El libro más fresco sobre la historia de los Príncipes, un filón

Por Pascual Tamburri Bariain, 6 de junio de 2014.

Al abdicar la Corona Juan Carlos I todas las cartas vuelven a la baraja. Y La partida que empieza tiene como protagonista, junto al nuevo Rey, a una reina plebeya y unas hermanas postergada.

José Apezarena. Felipe y Letizia. La conquista del trono. Diez intensos años entre el deber, la familia, las dificultades y el amor. La Esfera de los Libros, Madrid, 2014. 616 p.. 23,90 €. Ebook 9.49 €.


Esteban Urreiztieta y Eduardo Inda. La intocable. Cristina, la infanta que llevó la corona al abismo. La Esfera de los Libros, Madrid, 2014. 400 p.. 21,90 €. Ebook 9.49 €.

Cómo va a competir un libro con la información continuamente renovada de la prensa. O cómo va ni siquiera a pretenderlo. Sin embargo, la abdicación de don Juan Carlos de Borbón, antes Juan Carlos I, antes Príncipe de España, ha mostrado tanto la fortaleza como las debilidades inherentes al simple trabajo periodístico. O dicho de otro modo, la necesidad que seguimos teniendo, para informarnos en detalle, a fondo y sin resbalones, de los libros antes que de la red y los medios. Esta semana, memorable de noticias, es también la semana del triunfo editorial de José Apezarena, Esteban Urreiztieta y Eduardo Inda, y con ellos de La Esfera de los Libros. Vamos a ver por qué.

Tras el notición del lunes, el miércoles 4 los aún Príncipes de Asturias presidieron su primer acto público juntos tras la abdicación del Rey en el acto de entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura que se celebra en el Monasterio navarro de Leyre. En la cuna simbólica de la monarquía pamplonesa, una de las raíces de la nación, don Felipe pronunció su primer discurso oficial tras la abdicación para “reiterar públicamente mi empeño y convicción de dedicar todas mis fuerzas con esperanza, con ilusión, a la tarea apasionante de seguir sirviendo a los españoles, a nuestra querida España, una nación, una comunidad social y política que hunde sus raíces en una tradición milenaria”.

Así que el Príncipe se comprometió con el futuro de su puesto de trabajo, que de un modo u otro ha sido de parientes suyos durante bastante más de mil años. Pero lo más notable no era él, veterano en estas lides, ni la satisfacción de los que consiguieron estar allí, sino la dignidad y la finalmente lograda naturalidad de la futura reina, la hoy Princesa de Asturias, Letizia Ortiz Rocasolano.

Ahora allí donde vayan los Príncipes son aclamados; pero no ha sido siempre así, ni durará así sin esfuerzo. En un libro nunca más oportuno apenas salido y pronto agotado, José Apezarena proporciona todo el complejo contexto personal y familiar en el que Felipe y Letizia llegan a la Corona. Antes que una cuestión política, es para ellos una compleja cuestión personal. Uniéndose han roto reglas y costumbres, y dando este paso tendrán que restaurar muchas cosas rotas a lo largo de los últimos años. Son, juntos, el centro de la noticia, y de su acierto depende que la institución continúe o no.

Oportuno como nunca, el periodista José Apezarena publicó Felipe y Letizia. La conquista del trono en el décimo aniversario de la boda de los Príncipes de Asturias y ha acertado a lanzarlo coincidiendo con la abdicación. Lo que hace unos años parecían puntos fuertes de la Corona (la popularidad campechana del rey, su matrimonio con doña Sofía, la contribución de sus hijas y yernos) se han convertido en debilidades, y el matrimonio de los Príncipes, criticado por la personalidad de ella, ha resistido ya diez años. Seguramente hay más cosas que amor –aunque Apezarena es muy delicado en esto- pero ha de haber amor para superar ciertas situaciones.

Doña Letizia llegó a su familia política como una intrusa y en muchos sentidos como una novedad. Desde ahora, porque ha sabido aguantar el tirón, el puesto es suyo, y de ella dependerá conservarlo. Ella no fue educada para ser princesa ni reina en el siglo XXI, pero en realidad tampoco sus cuñadas habían sido preparadas para la nueva realidad social. Don Juan Carlos aprovechó la oportunidad regalada por Francisco Franco para devolver a España la dinastía Borbón, pero la ha puesto después y por varias razones en un brete; su yerno y su hija le han ayudado, y todos ellos dejan la responsabilidad de lo que venga en manos de un Felipe que no sabría ahora reinar sin Letizia.

Una reina Borbón al viejo estilo seguramente no sabría capear a la vez la abdicación de un suegro enfermo e infiel, el enfado de una suegra, el amor ciego de una cuñada por un cuñado procesado y como trasfondo la desconfianza que ella, una plebeya, sigue difusamente generando aquí y allá. Los datos de esa larga batalla hacia el trono, y desde ahora en el trono, son los que pocos medios han ofrecido estos días y sin embargo quien esté interesado los encontrará en el agradable libro de José Apezarena.

La intocable ha quedado tocada

No tan agradable, pero sí igualmente necesario es el de Esteban Urreiztieta y Eduardo Inda sobre la infanta Cristina. Ni los príncipes ni nadie pudieron imaginar hace unos años que estallaría un escándalo tan demoledor como el caso Urdangarín, coincidiendo además con los deslices públicos del rey y la imagen de corrupción de todas las instituciones. Hay que entender además que doña Cristina era, antes de su noviazgo y matrimonio, una hija ejemplar, incluso devota y piadosa, y nadie habría sospechado de ella una implicación en nada así. Pero hay que entender por qué.

Tampoco es cosa de escandalizarse demasiado. Los miembros –y LAS miembros- de la familia Borbón en su rama española han hecho muchas cosas muy poco decorosas en los últimos siglos y justamente por las dos razones que coinciden en esa fase renovada de escándalos: por amores y por negocios. Si uno piensa en la vida íntima de María Cristina de Borbón, a la vez regente y señora de Muñoz, y madre amantísima preocupada por situar bien a sus hijos; o en los vaivenes de la reina Isabel, y los de su hijo, y los de su nieto, y los de alguno de sus biznietos… tampoco es que doña Cristina se salga de la norma familiar.

La verdadera diferencia es que lo que Isabel II podía hacer en el siglo XIX es desastroso en el siglo XXI, y eso hay que entenderlo. Lo mismo puede decirse de las amistades arábigas de don Juan Carlos, a todo esto, y no hay actividad empresarial que disimule una acumulación de errores así.

A doña Cristina se le puede reprochar lo que hizo y lo que no hizo, sin duda, pero no que fuese excepcional, ni mirando al pasado ni mirando a su propia familia de hoy. Si la infanta es procesada, o si se publican los correos comprometedores del rey, no caerá la monarquía, como no ha caído aun sabiéndose que la futura reina –contado por su primo- ha tenido una vida privada escasamente ejemplar en una reina católica; pero quedará debilitada, muy debilitada. Y entre salvar la Corona o salvar a su hija menor, ni el Rey ni el Príncipe han dudado. Ella es vista por muchos, pero no por sí misma, como la primera culpable de lo que sucede.

En el libro de Eduardo Inda y Esteban Urreztieta entendemos mejor cómo es y cómo ha cambiado doña Cristina, y también por qué ella sigue entendiendo que nada esencialmente malo había en Nóos… al fin y al cabo no era la primera vez que ella veía hacer algo así. Pero no había sido en este siglo ni en esta crisis.

No hace falta ser Ernst Kantorowicz para entender que la Monarquía, representación trascendente del Cuerpo del Estado, está por encima de sus partes y de sus representantes circunstanciales. La cuestión es que los Borbones del siglo XXI no han leído ni entendido al gran maestro alemán, y demasiado a menudo han usado la Corona como una propiedad privada, cuando lo era, y es sabido desde la Edad Media, del pueblo español. Ahora veremos si han aprendido la lección. Por de pronto, tienen que gestionar mucho mejor que hasta ahora el previsible enfado no de Cristina, sino de Elena, por el futuro bien de todos.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 6 de junio de 2014, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/libro-fresco-sobre-historia-principes-filon-135830.htm