénes no son?

Esas dos preguntas son las que exigen una respuesta más urgente. Si no las contestamos el riesgo es que todos los políticos y todo el sistema político de los partidos queden manchados para siempre por la corrupción. En ese sentido iba la iniciativa de mi amigo Javier Pomés. La regeneración pasa, sí, la discriminación: apartar las ovejas negras del rebaño, ante todo, y decididamente no dejar que los corderos negros crezcan dentro de él, que no se conviertan en líderes, que no coqueteen con los lobos para beneficiarse ellos. Si queremos evitar que la corrupción de todos los tipos mate la política hay que eliminar a los corruptos e impedir que sus imitadores entre o asciendan.

Esto de la corrupción no va, ay, por siglas. Hay deshonestos cerca y honestos muy lejos. Tampoco es tan extraño, por la misma razón uno puede tener amigos que no sean de su partido y viceversa. Alguien que no ofrece la mínima duda es, por cierto, José Andrés Burguete, líder de Convergencia de Demócratas de Navarra, con quien se pueden no compartir algunas ideas y decisiones pero a quien no cabe negar ni la educación en el trato, ni la corrección en el estilo ni, por cierto, la habilidad para navegar con un barco pequeño en medio de la galerna política que padece Navarra.

Burguete ha presentado este mismo otoño, reunidos en un libro que prologa su predecesor y casi siempre mentor Juan Cruz Alli, sus artículos e intervenciones periodísticas de los últimos años. ¿Un político escribiendo? Tampoco es tan raro, y seguramente si alguien lo necesitaba hacer ahora es Burguete. CDN ha sido la cara y la cruz del centroderecha navarro desde 1995 hasta hoy. Nacido como escisión de UPN (y contra su pacto con el PP después de haber disfrutado de sus beneficios), CDN gobernó con socialistas y abertzales un año, hasta que la corrupción socialista y la presión abertzale hicieron aquello insostenible. Desde 1996 a 2003 formaron en la oposición, con un progresivo acercamiento a UPN-PP, favoreciendo la gobernabilidad de Navarra. Entre 2003 y 2007 Burguete fue consejero foral de la cartera más ambicionada por los corruptos, la de Vivienda y derivados, y se han criticados sus decisiones pero jamás su honestidad. Lo mismo, en lo bueno y en lo malo, cabe decir de los consejeros convergentes de esta legislatura.

Hace poco que el presidente Miguel Sanz ha decidido prescindir de sus socios convergentes. Ya no eran necesarios, porque no daban la mayoría y dificultaban la relación con el PSOE que algunos en UPN consideran esencial. ¿En qué posición queda Burguete? A la busca de un espacio político propio y con las encuestas en contra, hasta el punto de poder llegar a ser extraparlamentario. Con un centroderecha lleno de siglas, ¿qué puede hacer Burguete?

Su libro, magníficamente editado por José María Domench para Sahats (como hace dos años editó los versos de Pello Urquiola Cestau) es una respuesta a sus necesidades. Burguete, desde el título, trata de definir sus siglas como las del “verdadero centro”, es decir en términos ideológicos: se trataría de ver, en su escrito y en su actuación, un navarrismo abierto, templado, dialogante, no dogmático y pragmático. Yo, sinceramente, no creo que las posibilidades de Burguete y las virtudes de su libro vayan precisamente por ahí. Burguete, pretendidos matices ideológicos aparte, aparece en su actuación como lo que es, un navarro sencillo, honesto, en el que uno puede confiar aunque discrepe. El ´centro´, si es que existe, no deja de ser un alias de la derecha (no lo invento yo: es doctrina politológica consolidada, que hasta alguien tan poco leído como Adolfo Suárez conocía), y su mérito no está en tener ideas diferentes sino en saber hacer política real, con los mimbres reales, en todas las direcciones. A ser posible sin perder el rumbo.

Por eso interesa el libro de José Andrés Burguete, que seguirá siendo en los próximos años un actor esencial de la vida pública navarra. Por eso interesará aún más el libro de José Ignacio Palacios, que presentará María Dolores de Cospedal en Pamplona el jueves 19, aunque algo quizás contemos aquí antes. Y atención a la jugada: ni Burguete ni Palacios son corruptos en ninguno de los sentidos propuestos por Montero, y eso es como tener dinero en el banco en estos tiempos de crisis… moral.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 13 de noviembre de 2009, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/tres-tipos-politicos-corruptos-trepas-honrados-102398.htm