La distancia de Juan Carlos I a Balduino I, a punto de ser medida

Por Pascual Tamburri, 27 de febrero de 2010.

La Corona está al servicio de España y no de sí misma. Si además quiere ser católica tiene múltiples opciones de demostrarlo como hizo en su día el rey de los belgas.

Monseñor Juan Antonio Martínez Camino es un hombre sutil y prudente. Su orden le enseñó a serlo y su función quizá le obligue a ejercer como tal. El viernes 26 de febrero nos hemos desayunado con la feliz noticia de que «la situación del monarca no es la misma que la de los parlamentarios católicos que votaron libremente la polémica ley de interrupción voluntaria del embarazo«. Traducido del curial al castellano: los católicos que promueven, favorecen o practican abortos están fuera de la comunión de su Iglesia, y esto incluye a los diputados y senadores. No se dice en cambio que el Rey lo esté, pero tampoco que no lo esté. Sólo que su caso es «único y complejo», y que en definitiva nada se dirá desde los púlpitos o desde Roma en su condena. Tampoco en su apoyo.

Siempre he tenido como hombre de palabra y de principios a Víctor Manuel Arbeloa, senador socialista y católico que, prevaleciendo ontológicamente lo segundo sobre lo primero, no votó ya la primera ley abortista, la de los tres supuestos de Felipe González. Juan Carlos I, Rey Católico de España, heredero de muchas tradiciones familiares que tienen en común el ser cristianas, sí firmó esa Ley.

Don Juan Carlos desciende de San Fernando III y de San Luis IX. No dudamos qué habrían dicho y hecho tales antepasados en caso semejante. Sí comprobamos entonces que el monarca felizmente reinante no es como ellos, y ni siquiera como Arbeloa, o como el concejal socialista Joaquín Manuel Montero.

La Corte y sus cortesanos ya dijo entonces y repite ahora que «el rey de España no es el rey de Bélgica». Cosas de cortesanos y cortesanillos, pero muy ciertas en este caso: el rey Balduino ejerció de católico al negar su nombre al pie de una ley abortista. Otros no. Un acto meramente formal, porque el Rey no legisla ni en Bélgica ni en España; pero una llamada de atención ejemplar que demostró que en plena modernidad aceptar las imposiciones ideológicas de la izquierda es una decisión, no una necesidad. Se firma lo que se quiere firmar, si se está dispuesto a pagar el precio de no hacerlo. Hubo quien lo estaba –en Bruselas-, y parece que hay quien no lo está –en Madrid.

El caso del aborto es sólo uno más, aunque moralmente sea el más grave, en la interminable lista de desdenes de nuestra actual Monarquía a la derecha social, y de evidente preferencia por el proyecto político, social, cultural y moral de la izquierda. El profesor Luis Miguez acaba de poner atinadamente esta actitud en el «debe» de la institución. Nuestra historia demuestra que cuando el rey o la reina prefieren una opción política frente a otras las cosas terminan mal en España. Tendrá que pensarlo el monarca, que protocolariamente sigue llamándose católico, además de mantener ceremonias, órdenes y ritos confesionales en recuerdo de tiempos pasados. Y tendrá que pensarlo el PP, porque la derecha social espera del partido de Mariano Rajoy que cuando gobierne lo haga conforme a sus principios, y no a los de la izquierda; y que no transija, nunca más, con las debilidades zurdas de Su Majestad.

La Corona está al servicio de España y no de sí misma. Si además quiere ser católica tiene múltiples opciones de demostrarlo. Una ola de indignación recorre el país, y sorprenderá saber que no es Zapatero, salvo en lo económico, el que más exalta a millones de hombres y mujeres de la derecha. Bélgica, en efecto, era diferente.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 27 de febrero de 2010, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/distancia-juan-carlos-balduino-punto–105303.html