El final del pensamiento mágico llega a la política española

Por Pascual Tamburri, 20 de julio de 2011.

Francisco Camps ha dimitido como presidente del Gobierno valenciano y se ha proclamado otra vez inocente. Se ve que confundir deseos y realidad no es bueno en política.

El presidente del Gobierno valenciano, Francisco Camps, es un hombre adulto, inteligente y perfectamente en sus cabales. No llegó al Palacio de la Generalidad como fruto de una improvisación, sino que venía curtido por una experiencia política recia, entre otras cosas a las órdenes de alguien tan poco tierno como Eduardo Zaplana. No, no estaba jugando, dijo saberlo y aparentemente, a lo largo de estos años, lo sabía.

Tan bien lo sabía que se dedicó a gestionar la Generalidad con la meta puesta en el objetivo de todos los políticos profesionales: ganar las elecciones. Tras la derrota de 2008 fue el gran sostén político de Mariano Rajoy, y el 22 de mayo de este mismo año cosechó una victoria que lideró la de su partido en (casi) toda España. No conduce a mucho el debate sobre si esas elecciones las ganó más el PP o las perdió más el PSOE, porque el resultado fue el que fue: la gente se fiaba más de Camps y su partido que de Zapatero y el suyo.

No porque no se lanzasen sombras contra Camps, al contrario. Siendo Valencia un baluarte del PP la ofensiva Gürtel se ensañó con los populares levantitos, ya que atacarlos era atacar a la vez a Rajoy. Pero Francisco Camps negó las acusaciones una, y otra, y otra vez, con la enorme virtud política de ser creído por los líderes nacionales de su partido –ya que es extremadamente raro diseñar una lista regional para perder u obtener un mal resultado- y sobre todo por los ciudadanos, que creyeron sus proclamaciones de inocencia.

Camps nunca ha dejado de decirse inocente, pero ha presentado su dimisión como presidente considerándola un “sacrificio a España” y una decisión personal en beneficio del PP y de Rajoy. El rostro compungido del presidente Camps hace pensar que realmente creyó y sigue creyendo sus declaraciones de inocencia, las mismas que el juez parece no creer. Camps y su imaginación permanecen firmes en el “no podrán demostrar nada porque no hay nada” y en el orgullo por las metas alcanzadas y por los apoyos obtenidos.

Camps no ha sido un mal presidente de su partido ni un mal gobernante de su región. Desde el PP, cuando se han aceptado resultados harto más catastróficos en las urnas más recientes y cuando se han dado por buenas actuaciones políticas, gubernamentales y de partido al menos más discutibles que un par de trajes, son muy pocos los cargados de razones para criticarle. Si ha habido errores, el más autorizado para criticarlos es el mismo afectado, que al fin y al cabo es la víctima de haber confundido sus deseos con la realidad… y de haber olvidado el canibalismo connatural a la vida pública española, especialmente en su facción derecha.

Nada de todo eso, por cierto, beneficia en modo alguno a Rajoy. Ni le beneficia que se haya prolongado en el tiempo, pero eso ya se sabe en Génova, que es de donde salieron todas las listas del 22, tanto las triunfales como las fallidas. Eso sí, el compañero Alfredo P. Rubalcaba empieza así una campaña electoral que promete.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 20 de julio de 2011, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/final-pensamiento-magico-llega-politica-espanola-116014.html