¿Cañete mejor que Valenciano? O cambiar la PAC, o salir de la PAC

Por Pascual Tamburri, 16 de mayo de 2014.

Además de cómodos puestos de parlamentario y de la propaganda de los partidos, España se juega en Bruselas el futuro del campo. Del que todos seguimos comiendo.

Mucho más que al debatir sin pulso con Elena Valenciano, Miguel Ángel Arias Cañete tenía razón cuando fue ministro de José María Aznar: la propuesta Fischler para reformar la Política Agraria Común fue totalmente negativa para España. Luego no vino nada mucho mejor. Aparte de la reducción de dinero europeo en la agricultura española, fueron o están en curso de ser abandonadas unos dos millones de hectáreas de cereal de secano y diez millones de ovejas. En total, tal vez seis mil millones de euros de 2013-14.

La PAC, en la versión oficial y oficialista del español Tomás García-Azcárate, Consejero Económico para los mercados agrarios en la Comisión Europea, “en primer lugar, significó un marco coherente de política agraria que dio visibilidad a los empresarios para poder planificar sus explotaciones pero, sobre todo después del 1 de enero de 1992 (la entrada en vigor del mercado único) supuso la apertura del mercado europeo a nuestras frutas, hortalizas y aceite de oliva“. Qué bien. Pero nunca se dice a qué precio.

Mucha calidad burocrática, mucho hablar de medio ambiente, pero llamamos agricultura sostenible a una que emplea a menos españoles y a más extranjeros, éstos en puestos poco deseables, y la nueva PAC 2014-2020 no tiene mejores visos. Al precio de una dádiva para un sector envejecido, se someten agricultura, pesca y ganadería a los deseos de las grandes multinacionales, y se llama a eso “orientación empresarial”. No sólo Monsanto, por mucho que se hable de ellos.

No es hora de lamentos: hay que proponer alternativas en Europa y hay que replantearse una política agrícola y rural nacional que sustituya o complemente la PAC. Todo el sector agrícola y todo el mundo rural apoyará al ex ministro si defiende los intereses nacionales, y apoyará a cualquier política de cualquier signo que lo haga. No hay distinciones políticas en este frente unido, pues todos los sindicatos y todos los partidos, además de las Cámaras Agrarias –demasiado tiempo postergadas -, mantienen un rechazo al desmontaje del sector primario.

Respecto al futuro, junto a las grandes multinacionales sólo el Círculo de Empresarios ha considerado positivo el paso “a una economía de libre mercado”. El riesgo era y es hacer competir al agricultor español con todos los del mundo, dejando menos de un 1% de agricultores y abandonando la mayor parte del territorio nacional. Los alimentos que Europa dejase de producir se podrían comprar más baratos en Marruecos, por ejemplo. Estupendo.

Pero esto supone olvidar por qué nació la PAC y en qué condiciones se desarrolló. Las subvenciones de la PAC no fueron pedidas por los agricultores, sino que se crearon para compensarles por la pérdida de renta que suponía la competencia libre interior en la UE. Eran además un estímulo a la modernización, una modernización que no se ha hecho sin dolor: por ejemplo, en el País Vasco, región lechera por excelencia, en 1990 había 8682 productores de leche de vaca, en 2003 quedaban 1432, con un 83 % de reducción para los mismos litros producidos y hoy es mejor ni preguntar.

La apertura total a las importaciones exteriores de la UE y reducción de las ayudas hasta su supresión en algunos casos es el futuro que nos proponen a medio plazo. El espacio agrario no se entiende ya como la despensa de Europa sino como futuros terrenos urbanos o futuro parque natural. Buena lógica especulativa, con lamentables avales políticos en los meses y años pasados. Pero quien quiera suprimir la PAC o convertirla en una pensión residual a una legislatura vista tendrá primero que afrontar el coste político y, después, tendrá que volver en buena lógica a la situación anterior a las subvenciones: un mercado nacional para los productos españoles.

España ha experimentado el proceso completo en sus carnes. Gracias a la UE, nuestra frontera meridional está abierta a exportaciones masivas marroquíes. Se calcula que las concesiones agrícolas a Marruecos han supuesto la desaparición de mil empresas agrícolas sólo en la región de Murcia. Si se busca el beneficio macroeconómico y para unas cuantas grandes siglas, se olvida la dimensión social y popular del campo. Tener un candidato como Cañete debería servir para que los intereses de la agricultura española, de la de verdad, estuviesen mejor servidos. Yo ahora espero alguna prueba de que vaya a ser así, ya que ni debatiendo en el día de san Isidro el campo ha sido el centro del debate ni se ha visto una diferencia real entre los dos.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 16 de mayo de 2014, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/canete-mejor-valenciano-cambiar-salir–135448.html