Una masacre ocultada deja a Mario Monti con aún menos legitimidad

Por Pascual Tamburri, 2 de abril de 2012.

Mario Monti habla mal de España, pero tiene buenas razones. Italia puede presumir de obedecer a la UE y de salir de la crisis mejor que Rajoy. Pero la legitimidad política del gobierno de Roma se tambalea.

Mario Monti tiene un prestigio mundial como técnico económico. Catedrático de finanzas, rector de la Universidad Bocconi, comisario europeo de Mercado Interior con Jacques Santer, comisario de Competencia con Romano Prodi, presidente de Bruegel, asesor de Coca Cola y de Goldman Sachs, miembro del Grupo Bilderberg y de la Comisión Trilateral… tiene todas las virtudes, experiencias y contactos que los mercados, las logias y los medios de comunicación oficiosos aplauden en él y dicen que desearían ver también en España. De momento, la prima de riesgo italiana vuelve a ser mucho menor que la española, aunque también es verdad que los sacrificios fiscales, económicos y políticos de Italia han sido mayores. Y más ortodoxos tanto para el liberalismo dogmático como para los grandes centros de poder financiero. Es normal, desde su punto de vista, que esté contento de haberlo conseguido antes y mejor que Rajoy.

Pero hay que recordar que ni Mario Monti ni ninguno de sus ministros ha sido elegido directamente por el pueblo italiano. Los grupos de presión forzaron la dimisión de Silvio Berlusconi en noviembre de 2011, no por los errores y pleitos de éste sino con la amenaza explícita de una quiebra de Italia si no se obedecían las órdenes económicas. Tras la dimisión, y siempre con la misma amenaza en el aire, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, líder de las Juventudes Comunistas en su época más estalinista, designó a Monti senador vitalicio de nombramiento presidencial. Esto lo habilitaba, como parlamentario, para presidir el Gobierno, y en medio de la crisis italiana de deuda Monti fue votado presidente por las izquierdas y las derechas con los diputados entre la espada de hacer quebrar al país y la pared de elegir a un candidato nunca elegido por el pueblo. Porque podrán decirse muchas cosas de Berlusconi, pero no que careciese de respaldo democrático; y Monti ha respetado las formas parlamentarias (también lo hizo Benito Mussolini en 1922, y al menos había sido elegido diputado por los ciudadanos), pero no tiene la legitimidad democrática plena que sí tuvo su antecesor y que sí tiene, masivamente, Mariano Rajoy. Por eso Rajoy tiene un margen de libertad en el ejercicio del poder que no tiene Monti (que ya ha anunciado que no será candidato en las siguientes elecciones… con lo cual conservará su virginidad democrática) .

Sólo el respeto formal de la Constitución italiana salva las apariencias para Monti y su equipo (que sin embargo recogen aplausos desde la corrección política, tanto progre como centromoderada). Ahora bien, dos elementos fundamentales de esa Constitución se tambalean, y pueden derrumbarse sobre Monti (y sobre la democracia italiana) .

En primer lugar, la Constitución republicana de 1948 se inicia proclamando que “Italia es una República democrática fundada sobre el trabajo“, que “la República reconoce a todos los ciudadanos el derecho al trabajo y promoverá las condiciones que hagan efectivo este derecho” (artículo 4), que “la República reconoce el derecho de los trabajadores a colaborar, en los modos y dentro de los límites establecidos por las leyes, en la gestión de las empresas” (artículo 46), y que “el trabajador tiene derecho a una remuneración proporcionada a la cantidad y calidad de su trabajo y, en cualquier caso, suficiente para asegurar a él y a su familia una existencia libre y digna“. Los diputados constituyentes recogieron casi literalmente los principios de relaciones laborales instaurados por el fascismo en la Carta del Lavoro (que luego inspiraron el Fuero del Trabajo español) y luego desarrollados tanto en el corporativismo como en la socialización: no se podía fundar una democracia recortando los derechos reconocidos por el mismo fascismo, creían ellos. Eso plantea a Monti el gran problema de la reforma laboral. No es casual que Monti sea el “alumno aventajado” en todos los aspectos menos en el de la reforma laboral, donde le gana Rajoy. Una reforma laboral en Italia que toque ciertas teclas priva de legitimidad fundacional a todo el sistema democrático, y Monti y sus asesores andan por eso con sumo cuidado.

Y en segundo lugar, desde su proemio la Constitución de 1948 se fundamenta “en los principios de la Resistencia“, es decir, en los valores de los que usaron las armas contra el Estado fascista. Y ahora resulta que Luis Moreno Ocampo, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional de La Haya, ha iniciado la investigación de la muerte de Lodovico Tiramani y de otros 400 miembros de la Guardia Nacional Republicana cerca de Piacenza en 1944, a petición de su hijo. El crimen que se investiga está tipificado como genocidio (ya que se persiguió en masa y se ejecutó sin juicio a personas sólo por sus ideas). La imputación es contra… la Resistencia (ya que los presuntos genocidas lo hicieron como miembros de tal organización). No se trata sólo de un crimen punible con el Código italiano, sino que reúne –y es sólo el primero de una lista- todos los rasgos de los crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que hoy muchos consideran imprescriptibles y sujetos a la competencia del tribunal internacional. Ahora bien, si la Resistencia (la italiana al menos) es culpable de genocidio, será difícil decir que se trata de una República fundada en los valores… del genocidio. Un problema más que estético para Monti, que además de la economía debe tener presente que el gobernante es, ante todo, político.

El problema de absolutizar la bondad de nuestro sistema democrático es justamente que resulta… incómodo. Es incómodo para Monti, que gobierna sin voto de la gente, pasando por encima de la Constitución y probablemente dando por buenos unos principios ¿genocidas? Es incómodo para cualquiera que olvide la historia, pues como dijo Franco Cardini en el Parlamento Europeo casi todo, también la unificación de Italia, se hizo con métodos poco democráticos. Porque no puede haber genocidios buenos y genocidios malos, por bien que nos caigan los turcos, los chinos o Monti; ni crímenes nefandos en unos que con otros autores sí tienen excusa (y eso ya lo dijo desde los años 40 en el Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente el juez indio Radhabinod Pal, hablando de crímenes contra la paz). También nos pasa un poco a todos los españoles, que durante muchos meses hemos visto el desahogo de nuestros males en ver cómo a Italia le iba aparentemente peor, y protestamos cuando Monti hace notar que ahora es ampliamente al revés. Y es que las verdades duelen, y más la historia cuando algunos tratan de crear democracias fundadas en el olvido, o en la falsedad.

Pascual Tamburri

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 2 de abril de 2012, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/masacre-ocultada-deja-mario-monti-menos-legitimidad-120698.html