De falsificar la política (en el PP) a falsificar el pasado (con CiU)

Por Pascual Tamburri Bariain, 9 de mayo de 2014.

Mientras Jesús Laínz explica en qué miente el nacionalismo catalán, Santiago Abascal cuenta por qué él no se rinde al nacionalismo pero parte del PP sí lo hizo. Habrá polémica.

Santiago Abascal y Gonzalo Altozano. No me rindo. Sin miedo contra ETA y frente a la cobardía política. La Esfera de los Libros, Madrid, 2014. 410 p.. 21,90 €.


Jesús Francisco Laínz Fernández. España contra Cataluña. Historia de un fraude. Introducción del autor. Encuentro, Madrid, 2014. 416 p.. 25,00 €. Ebook 9,99 €.

Han hecho decir a Santiago Altozano que el periodismo sería una rama menor de la historia. Aunque suene ocurrente y hasta gracioso, no es demasiado acertado: el periodista cuenta para sus contemporáneos lo que ve, lo que viven, lo que junto a ellos disfruta o padece. No es una ciencia, ni se pretende de sus frutos que duren en el tiempo. El relato histórico, y más cuando va respaldado por la investigación, sí tiene esa perspectiva de futuro. Por eso lo que escribe un periodista y lo que escribe un político (cuando los políticos escribían más de 140 caracteres) están más cerca entre sí que de un libro de historia. Eso mismo hace que los libros de Jesús Laínz y de Santiago Abascal, apareciendo a la vez, sean tan distintos entre sí y en vez de competir sean, en gran medida, complementarios.

La diferencia, con seguridad, es que el libro de Santiago Abascal es coyuntural, aunque sincero, mientras que el libro de Jesús Laínz es permanente. Santiago Abascal es por derecho propio una figura de la política española hoy: paladín del PP en los años más difíciles (y también cuando el PP vasco funcionaba electoralmente), abandonó en 2013 la sigla de sus ilusiones al entender que Mariano Rajoy no estaba respondiendo a su programa y sus valores. Hoy está embarcado en la aventura de Vox, junto a Alejo Vidal-Quadras, y el libro No me rindo que nos ofrece en La Esfera de los Libros en la víspera de la campaña electoral es una explicación para quien no lo conozca de sus razones para haber sido como es y para tomar ahora este rumbo.

Abascal tiene el inmenso acierto de ahorrarnos el enésimo relato del sufrimiento de las víctimas físicas y morales de ETA. Estaremos de acuerdo, al menos sus lectores lo estamos, en que las víctimas merecen un reconocimiento y un resarcimiento, pero no son la razón política central cuando lo que está en debate es si España va a seguir existiendo y si va a tener una derecha política digna de tal nombre en democracia. Por eso Santiago Abascal cuenta, con anécdotas divertidas y otras no tanto, cómo ha sido su vida pública y cuál ha sido su experiencia del PP, o al menos lo que de ella se puede contar a sólo unos meses de su salida, con muchos amigos dentro y a sólo un par de semanas de unas elecciones.

Los Abascal, como muchos vascos y navarros, han resistido a ETA. Muchos otros no pudieron hacerlo y se fueron, y aún más, sencillamente, otros se rindieron: dieron por buena la corrección política nacionalista, su imposición cultural (lingüística, pero también de identidades, de memoria y de proyecto), su educación y sus símbolos, y a cambio se les dejó seguir viviendo en paz. Los muertos no tuvieron esa opción. Los que han resistido tampoco. Como el concejal Herzog demostró hace muy poco, y algunos de sus jefes antes, someterse al ambiente es personalmente más cómodo, aunque políticamente sea un desastre y en votos una hecatombe.

Pero el PP de la familia Abascal, que fue el de Gregorio Ordóñez, el de Jaime Mayor Oreja, el de María San Gil y el de José Antonio Ortega Lara, fue mucho más que eso. También lo fue el PP catalán de Vidal Quadras en 1995, con unos resultados que el hoy ministro del Interior ni se los sueña. Lo que Abascal explica en su libro es que Vox y su visión del futuro no son el resultado de un simple enfado o del recuerdo de quienes murieron sin que hoy se les honre. Once millones de españoles votaron al PP en 2011 para que hiciese una serie de cosas que no hace y no hiciese otras. Durante dos legislaturas en la oposición, Rajoy había tenido el apoyo entusiasta y generoso de millones de personas que no soportaban lo que veían venir. Pero ETA tiene hoy más representación institucional y política que nunca, y España está más en discusión que nunca. Eso no es un problema de crisis ni de gasto: es una cuestión de fondo.

Santiago Abascal ha escrito un buen libro, de gran interés en 2014 para entender el tiempo en que vivimos, el libro de un político profesional, el libro de un promotor de ideas y de soluciones. No será, porque no está pensado para serlo, un libro de valor permanente que nuestros nietos vayan a consultar más que como testimonio de este período extraño y confuso en el que vivimos. No es un libro para entender la identidad de España ni de los vascos; sí es un libro que hay que leer para decidir qué hacer el 24 de mayo, día en el que, además de un partido de fútbol, he oído decir que hay unas elecciones.

Los más españoles de los españoles

El debate abierto por la “consulta soberanista” del nacionalismo catalán ha dado lugar a muchas opiniones, bastantes de ellas expresadas en libros, escritos, análisis e informes. Material todo el, sin casi excepción, que se limita a la coyuntura política que España afronta en 2014 y a sus posibles soluciones o, más bien con frecuencia, parches. Eso hace del libro de Jesús Laínz, que no es la primera vez que estudia a fondo el nacionalismo y en especial el catalán con su historia y argumentos, casi una rareza.

Porque Laínz, en su España contra Cataluña, no se deja llevar por la situación de hoy, ni mucho menos por debates enteramente marginales y engañosos como lo son el de la inclusión o no de Cataluña en la UE, o el de los efectos económicos de la hipotética independencia. Ni el nacionalismo catalán nació como resultado de una casualidad, ni su argumento o su meta de fondo son principalmente económicos. Lo que está en debate en la Cataluña de Mas es qué ha sido Cataluña hasta hoy, cómo y por qué, y qué puede o debe ser en el futuro.

El nacionalismo catalán, usando una versión adaptada –falsificada, diremos los que sí creemos posible la objetividad de los datos- del pasado, lleva cien años explicando no sólo que Cataluña no es España, sino que España es la absoluta y eterna enemiga de Cataluña, de que todos los males vienen de ella. El nacionalismo ha hecho un gran esfuerzo para rescribir la historia, para separar –algo imposible sin mentir- catalanes y españoles, para atribuir a Cataluña una existencia y una identidad que no tuvo. Y algo más: para ocultar o negar que, por el contrario, durante siglos y milenios los antepasados de los catalanes de hoy fueron los más españoles, los primeros entre todos, los mayores promotores y beneficiarios de la unidad política, y antes que eso los más generosos participantes en las empresas comunes de las Españas.

El libro de Jesús Laínz es el libro que deberían tener en su mesilla de noche (si aún leen) todos aquellos que, en la política, en los medios, en las aulas o en la calle quieran dar una respuesta sólida al nacionalismo: no una respuesta volátil y de conveniencia, sino una refutación de sus argumentos históricos, uno por uno, y por ende de su propuesta identitaria. No se combate una división de tanques con un tirachinas, y no se da la respuesta debida al nacionalismo sólo hablando de la política de 2014, y menos aún de la economía, la macroeconomía y la hacienda. Recordaba por aquí hace unos días Ricardo Chamorro que san Juan Pablo IIdescribió perfectamente la diferencia entre nacionalismo y patriotismo en Memoria e Identidad… cuando la identidad se utiliza de forma arrojadiza contra el otro se convierte en nacionalismo“. Santiago Abascal no se rinde. Jesús Laínz nunca se ha rendido. Le puede a usted gustar más o menos lo que dicen o cómo lo dicen, pero no se engañe: cualquier otra respuesta no dejará de ser una forma de rendición ante el independentismo.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 9 de mayo de 2014, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/falsificar-politica-falsificar-pasado–135297.htm