Razones polémicas para entender a Montoro sin viajar a Chipre

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de marzo de 2013.

La unión monetaria hace más difícil la crisis en Europa. ¿Merece el Euro sacrificios de los ciudadanos? Hay opiniones… que hace falta conocer para saber dónde está Chipre y dónde va España.

Juan Francisco Martín Seco. Contra el Euro. Historia de una ratonera. Península, Barcelona, 2013. 208 pp. 15.00 €. E-book 11,99€.


Nicholas Wapshott. Keynes vs Hayek. El choque que definió la economía moderna. Traducción de Ana García Bertrán. Ediciones Deusto, Barcelona, 2013. 400 pp. 19.95 €. E-book 13,99€.

Nadie quiere hoy ser Nikos Anastasiadis, el presidente de Chipre forzado por el Eurogrupo (y por la Unión Europea en general) a tomar decisiones difíciles si no imposibles. Chipre, Estado miembro de la Unión, lleva semanas prácticamente quebrado y el resto de países de la unión monetaria (pero unos más que otros) han puesto a su ayuda la condición de un impuesto a todos los depósitos bancarios del país. Anastasiadis, al parecer, advirtió al comisario Olli Rehn de que no habría en Chipre una mayoría parlamentaria para forzar una quita sobre los depósitos de la gente; pero no se escuchó al chipriota, porque Europa ahora mismo sólo ver a través de los intereses de la gran finanza y de Alemania y de los objetivos políticos de Angela Merkel. Lo que en sí mismo no está mal, por supuesto, siempre que no pretendamos mantener la ficción de una unión buena para todos por igual y establecida entre socios con iguales dignidad y derechos.

Que no somos iguales y que hay diferencias de trato es algo que vemos cada día. Bruselas acaba de abrir por completo las fronteras de todos a las exportaciones de Marruecos, algo que es catastrófico para la agricultura continental y muy en especial para la española. Pero la agricultura importa menos que las finanzas, que las exportaciones industriales y que las obras públicas de las grandes empresas. Casi a la vez, aunque llamándolo “impuesto estatal sobre depósitos”, Cristóbal Montoro se abre a financiar nuestras autonomías, o algunas de ellas, con una saca sobre las cuentas e la gente. ¿Y todo esto por qué? Es lo que hay que entender…

Juan Francisco Martín Seco, manifiestamente un hombre de izquierdas, es además y antes que eso un profesional de la economía, alguien que de estas cosas tiene un conocimiento técnico indiscutible. Es naturalmente lógico tener opiniones distintas de las suyas, pero su descripción de las grandes decisiones económicas de las últimas décadas es, por lo menos, intachable. Retomando opiniones ya expresadas por él desde comienzos de los años 90, Martín Seco explica cómo afecta al bienestar económico de la gente y a la libertad económica de España la pertenencia, doble, a la Unión económica y a la Unión monetaria.

¿Es el euro nuestra condena o nuestra esperanza? Bien, para esto hay una versión oficial casi universalmente aceptada, de principio a fin, por izquierdas, centros y derechas. Y es lógico, si recordamos que en la CEE primero y en la unión monetaria y todas sus secuelas después nos metió el PSOE, y bien que presumió de ello; y en la UE y en el euro nos consiguió mantener el PP. Los partidos y las instituciones coinciden por tanto, a estas alturas de 2013, en ver la adhesión al euro como un éxito nacional sin sombras ni matices. Por diferentes razones ideológicas, en esto coinciden socialistas y liberales, con algunas excepciones. Ni siquiera aceptan que se lo califique como un mal inevitable, exigen de la población la firme creencia de que se trata de un bien indiscutible… con la que está cayendo.

La unión monetaria obliga a todos los países a tener una única política monetaria; lo cual fuerza a elegir, y se elige conforme a los que se consideran intereses de los países más fuertes de la unión. En consecuencia, pertenecer al euro, para bien y para mal, hace que España haya perdido la libertad de usar algunos mecanismos tradicionales de acción económica y financiera (la devaluación, la inflación y otros tipos de actuación publica) para tener que asumir como propias decisiones tomadas por otros a la medida de otros. El euro es, y Martín Seco explica cómo desde su punto de vista, más un límite al crecimiento de España y sobre todo a su salida de esta crisis. Y no hay que llevarse las manos a la cabeza: hay que entender las razones de este autor y comprender por qué muchas de ellas serían igualmente válidas a la derecha y a la izquierda, si en España hubiese verdadera libertad de pensamiento en estas materias.

¿Es el único camino para Chipre pagar cualquier precio que se le pida por pertenecer al euro? Ante todo, conviene distinguir –como parece que sólo hacen los británicos- un mercado común de una unión económica. En cuanto a esta última, más bien hemos visto y seguimos viendo síntomas de una sumisión económica. Sólo entre países equivalentes en lo político, lo social y lo económico cabría una unión; y una ficción de unión entre países divergentes puede causar graves injusticias, y más en tiempos de crisis internacionales, de las que la misma unión puede ser una de las causas. Y además, hay más caminos.

Lo que no hay es un camino fácil; pero Chipre puede salir del euro y aceptar una devaluación, que no deja de ser una opción alternativa. Dolorosa, con consecuencias, tanto más después de décadas de hablar del euro como la panacea, de identificar la moneda con la libertad de mercado continental y de gastar más de lo que teníamos; pero puede que el precio de permanecer y pagar el rescate sea aún mayor y más doloroso. Uno de los problemas de creer que sólo hay un camino es que estamos dispuestos a pagar por él cualquier precio que se nos pida; y lo mismo que Islandia demostró que no es imprescindible arruinar al contribuyente pagando las deudas de los banqueros, Chipre puede demostrar que hay varios caminos en torno al euro, incluyendo algunos de salida.

Hay una verdad oficial económica, con variantes oficiosas, que por sus propias razones Martín Seco no comparte. No siempre ha habido, ni previsiblemente habrá, eso que llamamos “Estado de bienestar”. Pero reconocerlo no ha de ser un motivo de desesperanza. Los españoles, como muchos europeos, estamos perplejos, desesperados, nos vemos en un camino sin salida que no nos gusta. Este libro de Península ayuda ante todo a entender que hay varias explicaciones de lo que vivimos, y si Nikos Anastasiadis hoy y otros mañana quieren ser buenos gobernantes no deben dejarse llevar por las modas ni por los grupos internacionales de poder. Gobernar es elegir, y el hecho es que hay opciones. La historia nos enseña que cuando deja de haber opciones han empezados los verdaderos problemas.

Y además, una discusión teórica… que explica muchas cosas

Hablando de historia, a finales de 2012 Deusto publicó el éxito internacional de Daron Acemoglu y James A. Robinson, ´Por qué fracasan las naciones´, que recorre períodos y espacios mucho más amplios de los que nunca recorrerá el euro. Para ellos, materialistas al fin y al cabo aunque militantemente antisocialistas, es la política económica elegida por los gobernantes la que determina la prosperidad o ruina futura de las sociedades. Tendremos que discutir en otro momento si y cómo la riqueza es el éxito y viceversa; bástenos ahora recordar que siguen siendo varias las políticas económicas posibles, en diferentes grados y matices además, y que ya se demostró en torno a 1929 que lo aparentemente ortodoxo y académico a veces.

¿Qué es antes, por ejemplo, la economía o la política? Una y otra vez, desde el siglo XVIII y especialmente en el XX, se ha debatido con pasión si la intervención del Estado en la economía es buena o mala, indispensable o prescindible. En la Unión Europea, el debate viene hoy entreverado de otro sobre la supervivencia de la democracia, o de la libertad económica, o de ambas. Aunque las condiciones de 2013 no son las de 1929, lo singular es que el bagaje teórico empleado es más o menos el mismo, y por eso es totalmente oportuno que también Deusto acabe de traducir el libro de Nicholas Wapshott sobre el enfrentamiento entre John Maynard Keynes y Friedrich August Hayek. ¿Es preferible una intervención estatal que estimule la actividad económica y genere actividad o es mejor una libertad económica completa para que los mercados sean los que decidan?

Para todo, y también para esto, hay gustos. Resulta eso sí curioso ver cómo los políticos adoptan medidas de una y otra escuela según sus conveniencias de cada momento, no movidos por el que podría ser un sana pragmatismo sino encadenados a la miopía de los parches a corto plazo. No dudo ni de la honestidad ni de la formación de Cristóbal Montoro, pero si efectivamente crea un nuevo impuesto sobre los ahorros de la gente (que viene a tasar los mismos bienes ya sometidos a IVA, IRPF, Patrimonio y Sucesiones) que no espere pasar a la historia ni como defensor de las libertades, ni como protector de la clase media, ni como conservador de los principios del PP. Seguramente en diferentes momentos habrá que adoptar diferentes soluciones, y seguramente los dogmatismos no sean la mejor salida. Pero lo menos que puede pedirse, especialmente ahora, es que nuestros políticos conozcan, antes de decidir, los argumentos de Keynes y de Hayek. Recordando en todo caso, por cierto, que el mercado no es el bien común y que la libertad es más que la mera libertad económica. Cosa que quizás a veces Europa haya olvidado.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 22 de marzo de 2013, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/razones-polemicas-para-entender-montoro-viajar-chipre-127905.htm