El día que Zapatero nos robó la pensión y la sanidad

Por Pascual Tamburri, 13 de diciembre de 2010.

La destrucción de MUFACE y del régimen de clases pasivas no soluciona ningún problema de la seguridad social y crea un problema nuevo.

¿Demagogia? Los medios de comunicación del Gobierno se están cebando con el PP a cuenta de la actitud de éste frente a la reforma de las pensiones y de otras prestaciones sociales. El PSOE está adoptando una retórica de Estado, que, desde el felipismo hasta el estado de alarma, se ve que les gusta. Ahora va a resultar que José Luis Rodríguez Zapatero, ese patriota, se sacrifica por todos nosotros y antepone los intereses de la nación a los de sus posibles votantes. Las encuestas dicen que cada vez menos les creen, pero ellos han repetido tantas veces su palabrería que han terminado por creerla.

En tiempos de crisis es fácil caer en la tentación del populismo, de la demagogia. ¿Pero hay fundamento para acusar de algo así precisamente a este PP? ¿No es más bien otra cortina de humo de un Gobierno que, así como en lo ideológico sabe bien dónde va, en lo económico ha perdido completamente el rumbo?

España afronta un enorme problema de seguridad social, con unas prestaciones costosas que se financian con cargo a un monto salarial insuficiente. No lo es aún, en realidad, pero Zapatero se ha visto lanzado a una serie de políticas asociales, tendentes a aumentar los ingresos y reducir los gastos. En medio de esa vorágine ha proclamado su intención de declarar a extinguir el actual modelo de protección social de los funcionarios del Estado. Un modelo que a lo largo de muchas décadas ha demostrado sus virtudes, que ha supuesto y supone un ahorro para Hacienda y una cobertura más satisfactoria para los afectados. Si esto es así, ¿por qué los socialistas quieren destruir MUFACE?

A día de hoy, y con distintos regímenes, los funcionarios del Estado tienen sus pensiones y su asistencia sanitaria garantizadas por una serie de mutualidades, de las que la más importante es la de funcionarios civiles del Estado. El Estado, contratante, paga menos de lo que pagaría si esas personas contratadas estuviesen en el Régimen General de la Seguridad Social; y los mismos funcionarios no sólo pagan la mayor parte sino que además pagan menos de lo que pagarían en la Seguridad Social y, cosa importante, eligen libremente qué empresa privada, o la sanidad pública en su caso, los atiende en caso de enfermedad.

En resumen: parece que el sistema de mutualidades está en amplio superávit, que cuesta menos al Estado y que tiene más satisfechos a los usuarios. ¿La conclusión lógica es suprimirlo? Naturalmente no. Pero tiene el PSOE una vieja enemiga contra las mutualidades, como contra todo aquello que evite la igualación proletaria de todos. Y la Seguridad Social está en dificultades, evidentes si pensamos en nuestra estructura nacional: masas de pensionistas y de parados descansando sobre cada vez menos (en proporción) trabajadores activos. El ahogamiento de MUFACE se debe así a un prejuicio ideológico y a una urgencia económica.

La extinción del modelo no arregla, a medio y largo plazo, ninguno de los graves problemas de nuestro Estado social. Incluso aunque así fuese sería muy discutible que ciertos grupos de funcionarios tengan el deber de sacrificarse para suplir los errores del PSOE. Mariano Rajoy no debe tener miedo de que le llamen las habituales lindezas, y tiene una excelente oportunidad de separarse de la imagen antisocial tan amada por una parte de su partido. La restauración de MUFACE tiene su lugar en el programa electoral de 2011 y 2012.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 13 de diciembre de 2010, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/zapatero-robo-pension-sanidad-111404.html