El saber como fin en sí mismo, la Universidad que (casi) no existe ya

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de enero de 2014.

¿Ciencias contra Letras? ¿Antiguos contra Modernos? La Universidad sigue siendo patria de disputas sin resolver, o mal resueltas, que han lastrado un siglo de vida española. O más.

Jerónimo Molina Cano. Nada en las manos. Los Papeles del Sitio, Sevilla, 2013. 160 pp.


Karl Jaspers. La Idea de la Universidad. EUNSA Astrolabio Antropología y Ética, Pamplona, 2013. 236 pp. 12 €.

¿Qué es un universitario al empezar 2014? Va a ser difícil que nos pongamos de acuerdo, al menos si aspiramos a una definición válida desde los goliardos y los Colegios hasta los mozos de botellón y los apenas huidos de la servidumbre del arado. Lo que no podemos negar es que a lo largo de su secular historia es que la Universidad ha producido un tipo humano particular, los genuinamente universitarios, que han reflexionado en distintos momentos sobre la naturaleza, las funciones y el futuro de la institución y de su entorno.

Tenemos recién publicadas en España dos obras de este tipo, de dos personas bien diferentes, de distintos países y momentos, pero unidos con muchos otros por ese amor a la institución, por esa preocupación por su decadencia o su pérdida de sentido, y por esa indagación en sus posibles futuros. Por una parte, Eunsa nos ofrece la primera versión española del clásico de Kart Jaspers de 1946 sobre la Universidad, y el profesor Jerónimo Molina ha recopilado con Los Papeles del Sitio sus propias “virutas de taller” de 2011 a 2013, con pensamientos sueltos, pero no tan sueltos, y a su vez vividos en, por y para la Universidad.

La idea más verdadera de la Universidad se trae a la conciencia en vano si ya no hay en general personas que puedan llevarla a cabo… No menos que de los profesores, la Universidad depende del tipo de estudiantes… El ingreso a la Universidad debe estar determinado por una selección… Los mejores no forman una clase, sino una indistinguible variedad de personas cargadas de destino… Al hombre intelectual le caracteriza un rasgo esencial: no quiere la vida intelectual o espiritual como medio para otro fin externo…” En poquísimas frases Karl Jaspers, filósofo y psicólogo pero para nada elitista o antidemócrata, define toda una visión de la Universidad que va mucho más allá de él y de las ideologías contemporáneas que, solas o en grupo, tanto daño han hecho a la Universidad.

Jaspers se enfrentó a la intromisión de la contemporaneidad en la Universidad, y a sus consecuencias. Admirador de la ciencia, de todas las ciencias, del saber en sí mismo sin reducirlo a esa caricatura que son las ciencias experimentales sin otro sostén, el filósofo alemán propone sus ideas para que la Universidad viva y se renueve incluso después de lo peor, sin dejar de ser ella misma. Más aún, en Jaspers hay una identificación radical entre lo mejor y más deseable de nuestro tiempo y lo que a él ha llegado y en él se ha creado en la Universidad… cuando había Universidad. Lo que lleva a una reflexión de absoluta y radical actualidad sobre por qué la Universidad no es y nunca ha sido algo fósil o inmóvil, pero también por qué y por la misma razón no puede dejar de ser ella misma para llamar “Universidad” a cualquier laboratorio, centro de formación, centro de investigación o capricho político o administrativo.

La Universidad, formadora y educadora superior, no es para todos; a ella deben llegar los más capacitados para que de ella salgan los mejor formados. No produce técnicos ni mecánicos del saber, sino conocedores, pensadores y creadores, además de formadores. Si por populismo se masifica, deja de ser Universidad aunque conserve el nombre. Y deja de cumplir sus funciones esenciales, a cuya meditación Jaspers, entre otros, dedicó su tiempo. Quien más pierde con la destrucción de la verdadera Universidad no son los ricos ni los privilegiados, sino justamente los más desfavorecidos, a los que se haría justicia con una Universidad moderna, minoritaria, abierta a los mejores sin distinción de clase pero con selección de calidad. ¿Lo entenderán nuestros rectores y políticos? Creo que sí, otra cosa es que, como demuestran las décadas transcurridas desde la gran crisis que vivió Jaspers, se atrevan a romper con el círculo vicioso de la masificación, la vulgarización, la pérdida de misión, visión y sentido. Haría falta no sólo otra gran crisis –puede que ya la tengamos- sino una generación de valientes sin complejos.

Quien no los tiene, y doy fe personalmente, y como lector suyo, es Jerónimo Molina. La editorial Los Papeles del Sitio ha publicado en su ´Nada en las manos´ una recopilación de ideas, desde la vivencia universitaria, reflexionando sobre sus lecturas, sus experiencias, sus lecturas y sus autores admirados o descalificados. No abundan en la España de hoy libros de este tipo, antes más frecuentes, quizá porque solemos avergonzarnos de pensar por nosotros mismos y esperamos de un universitario simple erudición, mera investigación y sobre todo que se mantenga dentro de las fronteras de la corrección política y académica. Algo que, ni en Murcia ni en Pamplona, puede decirse que haga el profesor Molina.

Conocedor de la Universidad como es y como ha sido, tanto como conocedor de la política como fue, como la pensaron Carl Schmitt u Oswald Spengler, penúltimo apóstol español del realismo político, Molina hace algo tan poco habitual entre nosotros como dar prioridad a la lectura, la reflexión y la docencia sobre la exhibición de novedades investigadoras. En este libro, además, nos cuenta, sin orden y sin voluntad de convencer –aunque quizá sí consiguiéndolo- la Universidad que él vive, la que ha vivido y la que desearía, desde un punto de vista abiertamente español, cristiano, realista y, sin concesiones, ajeno a lo mediocre. Una razón de no poco peso para leerlo, en medio de una educación que necesita cambiar para poder vivir.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 4 de enero de 2014, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/saber-como-mismo-universidad-casi–132941.htm