¿Qué tienen los judíos? Israel está de moda otra vez (1)

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de julio de 2012.

No dejan de publicarse investigaciones sobre la identidad de Israel, un tema de constante polémica que en España interesa cada vez más.

Simon Sebag Montefiore, Jerusalén. La biografía. Traducción de Rosa María Salleras Puig. Crítica, Barcelona, 2011. 865 pp. Libro electrónico 15,99 €. 34,00 €.

Ningún otro pueblo de este mundo reúne en su historia y en su identidad tantas dosis de polémica y tan constantes, y crecientes, cuotas de interés. Los judíos, como pueblo, el judaísmo, como religión, Israel, como proyecto y como Estado, Palestina, como espacio físico, son objeto de innumerables investigaciones, publicaciones y divulgaciones desde todos los puntos de vista. No es casualidad. De quiénes sean o digan ser los judíos depende, para empezar, la identidad de todos ellos pero también, por derivación la de los cristianos y la de los musulmanes, que somos muchos más pero al Israel del pasado remitimos mucho de nuestro propio ser. Además, de la solución que se dé a estas cuestiones depende en gran medida la legitimidad presente y futura de judíos, musulmanes y cristianos y nuestra respectiva posición en el mundo.

En el siglo XX Israel reapareció abiertamente como sujeto político, pero no todos los judíos se identificaron con el proyecto sionista; aparte las naturales discrepancias científicas, es entre los propios judíos donde se dirimen las grandes disputas sobre la identidad de Israel. Pero de la respuesta que triunfe no sólo se derivará una respuesta a la identidad de los judíos sino a la de una gran parte de la humanidad y a la del mundo mismo. Lo cual explica la constante publicación y traducción de libros sobre estos asuntos en España, que con la crisis ha aumentado lejos de disminuir.

Cuatro son las grandes cuestiones debatidas hoy entre los judíos y sobre los judíos. Una, la veracidad o literalidad incluso de la Biblia (de la Torah), puesta en relación con las evidencias históricas y arqueológicas: una viejísima disputa que no parece cerca de acabar, pero que ha hecho en dos siglos mucho por el avance de las ciencias históricas en general. Otra, la historia, identidad, personalidad (y posesión) de Jerusalén, y de toda la Tierra Santa por extensión, algo que desde Cristo y desde luego desde Constantino, enfrenta entre sí a las confesiones monoteístas, sin que jamás se haya llegado a nada más pacífico que la tolerancia parcial, quizá con la excepción singularísima del breve reinado de Federico II. La tercera, el contenido religioso del judaísmo y la explicación ciertamente no fácil de su origen, de su contenido y de su variedad formal y dogmática, aparte de la relación entre esa vertiente religiosa y las política, étnica, cultural y nacional. La cuarta, la historia reciente de los judíos y su dramática historia en el siglo XX, paradójico nuevo factor de identidad colectiva. La quinta, y más polémica, la explicación de cómo de gentes sin origen común, sin raza ni cultura comunes, a menudo sin religión realmente compartida, ha surgido una nueva identidad capaz a la vez de presentarse como antiquísima y de seguir dividida en incontables disputas y diferencias internas. Por último, para nosotros españoles, es interesante comprender qué hay de verdad y qué de leyenda negra en el relato típico sobre el supuesto antijudaísmo característico de España. Tarea para rato, ya se ve, pero para todo esto y mucho más hay lectores.

Y entonces Dios habló a su pueblo

Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados. Prólogo y revisión técnica de Gonzalo Puente Ojea. Traducción de José Luis Gil Aristu. Siglo XXI, Madrid, 2003-2011. 440 pp. 24,00 €.

La historicidad o no de la Biblia es una de las cuestiones más disputadas, no sólo para los judíos, desde hace siglos, entre teólogos, filólogos, historiadores y arqueólogos. Razones dogmáticas impiden en muchos casos, y en muy diferentes sentidos, que se acepten sencillamente, como si fuese cualquier otro espacio, los resultados de la investigación histórica. Esto, que en el caso cristiano se ha ido resolviendo con gran éxito, y con aportaciones tan sorprendentes como la de los manuscritos del Mar Muerto, en el caso de los judíos sigue siendo un auténtico frente de batalla. No es extraño: la respuesta implica dar la razón a unas escuelas religiosas y quitársela a otras, dentro de la religión judía, en incluso legitimar o no el ateísmo de muchos judíos; además, cuestión no menor, hacer buena o no, y cómo, la implantación sionista del nuevo Israel del siglo XX.

Finkelstein y Silberman, judíos los dos, unen datos históricos escritos, novedades arqueológicas, conocimientos teológicos y la lectura directa de la Biblia para explicar el origen y el contenido de ésta. Ninguno de los dos reniega de su judaísmo ni hace de él bandera: sencillamente dan argumentos, en una narración técnica y erudita pero accesible para cualquier lector interesado, para explicar la datación y el contenido de la Biblia. Ésta y su contenido literal en buena parte puede demostrarse desde la historia, pero a la vez la historia explica la aparición del dogma judío como lo conocemos a la convulsa historia del reino de Judá. Sólo entonces, y precisamente con su derrota, la cautividad babilónica y la desaparición del Medio Oriente como había sido antes del segundo imperio asirio y del imperio neobabilónico, se consolida el monoteísmo judío y nace el “segundo” Deuteronomio. No se trata de desmontar la Biblia, sino que justamente se demuestran sus bases históricas, las que justamente tiene. Lo que pasa es que, si bien está demostrada la existencia de un antiguo “Israel”, su vida no se corresponde ni con la que literalmente han creído la mayor parte de los judíos religiosos ni con la que ha servido, entre otras, para legitimar el Israel sionista. Las conclusiones científicas pueden compartirse o no, pero no cabe discutir muchos de los datos que se aportan, que tienen una repercusión directa en la religión y en la política del siglo XXI. Una oportunísima reedición de una gran obra. Para que luego digan que la Historia no es “útil” .

Pero ni el Libro ni la Ciudad eran (sólo) de un pueblo

Simon Sebag Montefiore, Jerusalén. La biografía. Traducción de Rosa María Salleras Puig. Crítica, Barcelona, 2011. 865 pp. Libro electrónico 15,99 €. 34,00 €.

Incluso para los que creemos que el centro del mundo, en caso de tenerlo, sería Roma, Jerusalén es un lugar excepcional por su pasado, por su imagen, por su contenido religioso y sobre todo como símbolo. Y a eso hay que añadir su posición geopolítica entre tres continentes y en la frontera de varios mundos desde siempre. El gran problema de la “biografía”, del pasado de Jerusalén, es dónde y cómo poner el límite entre la verdad y lo imaginado, entre lo sucedido y lo creído: demasiado a menudo se ha incluido en narraciones históricas interpretaciones no ya sesgadas sino directamente sectarias, a propósito del pasado de Jerusalén, que es tanto como decir de su futuro.

Montefiore intenta y consigue no ofender a ninguno de sus posibles lectores, y no es poco tratándose de un judío escribiendo sobre la ciudad santa de sus antepasados, y de los judíos de hoy, y de los cristianos, y de los musulmanes. El tema es muy delicado y su tratamiento potencialmente explosivo. Son cinco milenios de historia, real e imaginada, contados por Montefiore a partir de los comprobado, haciendo referencia a lo imaginado pero sin querer herir a nadie y sin renunciar a estar tan cerca de lo sucedido como se puede y como él quiere. Un gran libro y un gran regalo para cualquiera, sea o no religioso, que puede ayudar a entender porqué Jerusalén ha sido objeto de tanto amor y de tanta ambición, porqué ha sido destruida y siempre reconstruida, de Salomón a Nabucodonosor, de Cleopatra a Tito, de Constantino a Justiniano, de Mahoma a Godofredo de Bouillon, de Saladino a Federico II , de los turcos a los ingleses, de Lawrence de Arabia y Allenby a los judíos sionistas.

El libro de Montefiore tiene entre muchas otras la virtud de ser una divulgación épica que todos podemos disfrutar, que gustará al neófito, que deleitará al devoto y que no repelerá al investigador. Tiene, eso sí, muestras muy claras aquí y allá de que él es de origen judío, sin ser un fanático en modo alguno, y que da por buenas algunas de las justificaciones remotas y no tanto de la ocupación de 1967 y de la posterior anexión. Cosa que tampoco puede reprochársele, ya que el libro que publica Crítica satisface una demanda hasta ahora pendiente, y todos somos cada vez más conscientes de que el Levante ha sido de muchos a lo largo de los siglos, muchos conviven desde siempre allí y Jerusalén en particular está llamada por esa realidad a ser compartida o, si se quiere, colocada por encima. Aunque para eso haya que esperar el eclipse de los nacionalismos más tardíos de corte decimonónico.

El pueblo de Dios, ayer y hoy

Nicholas De Lange, El judaísmo. Prefacio del autor. Traducción de Sandra Chaparro Martínez, Pilar Cintora y María Condor Orduña. Akal, Madrid, 2011. 258 pp. 19,00 €.

El profesor De Lange es un experto en el judaísmo, estudiado y entendido primordialmente como una religión. No incurre sin embargo en el error, desgraciadamente común entre muchos estudiosos cristianos, al menos de otros tiempos, de ceñirse a describir la religión judía de hoy o de ayer. No rehuye, y es un gran mérito, el debate abierto sobre qué significa y qué ha significado ser judío, en qué medida ser judío significa compartir una cultura, proceder de una tradición, tener (o no tener) un cierto origen, pertenecer a una nación y por ende a un proyecto político. Porque todo eso, y más, significa hoy ser judío en el mundo que vivimos, y por eso mismo es complicado entender el papel de los judíos en 2012, si uno se limita a una sola de las acepciones. Lo que sí es cierto, y De Lange explica, es que sea lo que sea ser judío hoy todo procede de una fe religiosa desarrollada y vivida (pero no inmutablemente) desde la época del Templo de Jerusalén. Otros significados se han añadido, algunos de ellos incluso no-religiosos y anti-religiosos, pero sin la religión no se entiende el judaísmo en ninguna de las vertientes.

Por eso este libro de historia de las religiones se hace necesario para entender no sólo a los judíos sino también a sus rivales religiosos, políticos y hasta biológicos. De Lange describe qué significa ser judío en la vida de un judío de hoy, explica para los que somos ajenos al judaísmo cuáles son sus textos y creencias sagrados fundamentales, retrata el judaísmo de hoy y, finalmente y aún más interesante, relata qué diferentes y hasta discrepantes “judaísmos” nos encontramos en el mundo posmoderno. En efecto, el judaísmo incluye hoy escuelas de pensamiento y de fe tan discrepantes que difícilmente pueden ser considerados una sola religión, y abarca personas de origen, aspecto, vida y tradición tan distintas que en cualquier otro caso sería difícil hablar de un solo pueblo. Sin embargo, leer al profesor De Lange es conveniente para comprender, incluso ante los retos políticos, culturales y demográfico-raciales, por qué el judaísmo es, hoy, una comunidad, incluso en su diversidad y su fragmentación. Algo que, si no se entiende y asume, impide cualquier tipo de relación inteligente con los judíos de hoy y de mañana. Sean éstos quienes sean, cosa en la que ni ellos mismos, como verá el lector, están totalmente de acuerdo.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 21 de julio de 2012, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/tienen-judios-israel-esta-moda-otra–123005.htm