¿Orgullo de la censura? Si escribes la verdad puedes perder el trabajo

Por Pascual Tamburri, 28 de junio de 2012.

En España hay censura. Pero depende de quien la sufra se ataca o se ensalza. Porque lo que no hay es igualdad, menos aún en la libertad de expresión.

El País, bajo la dirección de Javier Moreno, ha pasado de 238.340 ejemplares en mayo de 2011 a 190.314 en mayo de 2012. Los datos de la OJD no son felices para ningún medio generalista en papel, pero los del buque insignia de Prisa han hecho sonreír, sin demasiado disimulo, a los periódicos que constituyen su oposición empresarial e ideológica. Imaginemos que a la crisis de ventas y de difusión de los herederos de Polanco se sumase un escándalo de intolerancia. ¿Qué pasaría?

¿A qué presión sería sometido un periodista de Prisa por no seguir los cambios en la línea del medio?

Pongamos por ejemplo que un columnista diario de Prisa, con opiniones y principios bien conocidos y contratado por la empresa en función de esos principios y de su saber hacer profesional, un día fuese censurado y su columna no fuese publicada. Imaginemos, por ejemplo, que un columnista de Prisa, sin ofender ni a los homosexuales ni al ambiente gay (cosas que, recuérdese, distan mucho de ser equivalentes), criticase el en su opinión discutible gusto estético y hasta higiénico de lo que se ha dado en llamar ´orgullo gay´. O que defendiese la libertad de expresión de alguien que hubiese expresado una opinión así. ¿Qué pasaría? Sólo es posible suponerlo, pero previsiblemente Prisa no cejaría en su línea oficial progre y se consideraría con derecho a censurar la columna y a despedir al columnista, sin ocultar ni negar el hecho sino actuando como si estuviese en posesión de la razón y de la verdad.

Hay que decir que, en un caso hipotético como ese, la izquierda en bloque, con sus cipayos batasunos en vanguardia, se movilizaría contra el columnista y la que llamaría ´homofobia´ y a favor de su castigo a manos de Prisa. Y el centroderecha, naturalmente, en nombre de la tolerancia unos, del progreso otros y de la libertad de empresa algunos, callaría y nada diría a favor ni del columnista censurado ni contra su despido. Sería muy raro y hasta excepcional lo contrario, y más en días ´orgullosos´ como estos. Es más, no se hablaría de censura sino de respeto y tolerancia, ni de coacción sino de libertad (no para el columnista, claro es). Sólo algunos grupos y ambientes marginales acogerían al censurado como tal.

Lo curioso es que los términos no pueden invertirse del todo en la España de 2012.

Si alguien, sea cual sea su pasado, su perfil y las condiciones de su contrato, decidiese ser militantemente gay, o más bien políticamente correcto, en un medio de centro o incluso confesional católico, recibiría el respaldo de todos los que habrían atacado al escritor del ejemplo anterior, y Prisa habría sido la primera en publicar editoriales demostrando la superioridad de la libertad de expresión (de cierta expresión) sobre la libertad de la empresa o cualesquiera otras consideraciones. Si se le tocase un solo pelo de la cabeza al nuevo apóstol se hablaría de censura y el editor ´censor´ sería chatajeado sin pudor, también en este caso con la militancia cultural de la izquierda y la anuencia –de muchas causas y ninguna buena- del centroderecha.

«El invento del maligno». Qué mala es la censura… según a quién se censure, parece que hace falta añadir en 2012.

El escritor José Javier Esparza ha sido un personaje esencial de la redacción de Vocento y de la agencia Colpisa, para los que ha estado trabajando durante muchos años; su crítica de televisión, y otros materiales, han llenado las páginas de los diarios regionales de Vocento (El Correo, El Diario Vasco, Las Provincias, La Verdad, El Norte de Castilla, Diario Montañés,…), las de ABC y también las de Diario de Navarra, que ha comprado sus escritos todos los días durante décadas, también cuando la sociedad que controla el Diario se ha convertido en accionista del grupo de prensa regional. En mayo, cuando monseñor Reig Pla expresó su posición y la de la Iglesia Católica sobre determinadas cuestiones morales, retransmitida por RTVE, recibió una avalancha de críticas sin precedentes. La izquierda exigió en el Consejo de RTVE que se censurase esa homilía religiosa, en nombre cómo no… de la libertad (¿será de expresión o religiosa?). Y estalló el escándalo.

No es ya escandaloso que los talibanes de las facciones más progres de la izquierda, con la colaboración de las más acomplejaditas del centro, ataquen a los católicos y lo que éstos creen. De hecho, aunque ciertos orgullosos festejos incluyen una desproporcionada acumulación de blasfemias, no se pide desde la Iglesia su censura. Lo que colocó a Esparza en el punto de mira fue esto: «Usted podrá contestar a la pregunta como desee, y podrá estar de acuerdo o no con la posición tradicional de la Iglesia, pero, objetivamente, estas palabras ni discriminan ni marginan a nadie (salvo a los gerentes de clubes nocturnos, claro), ni violan los principios constitucionales. Y entonces… ¿a qué estamos jugando? Pues estamos jugando a lo de siempre: a convertir el canal público en una prolongación de las querellas barriobajeras de los partidos políticos. Y al final son estas cosas las que han terminado llevando a TVE al borde del abismo. Feo«. Lo que intentó hacer el periodista de Vocento fue explicar qué había sucedido (en lo que lo sustancial era la politización de RTVE, la petición de que se juzgase el sermón de un obispo y los dos pesos y dos medidas aplicados a la libertad de expresión en los medios, no particularmente la orientación de monseñor Reig Pla).

¿El resultado? Sorprendente, diríamos, si no estuviésemos en esta España.

El antiguo Grupo Correo, de viejas raíces católicas y seguras lealtades burguesas, procedió con un rigor que en otros casos se ha guardado para sí: inmediata y previa censura del artículo de Esparza que llevaba por título «Lo del obispo«, que no llegó a publicarse; cese de toda publicación del periodista, con expulsión de hecho y sin comunicación formal; y publicación de un editorial en los medios del Grupo contra el obispo. Así que la libertad de expresión del obispo está limitada (no por su fe sino por la corrección política) y la del periodista también (no por su profesionalidad, ni la ley, ni el sentido común en relación con sus conocidas convicciones, sino por el proyecto de negocio progre con clientes conservadores).

¿Censura? Pues sí, censura, España, 2012, y sin pudor.

Han promovido la censura los que en otros casos habrían puesto el grito en el cielo.

Y eso es aún más grave. Acabo de vivir indirectamente un episodio de censura cariñosa en un boletín escolar, y unos cuantos progres (docentes o no) se quejan con o sin razón de la pérdida de libertad. Pero no se quejan de la censura, sino de la que a ellos no les gusta; y no necesito el caso de Esparza para certificarlo: durante seis años he dirigido y escrito ese mismo boletín y nunca nadie de los que ahora piden libertad la pidieron entonces.

Si alguien cree en el derecho constitucional «a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción» tendrá que asumir las consecuencias, aunque naturalmente también los derechos derivados de la propiedad de los medios. Si alguien recuerda aún a Chomsky, en su búsqueda de su verdadera democracia, «si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan. Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes, de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión«. Pero, por supuesto, lo que no puede hacer uno es defender límites distintos para esa libertad según quién sea el opinante y luego, además, decir que es demócrata.

José Javier, perderemos tu columna de cada día pero tú ganas tiempo y aún más dignidad. Si ves cómo van según cuáles de esos medios, mejor mantenerse alejado. Casi como de según qué local nocturno. Verás, terminaremos viendo cómo se ensalza la censura (la buena).

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 28 de junio de 2012, sección «Ruta Norte».
http://www.elsemanaldigital.com/blog/orgullo-censura-escribes-verdad-puedes-perder-trabajo-122505.html