¿Y si no quieren que la ETA gobierne, por qué la legalizan?

Por Pascual Tamburri, 18 de octubre de 2012.

Urkullu y el PNV van a ganar, pero no a triunfar… el triunfo será para los amigos de ETA. ¿Qué harán tras las elecciones? ¿Y qué hará la minoría constitucionalista para defender la nación?

Si hay alguien contento estos días es, lógicamente, Arnaldo Otegi, que anima a EH Bildu desde la cárcel al grito de “El Estado está débil y vamos a ganar”. Colaborador de ETA condenado por ello, Otegi disfruta por anticipado de una victoria moral y práctica de la Herri Batasuna relegalizada y con su enésima sigla pero siempre donde estuvo… en el camino de la independencia y el socialismo. Ahora queda por ver cómo han llegado a ese camino y qué se van a encontrar en él.

Según el CIS, al menos aparentemente el PNV ganará las elecciones vascas con unos 27 escaños. Urkullu ha hecho muy bien lo que más duro resulta para los jeltzales, que es estar en la oposición, y ha colocado a Patxi López entre la irrelevancia y el ridículo. El PNV sin embargo no parece en condiciones de llegar ni al 40% de los votos ni a los 38 escaños que le darían la mayoría absoluta (que no ha tenido desde la lejana escisión de EA). Eso obligará a los nacionalistas a pactar, y puede no ser fácil ni para ellos, ni para sus provincias, ni para España en su conjunto.

A día de hoy, el PNV tiene 30 representantes en la Cámara vitoriana, el PSOE-PSE 25, el PP 13, Aralar 4, EA 1, IU-EB 1 y UPyD otro. Pero la legalización de ETA-Batasuna, que la mayor parte de las fuerzas políticas y de las instituciones ha aplaudido, tolerado o cuando menos no impedido, obliga a una nueva redistribución al reaparecer el voto abstencionista de los amigos de Otegi. Aralar ¡y EA, Ave María Purísima! confluyen en EH Bildu, que tendrá el 25% de los votos o más. En conjunto, el voto abertzale recuperará la mayoría parlamentaria que no había tenido en el siglo XXI, y el voto “constitucionalista”, incluso si pudiesen sumarse PSOE y PP de nuevo, quedaría en minoría tras una legislatura de coalición. Hermosos resultados del recato y la prudencia.

Tampoco dramaticemos, porque esto ya lo hemos visto durante esta misma democracia. Entre 1980 y 1981, UCD y AP, que tenían teóricamente la mayoría parlamentaria nacional y en la práctica todos los recursos del Estado en sus manos, asistieron sin reaccionar a un abucheo a Juan Carlos I en el Parlamento vasco, donde los diputados batasunos y no sólo recibieron al Jefe del Estado puño en alto y entonando a vez en grito el Eusko Gudariak, el himno de los terroristas que en aquellos mismos años mataban sin respuesta y con muchos medios de comunicación justificando sus crímenes. También entonces, lo grave no era tanto la crisis económica ni los cambios institucionales como la impotencia del Estado para sobrevivir a su propia reorganización. Y aquello, también entonces, no se debía tanto a la fortaleza o a la habilidad de los abertzales como a la tibieza, complacencia, complejos e intereses de una parte importante de sus (teóricos) enemigos. O se les contesta con todos los medios disponibles o no hay derecho a quejarse de sus éxitos.

Con el PSE-EE en torno al 17% y el PP al 10%, si el PNV gana las elecciones autonómicas con 27 o menos escaños, sólo pueden darse dos casos: o que los jeltzales de Urkullu pacten con los eta-batasunos, o que lo hagan con los socialistas. Son las dos únicas combinaciones que pasarían de la mayoría absoluta. Teóricamente, las dos opciones son difíciles. Con Patxi López llevan una legislatura de oposición a cara de perro, pero es casi infinito el miedo que tienen a los batasunos. El PNV sí sabe que Bildu va en serio y quiere la independencia a cualquier precio económico y como paso hacia una revolución social-marxista que les aterra; lo único que protege a la burguesía vasca del movimiento totalitario etarra es… España. Terrible duda –de la que el PNV querrá salir amagando con la independencia, pero sin quedarse a solas con los de Bildu.

María Dolores de Cospedal ha dicho con acierto que “el PSE no supo aprovechar la oportunidad en el País Vasco”. López ha podido hacer con el PP lo que Jaime Mayor Oreja no pudo hacer con Nicolás Redondo Terreros, es decir un Gobierno autonómico supuestamente sin nacionalistas. Pero no lo ha usado, y ha dejado en manos nacionalistas determinadas políticas decisivas para hoy y mañana, como la cultura, la educación, la lengua y las administraciones locales. Los no-nacionalistas en el poder no han actuado como tales, no han ilusionado a lo suyos y además cargan con el peso de la crisis. El resultado es, con una buena política del PNV, el retorno de los nacionalistas.

Ahora bien, ¿Urkullu va a volverse atrás de todo lo dicho y pactará con López? Sin duda alguna el PSOE entero y López en particular ansían ese pacto, que los dejaría pisando moqueta y justificaría de alguna manera extraña sus años de poder. Pero el PNV, que ha ilusionado a los suyos con más nacionalismo y demostrando la incapacidad de Patxi, es dudoso que pueda hacerlo. No olvidemos que durante mucho tiempo el PNV se había acostumbrado a jugar sin un enemigo consistente en la izquierda nacionalista (pues ni EA era realmente izquierda, ni Aralar era consistente, ni por supuesto IU es nacionalista pese a sus esfuerzos). Aritméticamente el pacto es posible, pero el PNV tiene que pensar en el futuro y un pacto con el PSOE impulsaría a medio plazo a Bildu… y entonces sí que el sorpasso sería inevitable. Si ahora les da miedo, imagínense entonces.

¿Con los etarras, entonces? Si atendemos a sus palabras, con una campaña que ha tenido que ser mucho más separatista de lo que ellos mismos habrían querido, es lo lógico. Pero también eso alimentaría a Bildu, por primera vez en el poder… salvo que los jeltzales, jesuíticos al fin, les den poder para demostrar su incapacidad práctica y devaluarlos ante la opinión pública. ¿Se atreverán a intentarlo? El riesgo es mucho, el objetivo jugoso. Ninguna de las dos opciones es el sueño perfecto de los chicos de Sabino, pero sabrían torear en las dos plazas.

Lo que no pueden hacer es tener una tercera opción, porque el PP no parece dar de sí salvo que haya sorpresas y muy grandes. Por supuesto que a los del PNV les gustaría tener esta opción, aunque no fuese más que para amagar con ella, y para el PP, si los números con el PSOE ya no dan y no hay amistad como para plantearlo, es la única opción de gobierno. Y no es una opción; sobre todo porque el PNV ha dedicado bastante esfuerzo a su tradicional campaña a desacreditar a los del PP como ajenos a la región (aunque en realidad proceden de ella tanto o más, y son sus antiguos compañeros de colegio) y a rechazar la política de Rajoy. Pero es que además, como es lógico, Antonio Basagoiti ha buscado con su “talante moderado” pescar en las aguas del PNV, lo que ha implicado desacreditar a la dirección y los candidatos nacionalistas, lo que haría difícil pactar con ellos. Pero son los números los que parecen hacerlo imposible.

Cálculos aparte, hay que preguntarse por qué un partido independentista, con cuatro décadas de violencia no condenada ni rechazada, y con un grupo terrorista aún existente en su retaguardia, puede existir y concurrir legalmente a unas elecciones en una democracia de Europa Occidental. Los constitucionalistas no tienen la responsabilidad de una sentencia judicial, pero sí de que las leyes en vigor sean las que son y permitan tan sentencia y esta situación. Si la deriva catalana parece grave, ya veremos qué pasa en el País Vasco con Bildu mayoritario en Guipúzcoa ¡y en Álava! Puede haber cambiado la táctica, pero los batasunos son los que son y quieren lo mismo que siempre; y si han cambiado de medios es por cálculo y conveniencia, en absoluto por convicción. Lo publicó hace no mucho Ernest Milá en palabras difícilmente refutables: “algunos etarras y ex etarras intentan salvar lo salvable y reafirmar que ellos no asesinaron a ´Pertur´, como tampoco reconocen el crimen de la calle del Correo… y dentro de 40 años seguro que niegan que a Miguel Ángel Blanco lo asesinaran ellos. La basura se reconoce como tal por su pestilencia. Los etarras, además de su pestilencia añaden dosis no desdeñables de cinismo exculpatorio.” Así están las cosas, los 12 muertos del Correo no son ni reconocidos, pero todos los posteriores tampoco se han enmendado. ¿Y éstos quieren inventar, crear, gobernar y sovietizar un país? Son canalla sin ninguna legitimidad moral no ya para detentar el poder, sino ni siquiera para existir como partido legal. Así era y así debe volver a ser, y si ETA llegó a verse acorralada fue por la anulación de su brazo político… si lo hacemos legal el resto de votos se devalúa ¿Nos vamos a quejar después de dejar que lo legalicen y no volverlo a ilegalizar?

Tienen muchos muertos en el armario, y no sólo metafóricos. De hecho Pertur sigue desaparecido y lo único seguro es que ETA resolvía entonces de mala manera sus disputas internas… Al fin y al cabo hablamos de marxistas sin complejos, exactamente iguales que los que durante cincuenta años han repetido que Andrés Nin era un agente franquista y un desertor, cuando sabían perfectamente que había sido torturado, despellejado vivo y asesinado por ellos mismos y por agentes soviéticos. Claro que si se homenajea hoy a Santiago Carrillo quién impide que mañana se dedique una plaza a Federico Krutwig, o a Pakito, o a Otegi, o a Stalin, o a Ceaucescu ¿y por qué no a Jack el Destripador, que mató a menos personas?

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 18 de octubre de 2012, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/quieren-gobierne-legalizan-124832.html