La actividad del Papa hace que se sumen peligros y enemigos

Por Pascual Tamburri, 29 de diciembre de 2009.

La vida del Papa estuvo en peligro. Benedicto XVI no intenta ser políticamente correcto, y eso implica gran riesgo en el siglo XXI. Es hora de volver a las buenas prácticas tradicionales.

Susanna Maiolo no es, desde luego, Ali Agca, y el empujón de la Nochebuena no pasa de ser un susto sin demasiada importancia. Pero alguna tiene, porque el cardenal Roger Etchegaray ha tenido que ser ingresado y operado, y porque se ha demostrado una vez más la vulnerabilidad del entorno del Papa. Un entorno en el que se deciden demasiadas cosas y de demasiada trascendencia como para permitir que se bromee.

Un Papa de molesta continuidad

Joseph Ratzinger fue elegido Papa en 2005, a la muerte de Juan Pablo II, cuando muchos sectores progresistas dentro y especialmente fuera de la Iglesia esperaban un cambio de tendencia o, en el peor de los casos, un pontificado breve. Ninguna de las dos cosas se ha verificado. Benedicto XVI parece firmemente decidido no sólo a beatificar a su predecesor, sino además a llevar adelante todas las grandes decisiones de éste. Si hay discontinuidad será, en todo caso, porque el teólogo Ratzinger no se arredra en la lucha de las ideas y hace menos concesiones –incluso formales- a las modas de nuestro tiempo. Y, para colmo, no muestra intención de morirse pronto.

Las razones por las que Benedicto XVI es molesto para muchos, sin distinción de izquierdas y de derechas, quedaron resumidas en las alocuciones que siguieron al incidente Maiolo: la Misa del Gallo, la bendición del día de Navidad y las palabras dirigidas a España el Día de la Familia. Frente a un mundo materialista, en el que se niega la idea misma de verdad, prevalece un laxo relativismo burgués con o sin adornos socialistas y se afirma la centralidad de la economía, el Papa enseña que «el egoísmo, tanto del grupo como el individual, nos tiene prisionero de nuestros intereses y deseos, que contrastan con la verdad y nos dividen unos de otros». Cierto que Juan Pablo II no fue menos contundente en esta dirección, pero sus palabras tendían a interpretarse sólo en clave anticomunista. Y lo que queda ahora definido como alternativo a la cristiandad es el conjunto de ideologías ilustradas.

El Papa ha instado al mundo a redescubrir la simplicidad del mensaje de la Navidad, en su bendición Urbi et Orbi. No hay que olvidar que esta Navidad y su incidente vaticano han llegado precisamente cuando en Europa se libran grandes batallas públicas a favor y en contra de la libertad de los cristianos. Asumiendo sin complejos que la Iglesia es universal, Benedicto XVI sabe y no oculta que el futuro a corto y medio plazo de la Iglesia se libra en Europa y, en todo caso, en Norteamérica. La presencia de los signos cristianos, la definición de la familia, la libertad de la educación y de la enseñanza, la naturaleza misma de la vida están en discusión ahora mismo en el Viejo Mundo, y el Papa parece creer que esas batallas merecen ser dadas y pueden ser ganadas con él mismo en primera línea. No es por tanto raro que la seguridad del Pontífice –de un hombre tan molesto especialmente para los que se suponen cercanos a él- preocupe.

¿Cómo no iba a preocupar, si miles de millones de euros se mueven cada día contra lo que el Papa es, dice y representa? Convendría a muchos un Papa light, que se entretuviese en la chorradita de los plazos del aborto, o en otros tantos caminos sin salida en los que acallan sus conciencias quienes en el fondo aplauden lo que se está haciendo en España y en Europa pero esperan lucrarse sin coste del esperanzado voto de los cristianos.

¿Por qué no una solución tradicional?

El Papa es, en este mundo global, una especie de párroco universal. Ya Juan Pablo II ejerció como tal, y Benedicto XVI lo está haciendo con aún más prestancia ya que todo parece haberse puesto en cuestión a la vez. No se trata ya de lejanas persecuciones de los cristianos, sino de cotidianas agresiones a la dignidad de la vida humana o, peor aún, de defensas tibias, pacatas, acomplejadas o mediocres. Políticos que hacen su fortuna en el equívoco y las medias palabras, líderes que callan lo que creen y adversarios que no renuncian ya a nada tienen que ser señalados desde Roma. Nunca como ahora la función universal de la curia romana responde a una necesidad.

Ahora bien, si el Papa debe ser a la vez protegido y visto por el pueblo, si no puede encerrarse pero no debe arriesgarse, si hay que colocarlo en lo alto y a la vez impedir que se corte su voz molesta para tantos, ¿qué hacer? No es un problema nuevo, ciertamente. Hasta que se ingenie algo mejor, si existe, ¿por qué no reforzar las medidas seculares de seguridad que ni siquiera Pablo VI desdeñó? Con la Guardia Noble y la Gendarmería unidas de nuevo a los suizos, y con el Papa llevado por los sediarios en la silla gestatoria el incidente de la Nochebuena habría sido impensable y, en el futuro, los enemigos de la voz de Pedro verían menos oportunidades de hacerla callar. Menos google y más silla gestatoria, Santidad, que los buenos se sentirán reforzados y los malos no irán por ello a peor.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 29 de diciembre de 2009, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/actividad-papa-hace-sumen-peligros-enemigos-103891.html