La tragedia griega de la clase media española: sólo es el principio

Por Pascual Tamburri, 8 de febrero de 2010.

En 2008 la izquierda negó la crisis, llamó antipatriotas a los que la explicaron y ganó las elecciones. Hoy quiere que la clase media española pague su error. ¿Qué hará el PP?

Grecia está en situación de bancarrota técnica, no cumple ninguna de las condiciones para acceder y permanecer en la Unión económica y monetaria y depende para todo de la buena voluntad de sus socios europeos. Que de hecho han tomado las riendas de las grandes decisiones en Atenas. Poco más o menos una edición ampliada de lo que antes pasó en Islandia. Sangre, sudor y lágrimas para pagar los dispendios de los años de bonanza. Una tragedia para quienes ven desaparecer sus lujos, sus ilusiones y su bienestar sin poder hacer nada más que obedecer, o casi.

¿España es diferente? Sólo por su volumen, por su número de habitantes y por las cifras que se manejan, que han impedido hasta ahora que sea sometida a un trato similar. Es posible, pero no seguro, que la Unión Europea y las instituciones financieras internacionales dejen al Gobierno español guardar las formas y adoptar por si mismo las medidas de duro ajuste que por las buenas o por las malas se avecinan. No se trata ya de las vacas flacas bíblicas, sino de una obra de teatro para que sigamos soñando con los tiempos de gloria económica pasados para siempre.

La España de Zapatero juega en segunda

Empezó eligiendo la segunda división política, diplomática y militar a partir de 2004, o quizás ya antes. Siguió optando por la segunda división intelectual y moral de los «nuevos derechos», las igualdades, las memorias, los estatutos, las treguas, los abortos, el caos autonómico, la vergüenza educativa y todo lo demás. Ahora está en segunda en economía y finanzas, que se suponía que era nuestro punto fuerte y, además, el punto de acuerdo entre todas las fuerzas políticas. Si no hay un cambio podemos seguir bajando.

Los que van a pagar te saludan

Todo esto importa poco al emperador Zapatero. Él llegó al poder mintiendo, lo conservó mintiendo y no parece que vaya a cambiar. Millones de españoles sanos de cuerpo y mente lo han elegido. Muchos de ellos, y de los que nunca lo han votado, van a pagar a partir de ahora la factura de una opción ideológica.

Las cuentas públicas son insostenibles. Antes o después, y cuanto más tarde peor, habrá que cortar por lo sano. España no tiene soberanía monetaria, y puesto que no puede ni cerrar su mercado nacional ni crear más moneda para financiar un crecimiento de tipo keynesiano –sólo podría hacerlo rompiendo los lazos europeos- la salida está muy clara: más impuestos, menos gastos, menos inversión; más contribuciones sociales y menos servicios; menos masa salarial, sea por las malas con un descenso de los salarios o por las muy malas con un aumento del paro. Un paro que será además estructural porque España ha vivido por encima de sus posibilidades y sólo puede competir (en un mercado abierto como el que nadie discute que debemos aceptar) en unos pocos sectores económicos, no precisamente los más punteros en los años de esplendor.

Durará años, y durante esos años pagarán la generación del baby boom y la siguiente, crecidas en medio de la riqueza y sin contacto con nuestra triste realidad. Y no pagaremos todos por igual: nuestro sistema político y fiscal hará que los grandes beneficiarios de la riqueza pasada la tengan ya a buen recaudo, mientras que será la clase media, el pequeño ahorrador, el que paga su hipoteca con esfuerzo o el que quiso algo mejor para sus hijos, la gran sacrificada ante una fiscalidad populista por un lado y regresiva por otro. Unos votaron a ZP, otros no, pero todos ellos se arriesgan a morir sin que hayamos terminado de pagar.

¿Qué hará el PP?

El martes 9 de febrero Mariano Rajoy es entrevistado en los desayunos de TVE. El líder del PP, allí y en todas partes, deja claro que él y su partido son la alternativa. Tiene razón, aunque sería preferible dejar bien claro dónde está el problema y cuál es la respuesta. El zapaterismo ha generado una crisis única porque ha subordinado la decisiones económicas a su proyecto ideológico de una nueva España. La respuesta no debería ser –si quiere ser más que un parche pasajero de emergencia- poner la economía por encima de todas las cosas, sino borrar ante todo de la vida española las decisiones que nos han llevado a ser lo que somos.

No hay que tener miedo a hacer política, y a responder con política a la política, como explicaba muy bien en estas páginas el profesor Luis Miguez. No se puede ser neutrales en todo lo demás y subordinarlo todo a la economía: Manuel García Pelayo decía que «la política es justamente lo contrario de la neutralidad», y que «lo que en la vida del Estado no sea polémico no pertenece a la política sino a la Administración». Pues bien, ha llegado la hora de ser polémicos y de colocar un cambio en la enseñanza, en los valores, en la unidad nacional, en la justicia social y en patriotismo en los cimientos de nuestra reconstrucción económica. Para que ésta sea sólida y para que la recuperación que venga no sea la antesala de un nuevo zapaterismo.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 8 de febrero de 2010, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/tragedia-griega-clase-media-espanola-solo-principio-104866.html