Desde los GAL, sangre, mentiras y espías en las cloacas del Poder

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de octubre de 2013.

Los episodios más sucios de política, terrorismo y corrupción, quedan ocultos. Desde los GAL a la sentencia de Estrasburgo, está claro que los servicios discretos del Estado no son de fiar.

José Amedo. Cal viva. Un relato estremecedor: la verdad definitiva desde las entrañas de los GAL. Prólogo de Antonio Rubio. La Esfera de los Libros, Madrid, 2013. 398 pp. 21,90 €. eBook 9,49 €


Francisco Marco. El método. La verdad sobre la agencia de detectives Método 3 y su caída. Una historia de chantajes y mentiras. La Esfera de los Libros, Madrid, 2013. 600 pp. 20,90 €.

En el comienzo de curso político dos libros de revelaciones han marcado algunas agendas. Eran esperadas las memorias profesionales y judiciales del comisario José Amedo, Cal Viva, y han causado más escándalo del previsto; no tan esperadas pero igualmente sorprendentes, más por lo político que por lo penal, han sido las del detective Francisco Marco, El Método. Con las dos La Esfera de los Libros se apunta un tanto editorial, periodístico y a la vez político. Porque coinciden en el mismo mes en el que se ha tapado judicialmente la dimensión política del caso Faisán –donde han pagado policías por responsables-, en el que se ha sacado de la cárcel al asesino Troitiño y en el que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo saca a la calle a Inés del Río y, si el Estado no lo impide, sacará a muchos otros.

José Amedo fue un policía profesional, y dedicó su vida, como se le entrenó, a informar y actuar sobre ETA. Amedo lideró una de las ramas de esa realidad tan compleja que fueron, si es que fueron, los GAL; actuó por órdenes de sus superiores y viendo que otros actuaban, conectados o no a su grupo. Los atentados de los GAL fueron, si se quiere, ilegales, pero respondieron eficazmente a la amenaza etarra; además, en aquel momento, respondieron a los intereses políticos de los que ordenaron y pagaron su creación.

Amedo, y no sólo, creyó que sería políticamente respaldado, sin darse cuenta de que para muchos, empezando por el inefable Baltasar Garzón, el poder, el éxito y la propaganda estaban muy por encima del servicio a España y al Estado. Amedo pagó la culpa de sus actos, y sobre todo del silencio de otros, en la cárcel. Ahora, justo cuando el Estado parece girar de nuevo y los etarras celebran por las calles la que consideran una victoria, es muy ilustrativo leer a Amedo y ver cómo se contó la parte de los GAL que él llegó a conocer. Y percibir qué partes de los GAL no le enseñaron pero necesariamente tenían que existir, si es que dejaron de existir. Además de muchas conclusiones prácticas, uno se queda gracias a Amedo con la idea clara de que ni los políticos profesionales son de fiar en la lucha contra el terrorismo, ni ETA ha dejado de existir en absoluto.

Distinto y mucho más joven que Amedo, pero también de moda en política, es el catalán Francisco Marco Fernández, director de la agencia de detectives Método 3, conocido por su actividad discreta o discreta tras líderes públicos catalanes, y revelado por atender al encuentro entre la fecunda Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PP de Cataluña, y la exnovia de Jordi Pujol hijo. Método 3 hizo muy buenos negocios y en ellos Marco conoció a muchas personas y muchas cosas… seguramente hasta llegar a ser molesto, aún no está claro para quién, pero con la certeza de haber sido apartado para siempre de la vida profesional porque creyó que su posición, sus amistades y su información le hacían más o menos inmune. Y decepcionado cuando comprobó que otros sabían más, que no había lealtad ni amistad por encima del poder y del dinero, y que había legado a ser molesto, aunque aún no sepa con exactitud para quién ni en qué medida.

Una primera conclusión a extraer de estos dos libros y del contexto general reciente de los servicios de acción e información se refiere al Ministerio del Interior y sus dependencias (sin excluir el CNI). No son ningún prodigio de eficacia en las que se suponen sus misiones, pero sobre todo, en los niveles de mando, concentran sus energías en la conservación de su poder y de su influencia. Hemos visto etarras liberados, policías condenados, negociaciones y concesiones sin que nadie dimita. Los que mandan ahí, sea cual sea el partido en el poder, no tienen unas convicciones más fuertes que sus intereses políticos, económicos, administrativos o personales. José Amedo, hombre por lo demás duro, nos cuenta cómo lo comprobó; pero a él no lo traicionaron… fue él el que se dejó llevar por la idea de que con él serían más amables de lo que habían sido con otros antes. Y Francisco Marco, por lo privado, ha llegado a una conclusión similar: por muy listo que sea uno y muchas cosas que sepa, los que mandan tienen otras prioridades, que no son ni España, ni sus principios, ni los hombres y mujeres que han confiado en ellos por un puñado de nada. La política en un Estado de este tipo es así mande quien mande y con escasas excepciones.

Otra conclusión importa precisamente a los policías, guardias civiles, militares y en general servidores públicos a cualquier título. Cierto, muchos de ellos han jurado una bandera y lo han hecho llenos de unas convicciones. No menos cierto, en el curso de sus vidas profesionales, en un mundo tan escabroso como el de la información y la acción directa, todos han tenido que hacer concesiones tanto en las formas como a menudo en el fondo. Al final, a día de hoy, son personas que están en una empresa, con o sin uniforme, por un sueldo; y eso no es un mal. Simplemente han de recordarlo, y también han de dejarlo claro a quienes se relacionan con ellos. De sus jefes políticos (y cualquier persona con fajín es también político en esta España) no pueden esperar nada más que política, y sólo pueden pedir lo que esté en el contrato. Por la misma razón, harán bien en no darles más de lo que figure en el mismo contrato, porque si no, como comprobó y explica Amedo y seguramente también ha visto Marco, puede que en vez de una recompensa especial se encuentren pagando no sólo sus propios errores sino los de otros con menos escrúpulos. Hacia abajo, hacia sus subordinados a cualquier título, serán honestos si actúan del mismo modo: dar lo que está estipulado y pedir lo mismo, y no más, porque llegada la hora de la verdad o ellos o sus subordinados van a quedarse al descubierto.

Una tercera advertencia ha de valer a quienes, por la razón que sea, se consideren “ideológicamente” del mismo lado de los informadores y activistas al servicio de los poderosos, sea a título público o privado. Si algo demuestra el caso de Amedo y los GAL, de otro modo el de Método 3 y magníficamente también la sentencia reciente de Estrasburgo es que las instituciones y sus servidores no están “ideológicamente” de ningún lado. Puede coincidir que a veces tengan que seguir o perseguir a los enemigos de España, pero con la misma o mayor fuerza si se les ordena seguirían y perseguirían (y de hecho lo hacen) a los que quieran ser defensores de España o de los que fueron sus valores. Nada más.

No repitáis el error eterno de las últimas cuatro o cinco décadas: militares, guardias y policías no son “de los vuestros”, son sólo de los suyos y si acaso de sus jefes, como por su lado los políticos profesionales; puede que a veces os digan muchas cosas bonitas para manipularos, para utilizaros en las cloacas, para sonsacaros o para que hagáis lo que ellos no quieren o no pueden. Pero no son, nunca han sido y nunca serán “de los vuestros”. No son ni siquiera “de los suyos” si caen en desgracia, porque yo no he visto dimisiones ni reacciones ni tras la detención del general Galindo, ni tras la de Amedo, ni tras las sucesivas concesiones a los asesinos etarras de las que lo de Estrasburgo ha sido sólo el penúltimo capítulo. No hagáis nada creyendo que “estamos del mismo lado”, porque os engañáis y os engañan, y es una historia muy vieja.

Si crees que estás del lado de España recuerda que ellos están del lado de su nómina y del de sus jefes políticos. Y ellos y los políticos son los que tienen que demostrar, con hechos, dónde están. Con el abandono de Amedo lo dejaron más que claro; ahora con la sentencia de Inés del Río han tenido una ocasión estupenda de usar su poder, su autoridad, sus instituciones, sus leyes y sus armas, y no lo han hecho más que para darle un regalito a la ETA de Tafalla que es lo que toca. No te engañes, aprende de Amedo, lee lo que dice y no dejes acercarse a esa gente, que sólo y como mucho se quieren aprovechar de ti para luego abandonarte. Si algo no falta es experiencia.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 25 de octubre de 2013, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/desde-sangre-mentiras-espias-cloacas-poder-131801.htm