Miedo a Luis Bárcenas y la amenaza de un consenso para callarlo

Por Pascual Tamburri, 16 de agosto de 2013.

‘Más adelante diré lo que tenga que decir’. Dicho en marzo de 2013 por Luis Bárcenas a Javier Algarra en El Gato al Agua. Ahora, sus declaraciones asustan… y más al PSOE.

No es fácil entender cómo Óscar López y Alfredo Pérez Rubalcaba se atreven a dar lecciones de ética, de estética o de contabilidad a María Dolores de Cospedal y a Mariano Rajoy, pero así hemos llegado a este final de verano, lleno de sobresaltos y de pericias espinosas del juez Pablo Ruz. Hay un gran consenso entre los dirigentes de primera fila de la política nacional al afirmar que el caso de Luis Bárcenas pone en peligro a España, o al menos al sistema democrático. Consenso amplio, pero no total.

Unos le reprochan lo que hizo y otros lo que no, unos lamentan lo que dijo y otros lo que calla, pero la tentación del consenso es innegable. Muchos medios de comunicación y analistas distinguidos lo creen así: Bárcenas, como Gürtel, Campeón, Palau, la CAN navarra, la Casa Real, los ERE andaluces y tantas otras revelaciones negarían la legitimidad de ejercicio, si no la de origen, al régimen constitucional. Que para muchos de sus protagonistas, incluyendo los que ven el Bárcenas en ojo ajeno antes que el ERE en el propio, se identifica tal cual con España.

¿Callar y tapar, todos a una, para evitar que tirando de la manta todo se tambalee? Algunos llaman miedo a lo que acabamos de llamar consenso. Digamos que los afectados por las distintas revelaciones se reparten por casi todo el espectro de partidos políticos, de manera que hay dos vías de salida naturales para este enredo. Puede ocurrir que efectivamente, Bárcenas y otros como él ´tiren de la manta´ allí donde haya manta de la que tirar y el descontento masivo, sumado a la crisis económica y a la desesperanza política, social y moral, desmonte el orden que ´nos hemos dado´ hace una generación. Al fin y al cabo, ni Bárcenas, ni su mujer, ni Álvaro Lapuerta, ni Ángel Sanchís, ni nadie en ningún gran partido cobra por sufrir en silencio. Y puede ocurrir, al contrario, que para evitar ese desmontaje, las grandes fuerzas políticas, económicas, sociales, ideológicas y mediáticas lleguen a un modus vivendi en el que se atenúen o anulen las fuerzas de los escándalos, y todo permanezca como está con algún retoque externo, o no tanto.

Una España dejada a la furia popular tras Bárcenas sería una en la que los dos grandes partidos se retrocederían sin desaparecer, lejos de cualquier mayoría, y surgiesen fuerzas más o menos ocasionales y extremistas, junto al extremismo siempre presente de comunistas e independentistas. Una España de políticos y mayorías supuestamente nuevos, en la que nadie tendría valor de oponerse a declaraciones unilaterales de independencia, en el que la clase política quedaría anulada por unos jacobinos nacidos de sus culpas. Una España de conflictos y de grandes cambios constitucionales e institucionales, ya que habría un reconocimiento general del fracaso de lo existente. Ni siquiera ´una´ España, ya que sólo con las armas se podría impedir que los cambios incluyesen el troceamiento.

La otra opción –que algunos ven ya en marcha- sería combinar la búsqueda de chivos expiatoriosBárcenas mismo, como en su tiempo lo fueron Vera y Galindo– y culpables a medias junto a suaves tratamientos judiciales o personajes más relevantes para evitar ´males mayores´ (por supuesto, nada que ver con las recientes caricias togadas a Blanco, a Barcina, a Matas o a algunos etarras). Y dejar que el tiempo pase. Poco a poco, las aguas volverían a su cauce, el fin de la crisis devolvería la ilusión y los partidos convivirían sin destruirse a la italiana. Y a los nacionalistas, concesión aquí y allá, quizá con una forma de ´estadito asociado´ como paso intermedio que permitiese contar seráficas milongas a quien las quisiese oír.

Claro que no creo que los poderes de nuestro Estado vayan a consentir ninguna de estas dos malas opciones, ni que algunos políticos vayan a optar, defendiendo su interés individual, por ninguna de ellas contra el bien común de la nación. Impensable, ¿no? Pero si lo hacen deben encontrar quien se les oponga. Con o sin manta de la que tirar. El “más adelante diré lo que tenga que decir” de Bárcenas (y quizá de otros) sigue pesando, aunque sea tarde o mal.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 16 de agosto de 2013, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/miedo-luis-barcenas-amenaza-consenso-para-callarlo-130676.html