Contaminar para salir de la crisis

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de marzo de 2013.
Publicado en La Gaceta.

Pese a las críticas ecologistas (sinceras o interesadas) el fracking se está imponiendo como nueva tecnología para la extracción de hidrocarburos. No es necesariamente un desastre para el medio ambiente. Pero su uso, aunque sea potencial, ha causado escalofríos a muchos. Y es que viene a cambiar muchas cosas que se daban por seguras.

Si algo hay seguro en el futuro de Estados Unidos es que para seguir siendo una gran potencia necesitarán un suministro abundante y barato de energía y de materias primas. Para casi todos los sectores estratégicos los hidrocarburos son imprescindibles y van a seguir siéndolo, lo que ha dado durante décadas un enorme poder a los gestores de esas reservas.

Estados Unidos dispone de grandes yacimientos de hidrocarburos tradicionales pero ha preferido no agotarlos y convertirse en importador neto en la segunda mitad del siglo XX. Reservas aún mayores se consideraban de imposible explotación con las técnicas tradicionales. El fracking hace posible llegar a ellas y hacerlo a un precio rentable en el mercado; con el debido cuidado ni el paisaje tiene por qué quedar destrozado ni es necesario consumir un volumen insostenible de agua dulce, que son las dos principales acusaciones ecologistas.

De repente, Estados Unidos puede volver a ser un gran exportador. Así, los exportadores tradicionales pierden su poder de chantaje, y pierden parte de su fuerza las grandes multinacionales. El fracking escandaliza a los pacifistas, pero más aún a Venezuela y a los países del Golfo. Washington podría en esta misma generación volver al su aislacionismo monroviano. Con el fracking, el gendarme del mundo puede jubilarse y dejarnos a solas con la crisis. Y con nuestros propios yacimientos, que también existen.

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de marzo de 2013.
Publicado en La Gaceta.