El obrero que desafió a Franco, en la versión de un enemigo

Por Pascual Tamburri Bariain, 31 de enero de 2014.

Manuel Hedilla ha sido un mito del antifranquismo. Ha llegado la hora de saber si hubo oposición falangista a Franco o si se ha creado en la imaginación de los antifranquistas póstumos.

Joan Maria Thomàs Andreu. El gran golpe. El “caso Hedilla” o cómo Franco se quedó con Falange. Introducción del autor. Penguin Random House – Debate, Barcelona, 2014. 504 pp. 28,90 €

Tras muchos artículos y libros dedicados a la historia de la Falange en todos sus momentos y circunstancias, Joan Maria Thomàs contraataca en 2014 con un volumen denso y con toda una vida de trabajo y archivos detrás apuntando al momento más polémico del fascismo español: la Unificación de abril de 1937. Aún hoy, y han pasado más de 75 años, sigue siendo un asunto espinoso que es mejor no tocar si se conversa con los poquísimos supervivientes del momento y con los no tan pocos que se han considerado en el deber de tomar partido póstumo. Lo cierto es que, casi un año después de empezada la Guerra Civil y con todas las necesidades derivadas de ella y de encontrarse en aquella Europa totalitaria, Francisco Franco unificó todas las fuerzas políticas de su bando en un solo Partido. En esa unificación ganaron más influencia los que menos apoyo popular tenían, y la perdieron, quizá inevitablemente, los únicos grupos de masas.

La maniobra de unificación, que llevó a la creación de FET y de las JONS, tuvo vencedores y vencidos. Vencedores temporales, los partidarios más convencidos y formados de la necesidad de una fuerza totalitaria para una España moderna, a la Serrano Suñer. Vencedores definitivos, las fuerzas clericales, capitalistas y monárquicas, enemigas de casi toda modernidad y de lo que entonces parecía amenazar en aquella Salamanca preñada de miedos y de esperanzas. Vencidos, los que por una u otra razón no supieron o no quisieron reconvertirse ni al totalitarismo fugaz de unos ni al autoritarismo rancio de los otros. Los falangistas, por ejemplo.

Manuel Hedilla Larrey fue uno de los protagonistas de la Guerra Civil y del primer franquismo. Miembro de la Vieja Guardia falangista, no fue ninguno de sus líderes principales pero estuvo con todos ellos. Tras el 18 de julio, en una España dividida y en guerra, Hedilla asumió a título temporal la jefatura de Falange, una Falange cuyo mensaje y estilo totalitarios llegaron inesperadamente a las masas. Una Falange gigantesca, poderosa, cambiada y sin rumbo en una España Nacional que desde octubre de 1936 gobernó Franco.

Joan Maria Thomàs relata en este libro, a partir de los procesos por los que después pasó Hedilla, las divisiones y disputas entre los líderes falangistas en 1936-1937 y el momento en el que Franco no sólo se hizo con la Falange sino que la usó para unificar, con sus formas pero no con todo su fondo, todas las fuerzas políticas que apoyaban el naciente régimen. El profesor Thomàs escribe de un modo comparativamente ameno, no académico, grato de leer incluso en más de un punto; y sobre todo aporta aquí información de primera mano sobre cómo cuándo y por qué los falangistas disputaron entre ellos, explicando por ejemplo que no era Hedilla precisamente el más opuesto a una reorganización de apariencia totalitaria del Partido y el Estado. Es un libro sólido, lleno de datos y de sorpresas, que indignará a muchos falangistas póstumos que heredaron una imagen mitificada y falsificada de la persona de Manuel Hedilla.

Como ya hemos dicho antes aquí a propósito de otros trabajos de Joan Maria Thomàs sobre esta época y este ambiente, Thomàs se enreda en una serie de cuestiones difíciles de comprender desde fuera de su contexto social, histórico y político. Por muy antifranquista o antifalangista que uno quiera ser en 2014, es necesario asumir el contexto histórico pus el riesgo es no entender los movimientos de cada uno. No podemos juzgar ni a Hedilla, ni a Franco, ni a los cabecillas de Salamanca, ni a la Falange de 1936-1942 sin entender en qué España y en qué Europa estaban moviéndose. Esto ya lo explicó hace unos cuantos años en un libro-debate de Ediciones B, a propósito de Ramón Serraño Suñer y su clarividente posición, Adriano Gómez Molina al profesor Thomàs. Ahora sobre Hedilla es admirable el trabajo de búsqueda y de desmitificación, pero es insuficiente la comprensión de la persona del líder falangista, y de la Falange misma, que no puede ser entendida a la ligera aplicándole parámetros del siglo XX. “¿Qué fue Falange Española? … lo que dijo ya Stanley G. Payne desde su primer trabajo y con mayor razón en muchos de los sucesivos: la Falange fundada en 1933 no fue sino la manifestación política más cumplida del fascismo español, es decir la participación española en un complejo fenómeno político y cultural de la Europa de entreguerras. Fue el fascismo una realidad moderna, con sólidas raíces en el pasado pero inmune a toda nostalgia de éste, creada en, por y para sociedades avanzadas o en trance de avance, sintético, ambiguo, contradictorio y sorprendente; y por supuesto muerto en 1945 tras haber asombrado al mundo en sólo dos décadas” .

¿Es sorprendente que en un partido político se luche por el poder o por decidir el rumbo de la organización? Por supuesto que no, y tampoco en Falange. Hedilla, quizá de los líderes libres en 1937 y con la excepción de Serrano el que mejor entendía a Franco, pagó las culpas de todos con unas condenas a muerte que probablemente Franco nunca pensó seriamente en que se ejecutasen. Si hubo resistencia falangista al franquismo fue por la sospecha primero y mucho más tarde por la constatación de que el Estado que se construía no era ni pretendía ser salvo inicialmente en algunas de las apariencias un Estado totalitario ni falangista. Hedilla, en todo caso, entendió mejor su propia posición tras los años de condena. Su “caso” fue de pura política, no fue condenado por ser obrero (decirlo sería demagogia y pensarlo necedad). Desde que se creó FET no había hedillismo posible, pero los bandos y facciones no desaparecieron –cosa que Thomàs esboza de manera muy adecuada y sugerente- por más que el único falangismo realmente posible en aquel contexto pasaba por Franco y dependía de algo que finalmente Franco no quiso, como fue el proyecto modernizador de Serrano Suñer. Así que necesitaremos también este libro si queremos entender una época cada vez más lejana y peor entendida pero más citada.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 31 de enero de 2014, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/obrero-desafio-franco-version-enemigo-133491.htm