Donde la Constitución es más problema que solución, cambiémosla

Por Pascual Tamburri, 14 de marzo de 2014.

La anexión abertzale tiene una puerta abierta. Navarra no es Crimea, pero la Constitución permite el Anchluss que ETA pide. Mariano Rajoy tiene una promesa que cumplir… si el PSOE quiere.

Está de moda, al menos desde el 11-M, opinar en público que la Constitución de 1978 no es parte de nuestros problemas políticos sino “una parte necesaria de la solución”. Muchas veces repetida con pocas variantes, la frase se ha multiplicado desde que la casta política corrupta es vista como el mayor problema por los españoles. Buscando soluciones, nos invitan a que lo hagamos en, con y por la Constitución. ¿Y qué hacemos donde la misma Constitución es el centro del debate y de la división política?

Estamos acostumbrados a una política elemental, Rajoy vs Rubalcaba, centro vs izquierda, en una apariencia de división que seguramente ya no sirve en ninguna región pero que desde luego en Navarra nunca ha servido. Simplemente porque las cuestiones sobre la mesa son más y porque, por tanto, las líneas de fractura son distintas. Decía el otro día por aquí Adolfo Lefort que “cabe la posibilidad de que los partidos y grupos favorables a la anexión de Navarra al País Vasco tengan la mayoría suficiente y puedan plantear la disposición transitoria cuarta de la Constitución”. Y es un hecho que va a seguir marcando la política provincial.

El hecho más cercano es que, sin atreverse a una moción de censura, el Parlamento de Navarra ha pedido el adelanto electoral con los 27 votos de Bildu, Aralar, Izquierda Unida, Geroa Bai… y el PSN PSOE. Y puede ocurrir que, sean cuando sean las elecciones (Rubalcaba ha querido dejar la decisión a Yolanda Barcina… porque le conviene a él), haya una mayoría suficiente para abrir la puerta de anexión al País Vasco que los Padres de la Constitución quisieron dejar abierta en 1978.

El hecho remoto es precisamente ése. Un caso único en España, la disposición transitoria cuarta crea un mecanismo por el cual Navarra puede incorporarse a la Comunidad Autónoma Vasca, y en cambio nunca podría salir de ella si hubiese entrado. Ninguna otra región de España tiene sobre sí una hipoteca similar. Menos aún irreversible. Por eso, desde el principio de este régimen, en Navarra no sólo hay izquierdas y centros (derechas, abiertamente, menos), y tampoco todo es separatistas vs españolistas. Ya en el debate de 1977 y 1978 muchos navarros anti abertzales fueron también contrarios a esta vertiente de la Constitución, porque la identidad española de Navarra se ponía en peligro sólo por una componenda de pasillos entre políticos. Por eso hubo una Alianza Foral Navarra, integrada luego en Alianza Popular, frente a la mendicante UCD, y por eso luego se fundó UPN.

Cuando se refundó el PP navarro en 2008 Mariano Rajoy tuvo las sonrisas de la inmensa mayoría de los presentes pero también algunas significativas malas caras cuando prometió lo que los españolistas navarros llevaban treinta años esperando: la derogación de la transitoria cuarta, la modificación constitucional para impedir que una coyuntura política crítica –como ésta- permita la entrega de Navarra. En la campaña electoral de 2011 Rajoy renovó ante Barcina (y con algunas miradas de pocos amigos aquí y allá también) ese compromiso de reforma.

La Constitución, tal y como está, no une a los navarros. No une ni siquiera a los navarros españolistas, que lo son mucho antes de ser constitucionalistas si es que lo son. No es solución a nada sino causa de más división y problemas. Ahora que se habla tanto de consenso y de la necesidad de pactos conviene acordarse de esto: de que Rubalcaba ha impedido un paso hacia Euskadi que su delegación foral sí quería dar, y de que Rajoy tiene un compromiso con su propio PP navarro y con UPN de cambiar esa parte de la Constitución.

Los dos pueden cumplir uniéndose para derogar la Transitoria, una disposición que sólo ha servido para complicar más la vida política navarra durante décadas y para generar más división. De aquí a las siguientes elecciones regionales, que Barcina convocará cuando quiera, es decir agotando la legislatura en 2015, tienen tiempo para hacerlo. Los socialistas mejorarán su imagen dentro y fuera de Navarra, los populares cumplirán una promesa, que no está mal, y los navarros en general dejarán de ser un objetivo accesible a los abertzales, sean cuales sean los pactos y resultados de los comicios. Y además no cuesta ni dinero ni votos, para decirlo de modo que se entienda tanto en Ferraz como en Génova.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 14 de marzo de 2014, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/donde-constitucion-problema-solucion-cambiemosla-134269.html