Nunca verás nada en el Mundo más grande que esta Ciudad

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de julio de 2012.

Roma no es grande por su pasado ni por las consecuencias de éste. En 2012 sigue siendo un modelo de vida, una forma de ser, una palabra que resume un futuro de esperanza.

Philip Matyszak, La antigua Roma por cinco denarios al día. Con 43 ilustraciones, 11 de ellas a color. Traducción de David Govantes. Akal – Viajando al pasado, Madrid, 2012. 144 pp. 15,00 €


Phoebe silvarumque potens Diana,
lucidum caeli decus, o colendi
semper et culti, date quae precamur
tempore sacro,
quo Sibyllini monuere versus
virgines lectas puerosque castos
dis, quibus septem placuere colles,
dicere carmen.
alme Sol, curru nitido diem qui
promis et celas aliusque et idem
nasceris, possis nihil urbe Roma
visere maius.

Roma si vestrum est opus Iliaeque
litus Etruscum tenuere turmae,
iussa pars mutare lares et urbem
sospite cursu,
cui per ardentem sine fraude Troiam
castus Aeneas patriae superstes
liberum munivit iter, daturus
plura relictis:
di, probos mores docili iuventae,
di, senectuti placidae quietem,
Romulae genti date remque prolemque
et decus omne.

iam Fides et Pax et Honos Pudorque
priscus et neglecta redire Virtus
audet adparetque beata pleno
Copia cornu.
Augur et fulgente decorus arcu
Phoebus acceptusque novem Camenis,
qui salutari levat arte fessos
corporis artus,
si Palatinas videt aequos aras,
remque Romanam Latiumque felix
alterum in lustrum meliusque semper
prorogat aevum,
quaeque Aventinum tenet Algidumque,
quindecim Diana preces virorum
curat et votis puerorum amicas
adplicat auris.
Haec Iovem sentire deosque cunctos
spem bonam certamque domum reporto,
doctus et Phoebi chorus et Dianae
dicere laudes.


Jerry Toner, Sesenta millones de romanos. La cultura del pueblo en la antigua Roma. Traducción de Luis Noriega. Crítica – Tiempo de Historia, Barcelona, 2012. 365 pp. 27,90 € (Libro electrónico 15.99 €)

Estamos abrumados de libros de divulgación histórica, eso sí en su mayoría –al menos los más originales- traducidos. Y más que abrumados de publicaciones científicas, que sin embargo en su mayoría siguen quedándose muy lejos de la gente. Nunca se había publicado tanto. Nunca se había dicho que se investigaba tanto (otra cosa es la calidad y cantidad reales). Pero nunca se había tenido menos y peor formación histórica en el sistema educativo, ni menos cultura histórica en las clases medias españolas. Peor aún si hablamos de historia antigua o medieval, tan “inútiles” ellas para nuestros progres.

Y sin embargo la demanda de publicaciones históricas bien hechas crece. Sólo en las últimas semanas Ariel ha traducido, por ejemplo, Los olvidados de Roma. Prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente, de Robert C. Knapp, y Arde Roma. La caída del emperador Nerón y su ciudad, de Stephen Dando-Collins. No es que no haya historiadores de Roma capaces entre nosotros, pero arrastramos unos cuantos pecados, como el alejamiento de la historia general, la confusión de la calidad con la hiperconcreción y, sin duda, el desprecio a la divulgación de calidad.

La antigua Roma por cinco denarios al día” de Philip Matyszak aparece en español como una obra de nuevo tipo. No trata de describir los monumentos de Roma como un conjunto de espléndidos fósiles, ni habla de la vida cotidiana, de los mercados, la familia, los espectáculos, la ropa, la comida, el ocio, la religión y el trabajo como si relatase algo que sucedió en el pasado y que conocemos de referencias. Se adapta a la forma más o menos convencional de una guía turística contemporánea y utiliza los testimonios literarios, los datos arqueológicos y hasta las reconstrucciones digitales para ofrecernos Roma como una realidad viva. La Roma de finales del siglo II, vieja ciudad imperial y vivísima capital del mundo, centro material y espiritual de éste, panorama incomparable, a nuestros pies.

Qué singular experiencia, recorrer la Ciudad desde la roca Tarpea hasta el Tíber, desde el Ara Pacis al Panteón, entre la opulencia de los palacios, la riqueza de los ciudadanos, el ajetreo de las calles, el vapor de los baños y las turbas de los espectáculos. Roma, en su grandeza material, para comprender hoy mejor las razones de su siempre viva majestad moral. Matyszak hace alarde de ingenio y utiliza una forma nueva para contar al lector del siglo XXI cómo era la vida y por qué aún seguimos sintiéndonos, y en cierto modo nunca hemos dejado de sentirnos, exiliados y huérfanos fuera de la Roma imperial que nos dio la razón y el modo de ser. Gustará al que ame Roma y al que la ignore, al que tenga su imagen muerta y al que sienta que falta algo en nuestra vida pública. Leeremos y entenderemos los clásicos al referirse a la Ciudad; comprenderemos por qué Horacio creyó que el Sol de la Victoria nunca vería nada en el mundo mayor que Roma, y por qué dos mil años después de Augusto Giacomo Puccini y Beniamino Gigli siguieron creyéndolo así. No una Roma cadavérica y disecada para eruditos, sino una Roma viva, vital y vivificante.

La vida cotidiana de la gente normal también es historia

Philippe Ariès y Georges Duby coordinaron a mediados de los 80 del siglo XX una monumental Historia de la vida privada, que publicó en Francia Éditions du Seuil y tradujo entre nosotros Taurus. No fueron los primeros, pero sí los que con más contundencia y éxito defendieron la importancia, en el estudio de la Historia, de comprender la importancia de la rutina vital de la gente común, de la vida, las creencias y los ritmos de las “no-elites” en los tiempos de paz.

Es probable que los historiadores tradicionales hayan pecado de lo contrario, de una atención exclusiva a la historia política, a los grandes eventos de los grandes personajes en los lugares más relevantes en los momentos más excepcionales. Bien, sí, es cierto que la vida de cualquier comunidad es mucho más que eso… aunque detrás del despreció por la historia evenemencial se ocultan a menudo explosivas cargas de profundidad ideológicas. Digamos que no hay eventos sin vida cotidiana, pero que limitarse a ésta es tanto como aceptar un determinismo económico y social hoy más que apolillado.

Jerry Toner consigue mostrarnos la vida diaria del medio centenar de millones de súbditos “no privilegiados” de la Roma imperial en su apogeo, los trabajadores, campesinos, comerciantes, artesanos, marginados y esclavos, sus ideas, sus fiestas, su trabajo, su salud, su religión, su comida y su tiempo libre, y muchas más cosas, estudiadas desde las fuentes y trabajadas como desde hace unas décadas se viene haciendo con la historia de la vida cotidiana. Ver Roma desde ese punto de vista es también útil para comprender la vida de la Roma oficial y muchos de sus sucesos, puesto que quizá hayamos perdido en estos siglos la perspectiva desde la que los gobernantes y los pensadores del Imperio veían éste, es decir, fundado sobre la vida y el trabajo de esos Sesenta millones de romanos.

Toner ha avanzado mucho desde que se inició la moda de estudiar la vida cotidiana, y tanto la experiencia como su conocimiento de la historia política y la prudencia inherente a la formación de los historiadores británicos en los centros más prestigiosos hacen que escriba con gran sensatez y alejado de todo radicalismo. No trata de defender ninguna tesis preconcebida, sino de contar una historia hasta ahora oculta para la mayoría, de hacerlo lo mejor posible y de contribuir con ello a un mejor conocimiento de la historia en general. No es poco, y de hecho en tan pocas páginas era complicado lograr una monografía de nivel científico que pudiese ser atractiva para el lector no especialista. Toner lo consigue, y con él podemos visitar las tabernas, los templos, los hospicios y los mercados, y entender qué hace, también desde el día a día, que Roma siga viva en nosotros.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 7 de julio de 2012, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/nunca-veras-nada-mundo-grande-esta-ciudad-122659.htm