Inmigración, la verdadera y gran amenaza, y no la Guardia Civil

Por Pascual Tamburri, 21 de febrero de 2014.

España, frontera de Europa. Las imágenes y los datos nos lo recuerdan: miles de personas se esfuerzan por entrar en España, umbral de su paraíso. ¿Por encima de nuestro derecho e identidad?

Falta poco para que se acuse de genocidio a la Guardia Civil por defender la frontera de España de la entrada en masa de extranjeros violando las leyes vigentes. El PSOE, pese a que Rubalcaba ha vivido esto desde el Gobierno hace muy pocos años, está a un paso de hacerlo, si es que al hablar de “tiroteo” no lo ha hecho ya. Los comunistas de IU y su séquito autonómico ya lo han hecho, pero no esperábamos otra cosa de los nietecillos de la Pasionaria ni de los hijos de Josu Ternera. Más sorprenden los miedos y torpezas del PP, y en especial del ministro del Interior, jefe directo de estos militares; aunque tampoco se distingue por su especial habilidad.

¿Volveremos a la “devolución inmediata” de inmigrantes ilegales? No deja de ser una medida mínima, parcial y a corto plazo, pero necesaria. No es la solución de nada, pero sí el modo de evitar más males mayores. Se preguntaba el jueves alguien que de esto sabe y allí vive: “¿Cómo llegan decenas o cientos de inmigrantes subsaharianos hasta las fronteras de Ceuta y Melilla sin que las autoridades de Marruecos, que no se andan con remilgos con los extranjeros, los detengan? Huele a negocio oficial de la casta del sobre. Y no es unilateral, si no, en España ya lo hubiera denunciado alguien”. Evidente. Si vienen, es por algo. Si Marruecos lo consiente, es por algo. Si entran y si se quedan, es por algo. Porque habrá quien se beneficie. Y no es, desde luego, la Guardia Civil.

Izquierda Unida, con sus amigos batasuniformes y muchos amigos en el PSOE, lo tiene claro, dice y repite lo mismo que desde hace dos décadas: “Papeles para todos”. Eso tiene un nombre, y ese nombre es demagogia. Sensiblero y demagógico era antes pretender que España acogiese en nombre de Europa a todos los huérfanos de un colonialismo que terminó hace sesenta años en unos casos y doscientos en otros. Ridículo era y es pretender que los españoles paguen la entrada e instalación de unas personas que violan las leyes y rompen la convivencia desde antes de entrar en España. Si alguien quiere tenerlos aquí debería empezar por tenerlos en su casa, a su costa y respondiendo por todo lo que hagan y necesiten. El resto, manipulación.

Ojo, que no menos escandalosa fue y es la manipulación de signo opuesto pero en definitiva de igual contenido: lo que hace rechazable esta entrada invasiva no es que viole las leyes (porque las leyes se pueden cambiar), ni su precio en un momento de crisis económica y de paro gigantesco. Era igualmente un problema cuando había muchos enriquecidos gracias a esta llegada y su explotación (y aún los hay).

España es una comunidad con una identidad nacional, dentro de una familia con una personalidad común, que es Europa. Pueden entrar extranjeros, por supuesto, pero cualquier Ley de Extranjería debe tener en cuenta que la actual masa de migrantes de múltiples orígenes, lejos de asumir la cultura a la que llegan, traen consigo, difunden y asientan sus rasgos propios, ajenos a España y Europa. Es un movimiento sin precedentes en proporción desde las invasiones bárbaras de la agonía del Imperio, con la diferencia, no pequeña, de que germanos invasores y romanos invadidos éramos entonces mucho más cercanos y compatibles. Y costó mil años completar la simbiosis.

La presión no llega sólo a Ceuta y Melilla, sino a toda Europa. Y la cuestión no es sólo dar medios y autoridad a quien defiende la frontera, sino saber qué queremos defender en esa valla. Hace muy pocos días, el filósofo Alain de Benoist sorprendía a muchos definiendo las claves del debate actual sobre la identidad nacional y la inmigración. Para él, su país, como otros de Europa, “está atravesando una profunda crisis de identidad, que para muchos se debe únicamente a la inmigración de masa. Es verdad, es uno de los principales problemas, pero no es ´el´ problema. Hoy, el sistema tradicional de integración ha fracasado. Ya no son los inmigrantes los que se adaptan a Francia (o a España), sino que somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a ellos. Lo contrario del sistema americano, donde el proceso e obtención de la nacionalidad es mucho más solemne y los inmigrantes, una vez integrados, se convierten a menudo en mucho más patriotas que los mismos americanos.

(Aquí), los inmigrantes dicen que odian el país, silban el himno nacional y durante las competiciones deportivas animan a los rivales. No se sienten parte de este país, porque han obtenido la nacionalidad por azar y no por su voluntad. Son las consecuencias deletéreas del ius soli. De todos modos, la inmigración masiva es mucho más la consecuencia que la causa de la progresiva descomposición de la identidad nacional. La gente ya no sabe en qué consiste nuestra identidad nacional. Hay una crisis en la enseñanza de la historia en la escuela, y de la escuela como tal, una crisis en la transmisión del saber. Ya no se sabe qué transmitir”.

Y esa es la verdadera amenaza, no las personas que cruzan la frontera, sino nuestra identidad perdida, pues para existir necesitamos saber qué somos.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 21 de febrero de 2014, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/inmigracion-verdadera-gran-amenaza-guardia-civil-133882.html