El antepasado político de Aznar le da mil razones para hacer una higa

Por Pascual Tamburri, 24 de febrero de 2010.

La izquierda puede insultar, los nacionalistas matar y los de la ceja mentir, pero un líder la derecha no tiene permitido ni un gesto de desdén. Una vieja historia, con trasfondo Borbón.

Ellos le llamaban asesino. Pero él tenía que callar. Ellos, como mínimo, le gritaban «hijo de puta». Pero él no podía permitirse un gesto de menosprecio, de desprecio, de asco o de rechazo. Ellos han pedido su muerte en las plazas, y las han llenado para forzar un resultado electoral hace seis años. Pero él debería ser un silencioso caballero estoico, ni higas ni peinetas ni saludos alusivos a la catadura de sus adversarios. Y encima nosotros, como José María Aznar, tenemos que aguantar lecciones de buenas maneras de horteras del calibre de Fernando G. Delgado, de Elena Valenciano o de María Teresa Fernández de la Vega.

Hace mucho que la derecha española empezó a ser tratada como si fuese una débil mental, como si sus hombres y mujeres no tuviesen la misma legitimidad que sus rivales, como si, en realidad, el sistema político perteneciese a la izquierda y la derecha sólo pudiese ocuparlo temporalmente, pidiendo perdón y, por supuesto, dando por buenos todos los principios de la izquierda y renunciando a aplicar los propios al vencer en las urnas.

Una «peineta» a tiempo es un acierto político

Hace algo más de un siglo la derecha española había ganado las elecciones. Tenía una mayoría parlamentaria suficiente. Tenía un proyecto de regeneración democrática claro, que implicaba limpieza electoral, simplificación en los partidos, modernización del país, desarrollo económico y mejoras sociales. Ese proyecto tenía el apoyo de muchas personas, pero la enemistad declarada de la oligarquía del dinero, de los medios de comunicación y de los políticos profesionales, incluyendo los de su propio partido, así como la hostilidad de los progres dentro y fuera de su país y de misma Corona a la que sinceramente quiso defender como nadie.

Aquel hombre se llamó Antonio Maura. Maura se enfrentó a la extrema izquierda de la Semana Trágica, y fue dejado solo por la izquierda supuestamente moderada, por los hombres de la cultura, por parte de su partido y por el abuelo de don Juan Carlos.

Lo que pasó en 1909 fue una de las causas remotas de la Guerra Civil. Maura fue acusado de asesino, de culpable de guerras y muertes y separado de la política. La derecha se refugió en los negocios, se dividió o perdió fe en el sistema. La izquierda se creyó dueña del mismo. Así terminó todo. Sobraron muchas cosas, pero una de ellas fue educación y moderación por parte de la víctima, de don Antonio Maura: una higa a tiempo a los trepas de la derecha, a la izquierda prepotente y a la Corona listilla –también entonces quería consensos desequilibrados- habría sido un gran bien.

También Aznar se equivocó: sobró la llamada «peineta» de Oviedo de 2010. Tenía que haberla hecho, física y políticamente, en 2003 y especialmente en 2004. No la hizo entonces, exactamente como Maura no quiso hacerla. Es de esperar que el exceso de educación no sea tan funesto en este siglo como en el anterior. La izquierda desea, por su parte, lo peor.

Navarra: la incertidumbre sin maurismo

La situación política navarra, en especial la de la derecha hija de Aznar aunque sea renegada, es grave y se agrava, sin duda para regocijo de mis admiradores de Gara. Si las cosas fueron ya complicadas en 2003 y más en 2007, entre 2010 y 2011 podemos asistir a cosas insólitas. La izquierda no sube, baja incluso en las encuestas y ahora se permite el lujo (no intelectual precisamente) de implantar la corriente Izquierda Socialista de la mano de Imanol Cobos y José Luis Úriz. Pero la derecha, los votos de la derecha al menos, pueden dividirse hasta crear una mayoría artificial que la izquierda no dudará en poner al servicio de los abertzales. Ana Cadena Cizur ha sido nombrada presidenta de la gestora de Centro Democrático y Social (CDS) en Navarra (éramos muchos y parió el centro). En UPN se inicia el lento proceso de elaboración de listas que, sin la experiencia de Miguel Sanz, puede dejar muchos heridos por el camino. En el PP, además de pleitos varios y de añoranza ¡del PDP!, el militante Andrés Valencia Ciordia ha sido nombrado delegado regional en Navarra de Democracia y Libertad en el PP, una corriente crítica. Y tenemos naturalmente el CDN de Andrés Burguete y la previsible candidatura de UPyD. En suma, los votos que en 1991 configuraron una sola lista hoy pueden derivar en media docena.

Falta Aznar, o en su defecto alguien capaz de mostrar el dedo corazón a la corrección política. Esperanza Aguirre en ABC del 17 de enero nos explicó cómo cree que la clase política del país carece de formación suficiente para dedicarse a los cargos con independencia, ya que muchos no «llegaron a la política con sus carreras, sus oposiciones y su profesión». Y «eso es fundamental para ejercer con independencia». «Si todos los que llegan a la política hubieran cotizado antes a la Seguridad Social, no hubiéramos tenido el caso Gürtel en el PP», apunta. Es sólo una parte del problema, pero una parte importante. Más lo es que, como he dicho varias veces, debe haber «espacio para todas las personas capaces, aunque sean amigas de líderes defenestrados». Pensemos en la alternativa: el destino político de Antonio Maura. Me van a permitir que me quede con Aznar, con su dedo ofensivo y todo.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 24 de febrero de 2010, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/antepasado-politico-aznar-razones-para-hacer–105215.html