Ni demócrata, ni digno de alabanza. Carrillo, un asesino marxista

Por Pascual Tamburri, 20 de septiembre de 2012.

Santiago Carrillo murió tras una vida dedicada a imponer el totalitarismo. Hoy políticos y periodistas alaban su inexistente espíritu democrático. Descanse en paz él y aprendan ellos.

Con Santiago Carrillo Solares ha muerto la última figura de primera fila de la Segunda República y de la Guerra Civil. Fundador y líder del Partido Comunista de España, protagonizó la conversión del Estado republicano en un instrumento de la Unión Soviética y se encargó en persona de la represión en la zona gubernamental durante la guerra; jamás combatió en ningún frente. Huyó de España cuando los anticomunistas se impusieron a Juan Negrín, y en la Unión Soviética obedeció las órdenes de Stalin para imponer el comunismo en España y en el mundo a través del terrorismo, la conspiración y la guerra. Sirvió a los intereses del grupo de Adolfo Suárez en la Transición, pero no fue una pieza indispensable de ésta, ni de la democracia española (por la que nunca había luchado ni trabajado más que de palabra). Sus mismos correligionarios lo expulsaron del PCE y ha terminado su vida sirviendo durante décadas de recurso propagandístico al PSOE y a la progresía española, que creó en torno a él un mito hecho de mentiras históricas. Lo peor no son éstas, sino que en pleno siglo XXI los superdemócratas oficiales de España, con gran parte del centroderecha a la cabeza, den por bueno el mito y dediquen empalagosas loas póstumas a un enemigo de la paz y asesino de masas.

Lo de enemigo de la paz merece una explicación, ya que tantas personas a las que he honrado con mi voto se están considerando estos días llamadas a contar las bondades pacifistas y democráticas del difunto abuelito. Santiago Carrillo era hijo de un dirigente del PSOE y la UGT, el asturiano Wenceslao Carrillo. De hecho, empezó su carrera política en Juventudes Socialistas, donde promovió –a diferencia de su padre- una línea de sumisión a la Tercera Internacional y a la revolución mundial centrada en la Unión Soviética de José Stalin. Justo antes de la guerra, Carrillo transfirió las Juventudes Socialistas (JSU) al control del PCE, del que se convirtió en dirigente, coincidiendo por primera vez con Dolores Ibárruri, Pasionaria, una vizcaína proveniente del socialismo también. En la guerra, Carrillo dedicó toda su atención a reforzar el control del PCE sobre el caótico poder en la zona republicana, apoyando primero y abandonando después, según órdenes de Moscú, a Francisco Largo Caballero.

Carrillo nunca combatió cara a cara por sus ideas, pero se dedicó a imponerlas con la represión dentro de su zona, en especial como Delegado de Orden Público en Madrid en 1936. Están juzgados el asesinato de masas de Paracuellos del Jarama y la red de centros de detención y tortura en la capital, empezando por la asaltada Cárcel Modelo y siguiendo por las checas; de todo ello Carrillo fue legalmente responsable y necesariamente conocedor, además de en muchos casos directo mandante. Por orden directa de Carrillo murió más gente de la condenada en las tan denostadas dictaduras de Argentina o de Chile (y más que en tres décadas de franquismo). Sus penas no eran aplicables desde las sucesivas amnistías del mismo franquismo y posteriores, pero la verdadera cuestión es cómo tenemos una clase política tan adocenada como para proponer a modo de ejemplo moral para el futuro a un caballero que paradójicamente, según los criterios del Tribunal Internacional de Nuremberg habría sido imprescriptible criminal de guerra, criminal contra la paz y criminal contra la humanidad.

De Paracuellos ya se ha dicho todo, pero leer, en un periódico democrático de 2012, que los muertos fueron “militares sublevados fusilados cuando eran trasladados a Valencia” causa tanta vergüenza ajena como escuchar a políticos profesionales vomitar falsedades, probablemente creyéndoselas incluso. Quizá el último y el penúltimo Carrillo fuesen ya víctimas de sí mismos, pero es un hombre responsable de muchos crímenes, de una represión bestial como nunca se ha visto en España; no sólo militares, ni religiosos, ni adultos, figuran en la lista de muertos. Yo no se si una democracia se defiende mucho castrando en público a un obispo, pero eso y más se hizo en la España de Carrillo. Un Carrillo que servía a la URSS cuando la URSS torturó y despellejó vivo a Andrés Nin, cuando asesinó a Trotski y cuando a través de Negrín trató de imponer en España un comunismo como el que luego se llevó a Corea, Camboya, Rumanía o Albania. Los republicanos más democráticos (incluyendo a Wenceslao Carrillo, el coronel Casado, Cipriano Mera y Julián Besteiro) se sublevaron en 1939 contra Negrín y Carrillo, y fue de ellos y no de los franquistas que Carrillo huyó de España. En 1944 Carrillo trató de empezar una nueva guerra civil, promoviendo la invasión armada del Valle de Arán, y después estimuló una década de terrorismo maquis en el interior de España al servicio siempre de la URSS de Stalin. Amén de la represión al servicio del NKVD y el KGB, y a través del Gulag, como bien han acreditado sus propios correligionarios Valentín González el Campesino y Enrique Líster, no precisamente franquistas, y siempre sin valor personal y sin lealtad ni coherencia, como en su momento le reprocharon Ignacio Gallego y Julio Anguita. Y eso no es ni luchar por la democracia ni hacerlo por medios democráticos.

El PCE, gracias a haber sido la bestia negra de la propaganda franquista y a los medios proporcionados por la URSS, fue el único partido antifranquista que mantuvo una cierta mínima presencia en España. Pero ser antifranquista no lo hacía democrático; y la legalización del PCE en abril de 1977 se hizo por el equipo de Adolfo Suárez sabiendo que no era un requisito para hacer de España una democracia: la República Federal de Alemania y otros países existían con una explícita prohibición de todo partido comunista. Eso sí, Suárez, siempre clarividente, esperaba hacer de Carrillo un instrumento para debilitar al PSOE (y fracasó) y para demostrar su poderío frente al Ejército (y casi fracasó también). Un genio el duque de Suárez, sin duda, o como tal hablarán de él cuando muera los mismos que hoy parecen nietos del duque de Paracuellos. La crisis de hoy se debe a que en aquella Transición se rechazaron las “líneas rojas” que muy sensatamente se proponían al Gobierno y al rey.

A pesar de que era previsible uno no se acostumbra a ver a un Borbón, y precisamente el reinante en la España de 2012, aunque sea por designación no precisamente dinástica, adulando la memoria de esta persona. Una persona que contempló la persecución y muerte de gran parte de la nobleza de Madrid, en una guerra en la que si es verdad que 10 grandes de España murieron luchando contra el bando de Carrillo (obedeciendo entre otras cosas órdenes del abuelo de Juan Carlos I y siguiendo el fallido ejemplo de su padre), también lo es que otros 40 murieron asesinados y torturados por los mismos servicios de represión que dirigía el ahora difunto. Vamos, como para llevarlo a enterrar en El Escorial. De momento, en el panteón de Infantes, en esta España donde se rinden más homenajes a Carrillo que a Felipe II.

Ningún español que hable libremente y conociendo la historia puede decir que Carrillo fue “un referente para todos los españoles”. Entiendo que la verdad oficial sea esa, en gran parte por intentar justificar las decisiones tomadas en 1977-1978. Pero justamente estamos viviendo un momento de la historia de España en el que aquellas decisiones demuestran toda su carga de errores. Carrillo fue una víctima del marxismo él mismo, ya que creyó tal doctrina y dedicó a ella su vida; pero por eso mismo no es, ni nunca fue, un demócrata, ni un defensor de la democracia, ni un luchador por la paz, ni por la libertad. Personas mucho menos responsables de acciones mucho menos criminales, o nada, han muerto ejecutadas o condenadas sin remisión. Hay en los siglos XX y XXI dos pesos y dos medidas. Pero ni eso ni las necesidades de la sumisión a la progresía cultural convierten la mentira en verdad. Carrillo ha muerto como enemigo de España y de su grandeza, libertad y unidad. Descanse en paz, pues si así es será prueba que hay una infinita misericordia. Pero casi infinita es la estupidez, ignorancia y cobardía de muchos de los que hablan escriben o piensan hoy, y ésas no admiten remisión.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 20 de septiembre de 2012, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/democrata-digno-alabanza-carrillo-asesino-marxista-124255.html