La “dolce vita” de los marqueses del dinero ajeno y la moral distraída

Por Pascual Tamburri, 31 de mayo de 2013.

Los políticos dan a menudo la impresión de pensar sólo en su propio bienestar. Tienen tareas que cumplir, y sobre todo son un ejemplo. Si dejan de serlo, se juegan su futuro y el de todos.

A todos nos vendría bien que nos pagasen las vacaciones, o que nos subvencionasen la empresa, o que nos colocasen a dedo, o que personas cercanas a nosotros recibiesen favores de la Administración o de quien tenga poder o medios. A todos, qué duda cabe; pero sólo hay una casta privilegiada de personas que está en esa posición ventajosa constantemente: son los gobernantes, muchos de nuestros políticos.

¿Nos vamos a Disneyland Paris? Nos invita a todo trapo un amigo de un amigo que trabaja para el Partido y el Estado. ¿Tenemos parientes que colocar y empresas a las que beneficiar? Se le pregunta a Pepiño Blanco. ¿Siempre quisimos conocer Helsinki? Basta llamarse Bárcenas y no faltará el empresario amigo que pueda organizarlo. ¿Soy diputado y me apetece una copa barata? El Congreso las financia a precios que cualquier adolescente querría, pero eso sí con las mejores calidades y servicio vip, todo subvencionado con impuestos.

¿Mi sueldo oficial me parece poco? Los diputados andaluces de todos los grupos nos ponemos de acuerdo en la subida, en eso sí. Vuelos privados, entrenadores personales, sucesiones a dedo, dietas gloriosas a cuenta de reuniones que ni se celebraron de Cajas que quebraron y dinero que se eclipsó. Todo eso sin necesidad ni de mencionar el urbanismo y los consejos de administración. Los últimos meses y años han hecho parecer a Flick, a Naseiro, a Juan Guerra, a Vera, a Barrionuevo y a Roldán hermanitas de la caridad.

El centro del problema no es la legalidad, sino la ejemplaridad. Si una conducta es ilegal y punible es algo que, suponemos, decidirán los jueces. Pero al ciudadano normal de la España democrática y en crisis le preocupa que quienes están por encima de él en poder y en autoridad actúen respetando la dignidad de las instituciones y sirviendo de modelo para todos los demás ciudadanos. Aunque sea técnicamente legal, si la conducta de un político es antiestética y deplorable no podemos luego pedir a los españoles que sean intachables en el fondo y en la forma. Lo que tiene consecuencias también económicas.

La ejemplaridad no admite excepciones, y además tiene un margen de error limitado. Cuando casi un 60% de los jóvenes españoles está en paro, casi siete millones de trabajadores no tienen empleo y en casi dos millones de hogares no entra ningún ingreso, no era prudente que el Rey mantuviese su yate este verano. Es verdad que el nuevo Fortuna no costó nada a Hacienda, pero su mantenimiento es caro en medio de tantos recortes; y sobre todo era una mala señal de cara a un pueblo ya ampliamente receloso hacia los gobernantes y hacia la Casa Real. Lo acaban de ver hasta los Príncipes en el Liceo, y era de esperar.

Quienes nos gobiernan tienen como primera misión servir de símbolo y de ejemplo, y si no lo hacen ponen en riesgo tanto su propia continuidad como la del sistema y las instituciones.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 31 de mayo de 2013, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/dolce-vita-marqueses-dinero-ajeno-moral-129249.html