A ETA, ni agua; al PSOE de Rubalcaba, tampoco

Por Pascual Tamburri, 10 de enero de 2011.

ETA quiere sacar partido de su derrota. Ningún Estado democrático puede hacer ninguna concesión a un grupo semejante. Y quienes negociaron políticamente en 2006 no son de fiar en 2011.

Alfredo Pérez Rubalcaba tenía pensada y preparada en todos sus detalles su reacción al esperadísimo «alto el fuego» de ETA. Dice la última esperanza del PSOE que «el único comunicado que queremos leer de la banda terrorista es aquel en el que ETA declare el fin y lo haga de manera irreversible y definitiva». Los españoles no quieren concesiones, y sobre todo no quieren ver a los terroristas como vencedores, y Rubalcaba tira de su imagen de hombre «duro». ¿Realmente lo es?

Rubalcaba es un político eficaz y veterano de un partido con una muy demostrada carencia de principios frente a ETA. El PSOE de Felipe González fue, sucesiva o simultáneamente, el partido de Argel y el de los GAL (y vendió según los momentos y los públicos una u otra imagen, sin nunca renunciar a ninguna de las dos). El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero es el de la Ley de Partidos y el consenso antiterrorista con Aznar, pero también es el partido del Faisán, de los acercamientos, las liberaciones y en definitiva el coqueteo político de 2006 y 2007. Todos esos momentos tienen unas cuantas cosas en común: ETA buscaba vencer en todos o algunos sus frentes, el PSOE buscaba beneficios políticos y en medio estaba, y está, Alfredo Pérez Rubalcaba.

ETA no es un problema político. ETA es un grupo terrorista con innumerables crímenes en su haber, muchos de ellos aún impunes, y con una identidad y unos objetivos que no han cambiado desde su fundación. Se trata de un grupo totalitario de raíz marxista, que quiere la secesión de un Estado vasco, su conformación socialista y su expansión, esencialmente a costa de Navarra, en nombre de un proyecto de absurdas, por inexistentes, raíces históricas. ETA quiere hoy lo mismo que en 1960. Y además renuncia a matar hoy, una vez fracasado el crimen como medio, sin reconocer la maldad de tales medios y fines ayer, hoy y siempre.

Con ETA no hay diálogo ni negociación posibles. ETA es incompatible con la convivencia democrática en el seno de la nación española. El camino para acabar con ETA no es escuchar sus promesas de hoy ni sus mentiras de ayer, sino aplicar la Ley, la que esté en vigor, a sus criminales. Sin rebajas, sin excusas ni pretextos. Cada vez que se ha negociado, dialogado, y no digamos ya tolerado, coqueteado, perdonado o amnistiado, ETA ha salido ganando, aunque sea moralmente. Y España perdiendo. De esto nos pueden hablar muchos, incluso en el PP y no digamos ya en la felizmente desaparecida UCD. Ahora quien puede tener la tentación es, otra vez, el PSOE.

Rubalcaba no es tonto. Hay que recordarle que una gran mayoría de españoles, y por supuesto de navarros dentro de ellos, quieren que ETA desaparezca derrotada y con sus asesinos y sus cómplices pagando sus penas completas. La marcha etarra de Bilbao o el concierto etarra de Cizur Mayor son, en este sentido, actos de apoyo a una banda criminal, y los partidos deben pensar cómo evitar que esto se repita. El PSOE debe tener claro que dejándose llevar por la tentación pagaría un precio mayor que siendo, de verdad, firme.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 10 de enero de 2011, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/agua-psoe-rubalcaba-tampoco-111980.html