Los progres se contradicen, y renuncian a uno de sus símbolos

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de junio de 2011.

La objeción de conciencia tiene una historia sorprendente. Pero ahora mismo está dando otra sorpresa, cuando es reprimida por los mismos que la impulsaron e impusieron hace poco.

La objeción de conciencia tiene una historia sorprendente. Pero ahora mismo está dando otra sorpresa, cuando es reprimida por los mismos que la impulsaron e impusieron hace poco.


José López Guzmán, ¿Qué es la objeción de conciencia?. Eunsa, Pamplona, 2011. 112 pp. 9 €

La objeción de conciencia es, en realidad, la más humana de las tentaciones: me niego a actuar de una manera que no quiero. No porque no me apetezca, al menos no sólo, sino alegando una razón moral que convierte esa acción en un mal ético (para mí). Es seguro que existe desde que hay sociedades humanas organizadas. Más aún, tenemos noticias ciertas en la civilización europea de que, en una u otra forma, ha formado parte de la convivencia al menos desde Grecia.

Sorprenderá saber que griegos y romanos en muchos casos, y las sociedades cristianas posteriores en muchísimos más, admitían formas de objeción de conciencia. No todos los miembros de la comunidad tenían los mismos derechos, ni las mismas obligaciones, ni siempre tenían por qué satisfacer éstas de la misma manera. Sorprenderá aún más que muchas formas de rechazo de la objeción de conciencia nacieron con la reforma protestante y triunfaron con las revoluciones liberal y socialista. Hasta convertir la cuestión en un problema de los siglos XIX, XX… y XXI.

El profesor José López Guzmán ofrece en dos docenas de respuestas breves la solución a todas las cuestiones que la objeción de conciencia plantea entre nosotros. No es una cuestión religiosa, sino de simple respeto político de los derechos humanos que afecta a hombres y mujeres de distintos credos. De todos ellos, ya que es una cuestión humana. Sus respuestas sencillas y van a servir a los españoles que tienen que responder cada día en sus vidas a las imposiciones que se les pretenden imponer desde la legislación de las cuatro últimas décadas.

López Guzmán evita hacer un libro confesional, y tampoco se trata de un libro de historia aunque ayude mucho a situar las cosas de ayer y de hoy en su contexto. Recordemos que hace no mucho era entre nosotros progresista y moderno, y era una bandera de las izquierdas y los abertzales, ETA incluida, defender la objeción de conciencia al servicio militar, y también la insumisión a aquel paripé patético que fue en España el servicio social sustitutorio. Era entonces laicamente blasfemo recordar que el servicio de los Ejércitos es bueno y necesario para la vida en comunidad, y que la acción de los militares es una forma de legítima defensa social. No se podían decir estas cosas, fáciles sin embargo de defender, y era moda defender en su forma más radical la objeción de conciencia.

(Otra cosa es que la historia y naturaleza liberal del servicio militar obligatorio hiciese después fácil para Aznar la profesionalización, y con ella una solución rápida y derechista del problema; pero todo esto será motivo de otro recuerdo) .

Objetores e insumisos de entonces veían proclamado su derecho a no cumplir las leyes. Hoy son ellos los que niegan el derecho de los españoles, sanitarios o no, a objetar la violación de distintos modos del derecho a la vida. Así que era objetable servir a España en filas, o reemplazar ese servicio trabajando por la comunidad, pero no es objetable causar muertes. Lo que era antes un derecho incondicional hoy se niega completamente o se somete a causas sin límite. ¿Deben sonrojarse hoy los progres de ayer, por sus contradicciones en la objeción? Sí, pero también los que claudicaron ayer y están dispuestos a hacerlo, hoy, a la inversa.

Conviene a todos los españoles, más aún sanitarios, padres y docentes, leer los argumentos de batalla del doctor López Guzmán. Conviene más a los navarros, que vamos a ver –si no lo evitamos, de un modo u otro- la instalación entre nosotros de un negocio abortero en Ansoáin, con cargo al presupuesto de todos. ¿Pueden objetar médicos, enfermeros, vecinos, contribuyentes? ¿Quién dirá que no, y con qué argumento de los que hace tan poco no quería aceptar?

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 4 de junio de 2011, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/progres-contradicen-renuncian-simbolos-115072.htm