Los atentados del 11-M o la T4 no habrían terminado igual en Moscú

Por Pascual Tamburri, 31 de marzo de 2010.

Rusia ha vuelto a sufrir un atentado terrorista. Pero no se pide diálogo, ni tregua, ni tolerancia, ni moderación. El terror es enemigo de la paz pública, y sólo le espera la destrucción.

El lunes santo de 2010 dos explosiones sacudieron Moscú. Las estaciones de metro de Lubianka y Park Kulturi fueron voladas por terroristas del Cáucaso en plena hora punta. Dos atentados suicidas perpetrados por criminales separatistas de esa región de Rusia, con cuatro decenas de muertos y bastantes más heridos. Un inicio horrible de una Semana Santa en la que, por excepción, coincide la fecha de la Pascua de la Iglesia latina y de la mayor parte de Iglesias orientales coincide. Rusia, el mayor país de Europa, la otra frontera de la Cristiandad durante siglos, es atacada en su corazón. También Madrid conoce esa sensación. Pero no todos son parecidos con España.

Poco después de los atentados, y una vez confirmada la autoría y la gravedad de los mismos, el primer ministro ruso hizo pública la respuesta de la nación al ataque. Para Vladimir Putin se trata de “un crimen terrible por sus consecuencias y abyecto en su forma”, y como contestación “los organismos de seguridad y justicia no escatimarán esfuerzos para localizar y castigar a los criminales”, de manera que “los terroristas serán destruidos”. En los días siguientes se ha abierto en Rusia un debate público sobre la posibilidad de endurecer las penas contra los terroristas; teniendo en cuenta que un terrorista que cause una muerte puede ser condenado a cadena perpetua (trabajos forzados incluidos, es Rusia), se trata de la conveniencia o no de restablecer la pena de muerte para este tipo de crímenes.

Hay otras respuestas al terrorismo, es cierto. Pero todas ellas pasan por admitir de alguna manera la legitimidad al terrorista o a su acción. Prescindiendo del asunto de la pena de muerte, para la que tengo una objeción moral en tiempo de paz aunque entiendo los argumentos en otro sentido, Rusia y sus dirigentes son coherentes con la dignidad de su país. El terrorista es un enemigo de la paz pública, no es un interlocutor. No se negocia con él. No se autorizan partes del movimiento terrorista, aunque tácticamente elijan durante un tiempo no matar para presentarse a las elecciones, estar en las instituciones y desde éstas reforzar al grupo de criminales. El único destino de un grupo terrorista en un Estado que quiera seguir vivo es la destrucción.

Putin es un defensor honesto de su país. Uno no se imagina un bar Faisán en Chechenia, ni a Putin negociando cesiones a los terroristas, ni a éstos siendo liberados. El terrorismo no es política. El terrorista, por definición, es un enemigo de la convivencia nacional. Prohibir los grupos terroristas y condenar a todos sus miembros por pertenencia a banda armada, además del resto de delitos que a cada uno de ellos se pueda imputar, no supone negar la libertad ideológica, sino defender las libertades individuales y colectivas de la nación soberana.

Putin está muy lejos. Pero José Luis Rodríguez Zapatero está muy cerca. Yo no sé cuánto habría aguantado nuestro presidente gobernando Rusia, pero dudo que la política que ha llevado durante seis años (y más) frente al terror y los terroristas hubiese sido muy aplaudida en Moscú. Un checheno terrorista sabe que, antes o después, será como mínimo capturado y sin perspectivas de indultos, benevolencias o prisiones atenuadas como Iñaki De Juana Chaos, ese héroe. Un terrorista etarra sabe ahora que, antes o después, los mismos que lo mandan detener volverán a negociar, como antes hicieron, porque anteponen el interés de su sigla al de su país.

En materia antiterrorista Putin es de fiar. Zapatero no. En ambos casos, aparte de por sus declaraciones, por sus méritos pasados, basta recordar la T4. ¿En qué parte de Siberia estaría Arnaldo Otegi, el “hombre de paz”, si fuese checheno? Como Zapatero no resiste la comparación, y aunque esté mal recordarlo, tiendo a creer más en las intuiciones de Jaime Mayor Oreja que en el voluntarismo, a veces bienintencionado, de sus críticos.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 31 de marzo de 2010, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/atentados-habrian-terminado-igual–106055.html