Denuncia: un modelo mentiroso que lleva al fracaso y a la ruina

Por Pascual Tamburri, 28 de julio de 2011.

Un experto denuncia en detalle cómo el modelo universitario español causa a la vez incultura y desempleo. Hace falta una reforma a fondo y sin concesiones, gobierne quien gobierne.

El doctor Luis Sarriés es catedrático de Sociología de la Universidad Pública de Navarra desde el nacimiento de ésta. Para analizar el efecto social del modelo universitario tiene la doble ventaja de su especialidad y de su experiencia. Tiene también, cosa que no comparte con todos sus compañeros de claustro, una honradez que demostró el pasado domingo en un artículo de opinión publicado por Diario de Navarra (La generación boomerang). Aborda en él cómo y por qué afecta así a las últimas generaciones el modelo de educación superior supuestamente tan favorable “que nos hemos dado”, y lo hace sin ningún reparo en echarse piedras al que, como docente de una de las nuevas universidades, no deja de ser su propio tejado.

El artículo es un loable ejercicio de honestidad intelectual y social. Ejercicio multilateral y de largo alcance, válido para el conjunto de España y que probablemente causará muchos enfados e incomprensiones. Hay que subrayar que no sólo es honesto el profesor Sarriés al publicar lo que resulta de su reflexión académica, sino que también es notablemente honrado el periódico que lo acoge, puesto que una visión crítica del Gobierno de Navarra y de su metimiento en nuevas Facultades y Escuelas es bastante opuesta a la que en las mismas páginas se ha sostenido en años que todos podemos recordar sin mucha dificultad.

Hace unos 25 años, con Gobierno socialista en Madrid (Felipe González al frente y colaboradores como José María Maravall y Alfredo Pérez Rubalcaba en Educación) y en Pamplona (Gabriel Urralburu y mi amigo Román Felones), se renovó completamente nuestro modelo educativo, a todos los niveles y con una serie de objetivos a largo plazo perfectamente definidos. Cierto que el modelo anterior no era perfecto, pero cierto también que, vistos los resultados de todo orden (excepto el ideológico de los autores), era mejor. Uniforme, universalista, poco exigente, cada vez más ajeno al respeto y al esfuerzo, y por la misma razón cada vez más preocupado de los derechos que de los deberes; lo importante parece ser (y este defecto viene de antes) el reparto de títulos académicos, y no la selección y formación de cada uno para aquello que le sean dadas vocación y capacidad. Y naturalmente, si colocados en las antípodas de la Universidad medieval y clásica la meta esencial es satisfacer un extraño “derecho” al título, el efecto natural es la multiplicación de centros y de graduados, y la devaluación de la exigencia académica. El siguiente paso, inevitable excepto en el País de Nunca Jamás, era la multiplicación de titulados parados y subempleados.

Mérito del profesor Sarriés es señalar, con su autoridad y en ese foro cualificado, un fenómeno que no es el primero en señalar. “Nos hemos dado”, o mejor dicho nos han dado nuestros políticos, un modelo universitario que no funciona, y que de todas sus funciones como mucho cumple la satisfacción del resentimiento social tan arraigado en algunas personas y familias. Este modelo “con un 39% de su población con titulación universitaria, la más alta de los países de la OCDE”, curiosamente coincide también con la tasa de paro más alta del mismo espacio. Y es que esos títulos universitarios no responden a menudo ni a lo que necesita el mundo laboral y, cosa grave, a la verdadera vocación de los estudiantes-titulados, que terminan siéndolo por presión social y sin vocación y a menudo sin alicientes. Eso sí, de un modo incomprensible, toda la progresía saltó sobre José María Aznar y Esperanza Aguirre cuando tímidamente se intentó cambiar algo de lo mucho que hay que cambiar, mejorando la Formación Profesional y dando calidad a la secundaria y al Universidad. Ahora mismo todo y más sigue por hacer, esperemos que alguien se atreva y no quede en una pataleta.

“Las consecuencias de este falso modelo son nefastas, tanto para las familias como para los jóvenes titulados” [y para la sociedad en conjunto, hay que añadir]. “Las familias ven que sus hijo recién graduados vuelven al hogar y se convierten en una carga económica y psicológica” (…) “Los titulados, por su parte han perdido la libertad de estudiantes…” Y así, si “el espejismo de la titulación universitaria les ha engañado”, la causa es que “la contradicción entre el modelo social, potenciado políticamente, que atribuye éxito y prestigio a un titulado universitario y la realidad de un joven graduado, sin horizontes laborales”. Lo cierto y verdad es que nuestro modelo educativo, en especial el universitario, es carísimo y “ha llevado al fracaso”. Padecemos una macrocefalia acomplejada, que se cifra según Sarriés en 1,7 Universidades por millón de habitantes e implica cumplir mal todas las funciones que las facultades han cumplido a lo largo de su vida. Si no respondiese a un diseño de cambio social, sería un absurdo. Felicidades, profesor.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 28 de julio de 2011, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/denuncia-modelo-mentiroso-lleva-fracaso-ruina-116127.html